RESUCITO

RESUCITO

viernes, 29 de abril de 2016

El miedo es lo contrario de la fe



Padre Pedro Pierre

El terremoto permite lanzar muchas noticias. Lastimosamente muchas de ellas no tienen sentido ni son conformes a la verdad y se las repite a saciedad. Otras están inventadas para confundir y sacar provecho. Unos quieren pescar en río revuelto, en particular los politiqueros. Hay también muchas habladurías del necio que se quiere parecer a Superman, pero que no produce más que palabras huecas y mentirosas. El que no hace nada no tiene derecho a criticar. Es tiempo de hacer y hacer organizadamente, porque no hay mal que por bien no venga.

¿No será que los miedos nos quieren ganar la partida? Miedo a hacer, miedo a buscar la verdad, miedo a encontrar sentido a tanta desgracia, miedo a descubrir a un dios que nos exige tomar nuestra vida y la vida de los demás en nuestras manos. Eso fue el ejemplo de Jesús con sus discípulos. Una vez que atravesaban el lago de Tiberíades tuvieron que enfrentar una tempestad. Los discípulos se sintieron perdidos al ver cómo Jesús seguía durmiendo… Al ser despertado les dijo: “¡Hombres de poca fe! ¿Por qué tener miedo?”. Y Jesús hizo que se calmara la tempestad.

Allí tenemos el camino a seguir: el de la fe que se vuelve fraternidad contra todos los miedos, porque, en definitivo, el miedo es lo contrario de la fe. La fe de la que se trata es primero la fe en sí mismo: Dios nos ha dado suficientes capacidades para superar todas las dificultades. La solución de estas dificultades pasa por la unión, la organización y la valentía. Está también la fe en nuestra capacidad colectiva de salir adelante. El miedo proviene de nuestra propia soledad, de nuestro individualismo, de nuestro pesimismo, de nuestra falta de fe en los demás y en nuestra capacidad organizativa.

Hoy nos toca calmar la tempestad que levantó el reciente terremoto, pero es una tarea a realizar mancomunadamente. A cada uno nos toca aportar nuestra parte e insertarnos en una organización. Si no nos organizamos, el individualismo nos va a tumbar mucho más gravemente que el terremoto de Manabí. La organización tiene que venir -y de hecho ha venido- tanto de los afectados como de los que nos solidarizamos con ellos. Felizmente varios poblados ya tenían sus directivas, unas activas y otras dormidas: tuvieron que despertar. Pero, nosotros, ¿estamos organizados?... porque si no estamos organizados, la rutina, la telenovela, la cerveza, el olvido… nos van a ganar la partida. Hay en ese momento un gran movimiento de solidaridad y esto está muy bien. Pero ya nos dicen que la reconstrucción va a durar unos 3 años. ¿Dónde y cómo vamos a estar durante estos 3 años? ¿Activos, solidarios…? ¡Tal vez ni rezando!

Saquemos lecciones de las adversidades. Este terremoto evalúa nuestra fe y nuestra fraternidad: o empezamos a construir la civilización de la solidaridad o nos hundimos en el egoísmo destructor. Los afectados pueden aprender la autogestión, los humanistas y los creyentes vamos a probar la verdad de nuestra fe en el hombre y en la comunidad. Todos vamos a salir engrandecidos en un Ecuador más fraterno. Si así lo queremos.