RESUCITO

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domingo, 17 de abril de 2016

El Papa en el puerto de Lesbos: "Los emigrantes, antes que números son personas, rostros, nombres, historias"


RELIGION DIGITAL

RD.- El papa pidió hoy a Europa a respetar y defender los derechos humanos y entender que los refugiados son, ante todo, seres humanos, y no números. "La preocupación de las instituciones y de la gente, tanto aquí en Grecia como en otros países de Europa, es comprensible y legítima. Sin embargo, no debemos olvidar que los emigrantes, antes que números son personas, son rostros, nombres, historias", dijo Francisco en el puerto de la Mitilene, la capital de la isla griega de Lesbos.

El papa hizo estas declaraciones al reunirse en el puerto con ciudadanos y miembros de la comunidad católica de la isla.

"Europa es la patria de los derechos humanos y cualquiera que ponga pie en suelo europeo debería poder experimentarlo. Así será más consciente de deberlos a su vez respetar y defender. Por desgracia, algunos, entre ellos muchos niños, no han conseguido ni siquiera llegar: han perdido la vida en el mar, víctimas de un viaje inhumano y sometidos a las vejaciones de verdugos infames", añadió.

El sumo pontífice se reafirmó en su "vehemente llamamiento" a la solidaridad y la humanidad frente al drama de los refugiados que, dijo, están viviendo "en unas condiciones críticas, en un clima de ansiedad y de miedo, a veces de desesperación, por las dificultades materiales y la incertidumbre del futuro".

Francisco mostró su "admiración" por el pueblo griego que, a pesar de las graves dificultades que tiene que afrontar, "ha sabido mantener abierto su corazón y sus puertas".

"Muchas personas sencillas han ofrecido lo poco que tenían para compartirlo con los que carecían de todo. Dios recompensará esta generosidad, así como la de otras naciones vecinas, que desde el primer momento han acogido con gran disponibilidad a muchos emigrantes forzados", declaró el papa, quien eligió también la labor de todos los voluntarios y asociaciones que ayudan a los refugiados.

Los habitantes de Lesbos, "demostráis que en estas tierras, cuna de la civilización, sigue latiendo el corazón de una humanidad que sabe reconocer por encima de todo al hermano y a la hermana, una humanidad que quiere construir puentes y rechaza la ilusión de levantar muros con el fin de sentirse más seguros", manifestó Jorge Bergoglio.

El papa volvió a pedir que se luche contra las causas de la emigración y a "oponerse firmemente a la proliferación y al tráfico de armas, y sus tramas a menudo ocultas; hay que dejar sin apoyos a todos los que conciben proyectos de odio y de violencia".

"Por el contrario, se debe promover sin descanso la colaboración entre los países, las organizaciones internacionales y las instituciones humanitarias", añadió.

Francisco expresó su esperanza en que la primera Cumbre Humanitaria Mundial, el próximo mes en Estambul, tenga éxito, convencido de que "juntos se pueden y se deben buscar soluciones dignas del hombre a la compleja cuestión de los refugiados". (RD/Agencias)



Oración del Papa Francisco

Dios de Misericordia,
te pedimos por todos los hombres, mujeres y niños
 que han muerto después de haber dejado su tierra,
buscando una vida mejor.

Aunque muchas de sus tumbas no tienen nombre,
para ti cada uno es conocido, amado y predilecto.

Que jamás los olvidemos,
sino que honremos su sacrificio con obras más que con palabras.

Te confiamos a quienes han realizado este viaje,
afrontando el miedo, la incertidumbre y la humillación,
para alcanzar un lugar de seguridad y de esperanza.

Así como tú no abandonaste a tu Hijo
cuando José y María lo llevaron a un lugar seguro,
muéstrate cercano a estos hijos tuyos
a través de nuestra ternura y protección.

Haz que, con nuestra atención hacia ellos,
promovamos un mundo en el que nadie se vea forzado a dejar su propia casa
y todos puedan vivir en libertad, dignidad y paz.

Dios de misericordia y Padre de todos,
despiértanos del sopor de la indiferencia,
abre nuestros ojos a sus sufrimientos
y líbranos de la insensibilidad, fruto del bienestar mundano
y del encerrarnos en nosotros mismos.

Ilumina a todos, a las naciones, comunidades y a cada uno de nosotros,
para que reconozcamos como nuestros hermanos y hermanas
a quienes llegan a nuestras costas.

Ayúdanos a compartir con ellos las bendiciones
que hemos recibido de tus manos y a reconocer que juntos,
como una única familia humana,
somos todos emigrantes, viajeros de esperanza hacia ti,
que eres nuestra verdadera casa,
allí donde toda lágrima será enjugada,
donde estaremos en la paz y seguros en tu abrazo.