MONS. GONZALO LOPEZ M.

MONS. GONZALO LOPEZ M.

lunes, 18 de junio de 2018

Leonardo Boff: La crisis brasileña a la luz de la teoría de caos


Leonardo Boff 

Hace ya bastantes años, científicos provenientes de las ciencias de la vida y del universo comenzaron a trabajar con la categoría del caos. Inicialmente también Einstein participaba de la visión de que el universo era estático y regulado por leyes deterministas. Pero siempre escapaban algunos elementos que no se dejaban encuadrar en este esquema. Para armonizar la teoría, Einstein creó el "principio cosmológico", del que más tarde se arrepentiría mucho, porque no explicaba nada, pero mantenía la teoría estándar del universo lineal inalterado. Con el advenimiento de la nueva cosmología cambió completamente de idea y empezó a entender el mundo como un proceso ininterrumpido de mutación y autocreación.

Todo comenzó con la observación de fenómenos aleatorios, como la formación de las nubes, y particularmente lo que se vino a llamar el «efecto mariposa» (pequeñas modificaciones iniciales, como el revoloteo de las alas de una mariposa en Brasil, puede provocar una tempestad en Nueva York), y la constatación de la creciente complejidad que está en la raíz de la emergencia de formas de vida cada vez más altas (cf. J. Gleick, «Caos: creación de una nueva ciencia», 1989).

El sentido es éste: detrás del caos presente se esconden dimensiones de orden. Y viceversa, detrás del orden se esconden dimensiones de caos. Ilya Progrine (1917-2003), premio Nobel de Química en 1977, estudió particularmente las condiciones que permiten el surgimiento de la vida. Según este gran científico, siempre que exista un sistema abierto, haya una situación de caos (lejos del equilibrio) y esté en vigor una no linealidad, es la conectividad entre las partes que la genera un nuevo orden vital (cf. Order out of Chaos, 1984).

Este proceso conoce bifurcaciones y fluctuaciones. Por eso el orden nunca se da a priori. Depende de varios factores que lo llevan a una dirección o a otra.

Hemos hecho toda esta reflexión sumarísima (requeriría muchas páginas) para ayudarnos a entender mejor la crisis brasileña. Inevitablemente vivimos en una situación de completo caos. Nadie puede decir a dónde vamos. Hay varias bifurcaciones. Cabrá a los actores sociales determinar una bifurcación que no represente la continuidad del pasado que creó el caos. Sabemos que hay oculto dentro de él un orden más alta y mejor. ¿Quién va a desentrañarlo y hacer superar el caos?

Aquí se trata, en mi modo de leer la crisis, de liquidar el perverso legado de la Casa Grande, traducida por el rentismo y por los pocos milmillonarios que controlan gran parte de nuestras finanzas. Éstos son el mayor obstáculo para la superación de la crisis. Antes bien, ellos ganan con ella. No ofrecen ninguna subvención para superarla. Y tienen aliados fuertes, comenzando por el actual ocupante de la Presidencia y parte del Poder Judicial, poco sensible a la cruel injusticia social y a su superación histórica.

Necesitamos constituir un frente amplio de fuerzas progresistas enemigas de la neocolonización del país para desentrañar el nuevo orden, ausente en el caos actual, pero que quiere nacer. Tenemos que hacer ese parto aunque sea doloroso. En caso contrario, continuaremos rehenes y víctimas de aquellos que siempre pensaron corporativamente sólo en sí, de espaldas y –como ahora– contra el pueblo.

El caos nunca es sólo caótico. Es generador de nuevo orden. El universo se originó de un tremendo caos inicial (la gran explosión). La evolución se hizo y se hace para colocar orden en este caos. Debemos imitar el universo y construir un nuevo orden que sea inclusivo de todos, a partir de los últimos.

martes, 12 de junio de 2018

Padre Pedro Pierre: SANTIDAD AL ALCANCE DE TODOS


Padre Pedro Pierre

“¡Estén felices!”, tal podría ser la traducción del título de la última carta pastoral del papa Francisco sobra “La santidad en el mundo actual”. Personalmente resumiría la temática diciendo que “la santidad es hacer felices a los demás, más particularmente a los pobres y necesitados”. La carta del papa está llena de referencia evangélica: eso nos hace bien, porque la Buena Nueva de Jesús tiene también estas características: Podemos ser felices; debemos ser felices porque eso es nuestro destino. Pero tantos enemigos anidan en nosotros y nuestro alrededor que preferimos muchas veces escuchar falsos ‘cantos de sirenas’ y nos dejamos engañar por placeres fáciles, inmediatos, fugitivos y a la final destructores de la verdadera felicidad.

