RESUCITO

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miércoles, 14 de mayo de 2014

Otra economía es urgente

Pedro Pierre

Las sorpresas de las elecciones de febrero pasado, la posesión de nuevas autoridades así como también la continuación de la crisis en Europa, nos invitan a reflexionar sobre el modelo de economía que nos está ahogando. A este propósito, las afirmaciones del papa Francisco en su carta de noviembre pasado nos invitan no solo a soñar en otra economía, sino a ir viviéndola y exigiéndola de nuestros gobiernos.

De hecho, llaman la atención los 4 ‘no’ que el Papa pone adelante para calificar de ‘tiranía’ el actual modelo económico neoliberal: “No a una economía de la exclusión. No a la nueva idolatría del dinero. No a un dinero que gobierna en vez de servir. No a la inequidad que genera violencia”. Estas críticas frontales ponen el dedo en las llagas del sistema de globalización económica.

Sigamos con las frases más contundentes del Papa. “Hoy todo entra en el juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil… Se considera al ser humano, en sí mismo, como bien de consumo, que se puede usar y luego tirar… Los excluidos no son ‘explotados’, sino desechos, sobrantes… Las terribles desigualdades encuentran su origen en el mercado capitalista y la especulación financiera…”. Creer que la lógica del mercado pueda por sí misma promover la inclusión social “expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante… Para poder sostener un estilo de vida que excluye a otros o para entusiasmarse con ese ideal egoísta, se ha desarrollado la globalización de la indiferencia… La cultura del bienestar nos anestesia… Hemos creado nuevos ídolos.

La adoración del antiguo becerro de oro ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y la dictadura de la economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano… Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esta minoría feliz… Se instaura una tiranía invisible… El actual sistema económico financiero es injusto en su raíz… No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos… La inequidad es la raíz de todos los males sociales…”. Hay que atacar “las causas estructurales de la inequidad…”.

Que estas afirmaciones proféticas nos confirmen en lo que decía Jesús: “No pueden servir a Dios y al dinero”.