RESUCITO

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jueves, 28 de abril de 2016

Francisco: "Ignorar el sufrimiento del hombre significa ignorar a Dios"


José M. Vidal

Lleno hasta la bandera en la audiencia del miércoles. En su catequesis, el Papa Francisco glosa la "bella" parábola del Buen Samaritano, "figura de Cristo". Como Él, tenemos que practicar "la compasión" y la miserocordia" y dejar de ser "espectadores ante tanto sufrimiento" de nuestros hermanos. Porque lo que nos lleva a Dios no son las rubricas, el estudio de la Biblia o la teología, sino el amor y la misericordia.

Vencido el miedo a un eventual atentado, la gente regresa masivamente a los encuentros con el Papa de los pobres, atraída por el Año de la misericordia, a pesar de haberlo descentralizado. Francisco sigue siendo un imán, que disfruta al contacto con su gente. Besa a los niños, bendice sin parar y hace gestos a todos los que vienen a verlo. Algunos de muy lejos, como dos indígenas latinoamericanos, con sus trajes típicos y sus coronas de plumas en la cabeza.

Lectura del Evangelio de Lucas: "En aquel tiempo,un doctor de la ley se levantó y puso a prueba a Jesús preguntándole: 'Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? El le dijo: ¿Quá está escrito en la ley? ¿Que lees en ella? El le respondió: 'Amaras al Señor tu Dios ocn todo tu corazón,con toda tu alma, con toda tu fuerza y con toda tu mente. Y al prójimo como a tí mismo'. El le respondió: 'Has contestado correctamente. Haz esto y tendrás la vida'".

Algunas frases de la catequesis del Papa

"Hoy reflexionamos sobre la parábola del buen Samaritano"

"El fariseo responde perfectamente a la pregunta de Jesús"

"Aquel hombre le plantea otra pregunta a Jesús: ¿Quién es mi prójimo?"

"Quiere una regla clara que le permita classificar a los demás en prójimo y no prójimo"


"Jesús responde con una parábola, la del Buen Samaritano"

"Los dos sacerdotes pasan de largo, tienen prisa, miran el reloj y piensan que quizás tienen que decir misa...no se acercan"

"No es automático que el que frecuenta la casa de Dios y conozca su misericordia sepa amar al prójimo"

"Puedes conocer todas las rúbricas, toda la Biblia y todo la teooogía, pero eso no lleva automáticamente al amor"

"No existe auténtico culto, si no hay servicio al prójimo"

"No podemos permanecer como espectadores ante tanto sufrimiento"

"Ignorar el sufrimiento del hombre significa ignorar a Dios"

"Si no me acerco al que sufro no me acerco a Dios"

"El samaritano, en cambio, tuvo compasión"

"El corazón del samaritano estaba sintonizado con el corazón de Dios"

"La compasión es una característica especial de la misericordia de Dios"

"Dios sufre con nosotros. Compasión, compadecerse con"

"Dios conoce nuestros dolores, se acerca a nosotros y no nos abandona jamás"

"¿Creo que el Señor tiene compasión de mí, tal como soy pecador y con tantos problemas? Pensad en eso. La respuesta es sí. Pero cada cual debe mirar en su corazón si tiene fe en esta compasión de Dios, que se acerca y nos acaricia y, si lo rechazamos, él espera, es paciente, siempre a nuestro lado"

"La compasión no es un sentimiento vago. Significa comprometerse"

"Jesús no clasifica a los demás"

"Serás prójimo del otro, si en tu corazón hay compasión"

"Jesús nos repite: 'Ve y haz tú lo mismo'"

"El Buen Samaritano es figura de Cristo, que se hizo siervo nuestro y así nos ha salvado"


Texto íntegro del saludo del Papa en español

Queridos hermanos y hermanas:

Con la parábola del buen samaritano Jesús nos enseña que para heredar la vida eterna tenemos que amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. El amor cristiano es un amor comprometido que se hace concreto en la vida. En los gestos concretos de misericordia del buen samaritano reconocemos el modo de actuar de Dios, que se ha revelado en la historia por medio de acciones marcadas por la compasión.

Él no ignora nuestros dolores y sabe cuánto necesitamos de su ayuda y de su consuelo, se hace cercano y no nos abandona nunca. El verdadero amor tampoco hace distinciones entre personas, sino que ve a todos como prójimos que necesitan de nuestra ayuda y cercanía. Por lo tanto, si queremos heredar la vida eterna, no podemos ignorar el sufrimiento de los hombres, si lo hiciéramos estaríamos ignorando a Dios.

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Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Acojamos la llamada de Jesús a ser buenos samaritanos y a hacernos siervos los unos de los otros, como Él nos ha enseñado. Muchas gracias.


Texto completo de la catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy reflexionamos sobre la parábola del buen samaritano (Cfr. Lc 10,25-37). Un doctor de la Ley pone a prueba a Jesús con esta pregunta: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?» (v. 25). Jesús le pide dar a él mismo la respuesta, y él lo da perfectamente: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo» (v. 27). Jesús entonces concluye: «obra así y alcanzarás la vida» (v. 28).

Entonces aquel hombre pone otra pregunta, que se hace muy preciosa para nosotros: «¿Y quién es mi prójimo?» (v. 29), y presupone: "¿mis parientes? ¿mis connacionales? ¿Aquellos de mi misma religión?...". En fin, quiere una regla clara que le permita clasificar a los demás en "prójimo" y "no prójimo", en aquellos que pueden convertirse en prójimos y en aquellos que no pueden hacerse prójimos.