El papa Francisco nos orienta con dos textos fundamentales del mensaje de Jesús: el programa de vida de las ‘Bienaventuranzas’ y la parábola tajante del juicio final. Las Bienaventuranzas que conforman el corazón del mensaje de Jesús, nos dibujan los verdaderos caminos de la felicidad: “¡Fuera de los pobres no hay salvación!” repetía monseñor Romero; “¡la Verdad, Pilato, es estar del lado de los pobres!”… frases que nos describen quién fue Jesús y cuál es el esencial de su mensaje. La fraternidad es el camino de la santidad, comenzando por las y los que más la necesitan. Pero preferimos el individualismo, la indiferencia, la chismografía, el consumismo, el desprecio, el racismo… y la felicidad se nos aleja…

La parábola del juicio final es de las más claras: “He tenido hambre y sed, estuve desnudo y sin casa, enfermo y encarcelado; y me ayudaste o no me ayudaste… porque cada que lo has hecho o no la has hecho, lo estaba haciendo o no lo estaba haciendo conmigo mismo”, o sea, a Jesús. Claro, preferimos desviar el ojo y el oído. Y nuevamente se nos escapa la felicidad.

La santidad, la felicidad o la salvación, sí están al alcance de la mano, si así lo queremos. “¡Estén felices!”… ‘haciendo felices a los demás’, nos repite el papa…

lunes, 4 de junio de 2018

Leonardo Boff: La flecha de la evolución no es el ser humano, sino la Vida


Leonardo Boff

En la comprensión de los grandes cosmólogos que estudian el proceso de la cosmogénesis y de la biogénesis, la culminación de este proceso no se realiza en el ser humano. La gran emergencia es la vida en su inmensa diversidad y aquello que le pertenece esencialmente que es el cuidado. Sin el cuidado necesario ninguna forma de vida subsistirá (cf. Boff, L., El cuidado necesario, 2012).

Es imperioso enfatizar que la culminación del proceso cosmogénico no se concreta en el antropocentrismo, como si el ser humano fuese el centro de todo, y los demás seres sólo tuvieran significado cuando se ordenan a él y a su uso y disfrute. El mayor evento de la evolución es la irrupción de la Vida en todas sus formas, también en la forma humana.

Los biólogos describen las condiciones dentro de las cuales surgió la Vida, a partir de un alto grado de complejidad, y cómo cuando esta complejidad se encuentra fuera de su equilibrio, impera el caos. Pero el caos no es sólo caótico; es también generativo. Genera nuevos órdenes y otras varias complejidades.

Los científicos no saben definir lo que es la Vida. Ella es la emergencia más sorprendente y misteriosa de todo el proceso cosmogénico. La vida humana es un subcapítulo del capítulo de la Vida. Es necesario enfatizar: la centralidad le corresponde a la Vida. A ella se ordena la infraestructura físico-química y ecológica de la evolución, que permite la inmensa biodiversidad, y dentro de ella, la vida humana, consciente, hablante y cuidante.

La vida es entendida aquí como autoorganización de la materia en altísimo grado de interacción con el universo y con todo lo que la rodea. Cosmólogos y biólogos sostienen la vida como la suprema expresión de la “Fuente Originaria de todo ser”, que para nosotros es otro nombre, el más adecuado, para Dios. La Vida no viene de afuera, sino que emerge del núcleo del proceso cosmogónico mismo, al alcanzar un altísimo grado de complejidad.

El premio Nobel de biología, Christian de Duve, llega a afirmar que cuando ocurre tal nivel de complejidad en cualquier lugar del universo, la vida emerge como imperativo cósmico (Polvo vital, 1997). En ese sentido el universo está repleto de vida.

La vida muestra una unidad sagrada en la diversidad de sus manifestaciones, pues todos los seres vivos portan el mismo código genético de base, que son los 20 aminoácidos y las cuatro bases fosfatadas, lo que nos hace a todos los seres vivos parientes unos de otros. Cuidar de la Vida, hacer que se expanda, entrar en comunión y sinergia con toda la cadena de vida y celebrar la Vida: es el sentido de vivir de los seres humanos sobre la Tierra, entendida también como Gaia, superorganismo vivo, y nosotros, los humanos, como la porción de Gaia que siente, piensa, ama, habla y venera.

La centralidad de la Vida implica en concreto asegurar los medios de vida como: alimentación, salud, trabajo, vivienda, seguridad, educación y ocio. Si extendiésemos a toda la humanidad los avances de la tecnociencia ya alcanzados, tendríamos los medios para que todos gozasen de los servicios de calidad a los que solamente sectores privilegiados y opulentos tienen acceso hoy.

Hasta ahora el saber ha sido entendido como poder al servicio de la acumulación de individuos o de grupos que crean desigualdades, por lo tanto, al servicio del sistema imperante, injusto e inhumano. Postulamos un poder al servicio de la Vida y de los cambios necesarios exigidos por ella. ¿Por qué no hacer una moratoria de la investigación y de la invención, a favor de la democratización del saber y de las invenciones ya acumuladas por la civilización, para beneficiar a los millones y millones desposeídos de la humanidad?

Este es el gran desafío para el siglo XXI. O nos autodestruimos, pues hemos construido ya los medios para ello, o empezamos finalmente a crear una sociedad verdaderamente justa y fraternal, junto con toda la Comunidad de la Vida.