RESUCITO

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lunes, 15 de febrero de 2016

Camilo Torres Restrepo y el proceso de paz en Colombia



Francois Houtart

Hace 50 años, el 15 de febrero, murió en la guerrilla el sacerdote colombiano Camilo Torres Restrepo. Los eventos contemporáneos deben situarse en una perspectiva histórica, porque en materias sociales y políticas, nada cae del cielo. Son procesos que tienen su génesis. Un actor como Torres juega un papel orientador en la historia de Colombia y vale la pena reflexionar sobre su importancia en la situación actual. Un libro publicado en Quito lo recuerda.

1. El análisis social de Camilo Torres El tema de la tesis de licenciatura que Camilo presentó en la Universidad Católica de Lovaina, fue la estructura de las clases sociales en la ciudad de Bogotá. Utilizó las estadísticas existentes para mostrar que no se trataba solamente de estratos sociales diferentes viviendo en el norte o en el sur de la ciudad, sino de estructuras construidas según una lógica de clases, fruto del sistema económico.

Las conversaciones de paz en La Habana tienen como objetivo poner fin a la lucha armada, lo que es de una vital importancia en la coyuntura actual. Pero no significan el fin de las luchas sociales. La burguesía colombiana ha sido muy hábil en la utilización de todos los procesos históricos para reproducir su hegemonía: la independencia, los partidos conservadores o liberales, la industrialización, la financiarización de la economía, el servicio del imperialismo y hasta el narcotráfico.

Para Camilo, la lucha armada nunca fue un fin en sí mismo, sino una solución de última instancia, frente al fracaso, en el momento histórico que vivía, de los otros medios: diálogo, reformas, vía parlamentaria. El futuro, después de la paz, no será un proceso tranquilo, sino una continuación de las luchas sociales en el campo, en las ciudades y en las zonas indígenas; de las reivindicaciones para los servicios públicos, el acceso a la educación y a la salud, los derechos de la naturaleza, contra las multinacionales y el imperialismo. La lucha de clases no es una ideología, sino un hecho social, y en Colombia ella tiene un aspecto particularmente agudo.

2. La unión de las fuerzas populares El éxito de la acción política de Camilo fue reunir varios sectores de la lucha popular alrededor de un proyecto común, sin abandono de la identidad de cada uno. Fue un proceso difícil, pero no imposible, y ahora es indispensable. Las corrientes que se excluyen mutuamente y a veces se combaten de manera más fuerte que contra el enemigo común, son una debilidad grave de las izquierdas en el mundo y una de las causas mayores de su ineficacia política. La reconstrucción social, después del fin del conflicto armado pedirá un nuevo frente de las fuerzas de izquierda, como condición de un progreso social.

Camilo creía en la necesidad de un liderazgo en la lucha, pero ni exclusivo ni personalista, sino como un servicio dentro de un proceso común. El protagonismo individual no era su filosofía y esta enseñanza es hoy importante para construir la unión.

Su llamamiento fue para una acción de conjunto y no para una unidad alrededor de un partido o de una organización pidiendo a todos los demás ponerse debajo de su propia hegemonía. Un tal proceso exige un desinterés personal e institucional para buscar el bien común, de todos.

3. La ética como orientación fundamental La ética social para Camilo tenía varios aspectos. El primero era la justicia. Era inadmisible que ciertos sectores de la población tengan riquezas considerables, cuando otros vivían en la pobreza. Como no se trata de un problema de naturaleza, sino de construcción social, la exigencia moral de la lucha para la justicia es un elemento medular de su pensamiento y acción. Otro nivel ético es la manera de cumplir con la lucha. La no-violencia era para Camilo un principio de base, porque significaba el respeto a la vida. Solamente en circunstancias bien definidas se puede admitir una resistencia armada de pueblos o de sectores oprimidos: Agotamiento de todos otros medios y posibilidad real de obtención de un resultado, como lo fue, por ejemplo, la Revolución Cubana.

Los medios utilizados en la lucha son también una dimensión de peso. Camilo sabía que no respetar la ética en el curso de la lucha no solo era moralmente inaceptable, sino también contraproducente.

4. La dimensión de fe cristiana Cuando Camilo Torres murió en 1966, la Teología de la Liberación, como disciplina propia, no había nacido. Sin embargo, sus bases ya estaban presentes, es decir, el compromiso de cristianos en las luchas sociales y revolucionarias y otra manera de vivir la fe en comunidades. Él fue uno de estos precursores, inspirado en un primer tiempo por la doctrina social de la Iglesia en su orientación, la más radical: Condena de los abusos y de los excesos del capitalismo como fuente de injusticias. Su búsqueda de los valores del reino de Dios proclamados por Jesús en su sociedad de Palestina, llevó Camilo más allá: Condena del capitalismo en su lógica, lo que es la base de la Teología de la Liberación en su dimensión de ética social.

Es por eso que Camilo se acercó del análisis marxista que permite descubrir los mecanismos de la dominación del capital y de mirar la sociedad con los ojos de los oprimidos, lo que el evangelio nos pide.

Frente a la globalización de la economía mundial bajo el poder del capitalismo de monopolio, frente a la extensión mundial de la extracción minera y de los monocultivos, a la destrucción del patrimonio forestal, a la agresión generalizada contra los pueblos indígenas, a las políticas de austeridad para salvar el sistema financiero, una renovación de la teología de la liberación es más necesaria que nunca y la inspiración de Camilo puede ayudar a los creyentes a redimensionar su fe en esta perspectiva. Estos cuatro ejes son su contribución a la reconstrucción de la sociedad colombiana después de los acuerdos de paz.