Y Jesús responde con una parábola, que pone en escena a un sacerdote, a un levita y un samaritano. Los dos primeros son figuras relacionadas con el culto del templo; el tercero es un judío cismático, considerado como un extranjero, pagano e impuro, es decir el samaritano. En el camino de Jerusalén a Jericó el sacerdote y el levita se encuentran con un hombre moribundo, que los ladrones han asaltado, robado y abandonado. La Ley del Señor en situaciones símiles preveía la obligación de socorrerlo, pero ambos pasan de largo sin detenerse. Tenían prisa. El sacerdote, tal vez, ha mirado el reloj y ha dicho: "pero, llegare tarde a la Misa... Debo decir la Misa". Y el otro ha dicho: "pero, no sé si la Ley me lo permite, porque hay sangre ahí y yo quedare impuro...". Van por otro camino y no se acercan. Y aquí la parábola nos ofrece una primera enseñanza: no es automático que quien frecuenta la casa de Dios y conoce su misericordia sepa amar al prójimo. ¡No es automático! Tú puedes conocer toda la Biblia, tú puedes conocer todas las normas litúrgicas, tú puedes conocer toda la teología, pero del conocer no es automático el amar: el amar tiene otro camino, el amor tiene otro camino. Con inteligencia, pero con algo más... El sacerdote y el levita ven, pero ignoran; miran, pero no proveen. Ni siquiera existe un verdadero culto si ello no se traduce en servicio al prójimo. No lo olvidemos jamás: ante el sufrimiento de tanta gente agotada por el hambre, por la violencia y la injusticia, no podemos permanecer como espectadores. ¡Ignorar el sufrimiento del hombre, ¿qué cosa significa? Significa ignorar a Dios! Si yo no me acerco a aquel hombre, a aquella mujer, a aquel niño, a aquel anciano o aquella anciana que sufre, no me acerco a Dios.

Pero, vayamos al centro de la parábola: el samaritano, es decir, aquel despreciado, aquel sobre quien nadie habría apostado nada, y que de todos modos también él tenía sus deberes y sus cosas por hacer, cuando vio al hombre herido, no pasó de largo como los otros dos, que estaban relacionados con el Templo, sino «lo vio y se conmovió» (v.33). Así dice el Evangelio: "Tuvo compasión", es decir, ¡el corazón, las vísceras, se han conmovido! Esta ahí la diferencia. Los otros dos "vieron", pero sus corazones permanecieron cerrados, fríos. En cambio, el corazón del samaritano era sintonizado con el corazón de Dios. De hecho, la "compasión" es una característica esencial de la misericordia de Dios. Dios tiene compasión de nosotros. ¿Qué cosa quiere decir? Sufre con nosotros, nuestros sufrimientos Él lo siente. Compasión: "compartir con". El verbo indica que las vísceras se mueven y tiemblan a la vista del mal del hombre. Y en los gestos y en las acciones del buen samaritano reconocemos el actuar misericordioso de Dios en toda la historia de la salvación. Es la misma compasión con la cual el Señor viene a encontrar a cada uno de nosotros: Él no nos ignora, conoce nuestros dolores, sabe cuánta necesidad tenemos de ayuda y consolación. Esta cerca y no nos abandona jamás. Pero podemos, cada uno de nosotros, hacernos la pregunta y responder en el corazón: "¿Yo lo creo? ¿Yo creo que el Señor tiene compasión de mí, así como soy, pecador, con tantos problemas y tantas cosas?". Pensar en esto y la respuesta es: "¡Sí!". Pero, cada uno debe mirar en el corazón si tiene la fe en esta compasión de Dios, de Dios bueno que se acerca, nos cura, nos acaricia. Y si nosotros lo rechazamos, Él espera: ¡es paciente! Siempre junto a nosotros.

El samaritano se comporta con verdadera misericordia: venda las heridas de aquel hombre, lo lleva a un albergue, lo cuida personalmente, provee a su asistencia. Todo esto nos enseña que la compasión, el amor, no es un sentimiento vago, sino significa cuidar al otro hasta pagar personalmente. Significa comprometerse cumpliendo todos los pasos necesarios para "acercarse" al otro hasta identificarse con él: «amaras a tu prójimo como a ti mismo». Este es el mandamiento del Señor.

Concluida la parábola, Jesús dirige la pregunta del doctor de la Ley y le pide: «¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?» (v. 36). La respuesta es finalmente inequivocable: «El que tuvo compasión de él» (v. 37). Al inicio de la parábola para el sacerdote y el levita el prójimo era el moribundo; al final el prójimo es el samaritano que ha hecho cercano. Jesús cambia la prospectiva: no clasificar a los demás para ver quién es el prójimo y quién no lo es. Tú puedes hacerte prójimo de quien se encuentra en la necesidad, y lo serás si en tu corazón tienes compasión, es decir, tienes esa capacidad de sufrir con el otro.

¡Esta parábola es un estupendo regalo para todos nosotros, y también un compromiso! A cada uno de nosotros Jesús repite lo que le dijo al doctos de la Ley: «Ve, y procede tú de la misma manera» (v. 37). Estamos todos llamados a recorrer el mismo camino del buen samaritano, que es la figura de Cristo: Jesús se inclinó sobre nosotros, se ha hecho nuestro siervo, y así nos ha salvado, para que también nosotros podamos amarnos como Él nos ha amado, del mismo modo. ¡Gracias!