RESUCITO

RESUCITO

martes, 10 de mayo de 2016

El incansable constructor de puentes para los pobres, despide a Monseñor Gonzalo López Marañón, el incansable sembrador de fe, alegría y esperanza


"Toni Ruttimann, mejor conocido en el mundo entero como "Tony el Suizo", llego a Sucumbíos con apenas 19 años recién cumplidos. Eran los duros tiempos del terremoto que sacudió esa tierra en 1987. Allí se vinculó a los misioneros de la Iglesia de San Miguel de Sucumbíos - ISAMIS - a Monseñor Gonzalo y desde esa cantera de esperanza comenzó su carrera de "Puentero", que le ha llevado por todos los continentes levantando estructuras con desechos que dejan las empresas, maderas, fibras y todo lo posible. Es un ciudadano del mundo, que lleva vida a los que padecen de abandono. Sus sencillas palabras de buen viaje a nuestro hermano, valen, por quien las dice, más que pompas y ditirambos. Valen la vida vivida con amor, como la vivió Gonzalo". Equipo de la Iglesia de a pie

Querida y recordado hermano,

He recibido la noticia que Gonzalo se ha despedido.

El gran Marañón por fin ha llegado al mar. No - como era de esperar - del lado occidental del Atlántico sino del otro. No en Suramérica sino en África. Empero, el mar es uno, y eso es lo que cuenta.

Al igual que su estadía, se ha merecido la partida de este planeta, donde ha dado tanto. Y lo ha hecho de la mejor manera: de servidor a pata pelada, no de obispo y jerarca.

Si, Gonzalo nos ha ayudado mucho y se ha mantenido fiel a su convicción a través de las tormentas y la soledad. Así su luz brilla por encima de los poderes de la iglesia y las facciones dentro del Vaticano.

Mi camino de puentero ha sido ineludiblemente marcado por la misión de la selva que Gonzalo ha construido desde tan joven. El y su gente de ISAMIS me han recibido desde el primer día en Lago Agrio, me han mostrado el camino a los pobres y a los puentes. Me han dado su ejemplo del amor, me han dado de comer y un lugar para dormir cuando lo necesitaba. Me han curado de malaria y otros males, y en todo ello me han dado su preciosa amistad. Si hoy soy puentero, es en buena parte gracias a ellos y ellas - y por ende gracias a Gonzalo.  

Si se van a su entierro, háganme el favor de poner una rosa blanca en su tumba. En señal de profundo agradecimiento y alta hermandad. 

Mientras tanto, nosotros seguimos.

Abrazo de puentero,
Toni.