1- ,"Lumen
Gentium" (1964), la gran constitución dogmática sobre
la Iglesia del Concilio Vaticano 11°,se adelanta a definir la identidad
genuinamente eclesial de las comunidades "pequeñas y pobres", que más
tarde muchos episcopados identificarán con las comunidades eclesiales de
base (CEBs - núm. 26):
"Esta Iglesia de Cristo está verdaderamente presente en todas las legítimas reuniones locales de los fieles, que unidas a sus pastores, reciben en el Nuevo Testamento el nombre de iglesias. Ellas son, en su lugar, el Pueblo nuevo, llamado por Dios en el Espíritu Santo y en gran plenitud (cf. 1 Tes 1,5). (...) En estas comunidades, aunque sean frecuentemente pequeñas y pobres o vivan en la dispersión, está presente Cristo, por cuya virtud se congrega la Iglesia una, santa, católica y apostólica. Pues la participación del cuerpo y sangre de Cristo hace que pasemos a ser aquello que recibimos."
"Esta Iglesia de Cristo está verdaderamente presente en todas las legítimas reuniones locales de los fieles, que unidas a sus pastores, reciben en el Nuevo Testamento el nombre de iglesias. Ellas son, en su lugar, el Pueblo nuevo, llamado por Dios en el Espíritu Santo y en gran plenitud (cf. 1 Tes 1,5). (...) En estas comunidades, aunque sean frecuentemente pequeñas y pobres o vivan en la dispersión, está presente Cristo, por cuya virtud se congrega la Iglesia una, santa, católica y apostólica. Pues la participación del cuerpo y sangre de Cristo hace que pasemos a ser aquello que recibimos."
2- El
"Documento de Medellín" (1968), recepción creativa del Concilio
Vaticano 11°para América latina, precisa el lugar y la originalidad de las CEBs
en la raíz de la Iglesia (Pastoral de conjunto, núm. 10 y 11):
"La vivencia de la comunión a que ha sido llamado, debe encontrarla el cristiano en su 'comunidad de base': es decir, una comunidad local o ambiental, que corresponda a la realidad de un grupo homogéneo, y que tenga una dimensión tal que permita el trato personal fraterno entre sus miembros... La comunidad cristiana de base es así el primero y fundamental núcleo eclesial, que debe, en su propio nivel, responsabilizarse de la riqueza y expansión de la fe, como también del culto que es su expresión. Ella es, pues, célula inicial de estructuración eclesial, foco de la evangelización y factor primordial de promoción humana y desarrollo."
"La vivencia de la comunión a que ha sido llamado, debe encontrarla el cristiano en su 'comunidad de base': es decir, una comunidad local o ambiental, que corresponda a la realidad de un grupo homogéneo, y que tenga una dimensión tal que permita el trato personal fraterno entre sus miembros... La comunidad cristiana de base es así el primero y fundamental núcleo eclesial, que debe, en su propio nivel, responsabilizarse de la riqueza y expansión de la fe, como también del culto que es su expresión. Ella es, pues, célula inicial de estructuración eclesial, foco de la evangelización y factor primordial de promoción humana y desarrollo."
3- Pablo
VI, en "Evangelli Nuntiandi" (1975),asume la
originalidad de las CEBs y las define como "esperanza para la
Iglesia universal", a la vez que nos advierte sobre peligros y
desviaciones. Dice en el núm. 58 (fragmento):
"Las
comunidades eclesiales de base serán un lugar de evangelización, en beneficio
de las comunidades más vastas, especialmente de las Iglesias particulares y serán
una esperanza para la Iglesia universal (...) si corresponden a su vocación más
fundamental: escuchando el Evangelio que les es anunciado, y siendo
destinatarias privilegiadas de la evangelización, ellas mismas se convierten
rápidamente en anunciadoras del Evangelio."
4- En el
"Documento de Puebla" (1979) se encuentra el desarrollo teológico
pastoral más extenso y siempre válido sobre las CEBs con relación a la
parroquia y a la Iglesia local (núm. 618-657; puntualmente:
629-630.640-643.648). El núm. 641 dice:
"La
comunidad eclesial de base, como comunidad, integra familias, adultos y
jóvenes, en íntima relación interpersonal de fe. Como eclesial es comunidad de
fe, esperanza y caridad; celebra la Palabra.de Dios y se nutre con la
Eucaristía, culmen de todos los Sacramentos; realiza la Palabra de Dios en la
vida, a través de la solidaridad y compromiso con el mandamiento nuevo del
Señor y hace presente y actuante la misión eclesial y la comunión visible con
los legítimos pastores, a través del servicio de coordinadores aprobados. Es de
base, por estar constituida por pocos miembros, en forma permanente y a manera
de célula de la gran comunidad. "Cuando merecen su título de eclesialidad,
ellas pueden conducir, en fraternal solidaridad, su propia existencia espiritual
y humana." (Evangelli Nuntiandi, 58)."
5- Juan
Pablo 11, en su carta encíclica "Redemptoris Missio" (1990), desde su
magisterio universal, las reconoce como "fuerza evangelizadora" y
"centros de irradiación misionera" (núm. 51, fragmento):
"Estas
comunidades (las CEBs) descentralizan y articulan la comunidad parroquial a la
que permanecen siempre unidas; se enraízan en ambientes populares y rurales,
convirtiéndose en fermento de vida cristiana, de atención a los últimos, de
compromiso en pos de la transformación de la sociedad. En ellas cada cristiano
hace una experiencia comunitaria, gracias a la cual también él se siente un
elemento activo, estimulado a ofrecer su colaboración en las tareas de todos.
De este modo, las mismas comunidades son instrumento de evangelización y de
primer anuncio, así como fuente de nuevos ministerios, a la vez que, animadas
por la caridad de Cristo, ofrecen también una orientación sobre el modo de
superar divisiones, tribalismos y racismos."
6- La V
Conferencia del Episcopado latinoamericano y del Caribe (2007), en su
"Documento conclusivo", reconoce la vigencia de las CEBs y las
relanza para que la parroquia sea "comunidad de
comunidades". Transcribimos los tres párrafos completos (núm.178-180):
"En la
experiencia eclesial de algunas iglesias de América Latina y de El Caribe, las
comunidades eclesiales de base han sido escuelas que han ayudado a formar
cristianos comprometidos con su fe, discípulos y misioneros del Señor, como
testimonia la entrega generosa, hasta derramar su sangre, de tantos miembros
suyos. Ellas recogen la experiencia de las primeras comunidades, como están
descritas en los Hechos de los Apóstoles (cf. Hechos 2, 42-47). Medellín
reconoció en ellas una célula inicial de estructuración eclesial y foco de fe y
evangelización. Puebla constató que las pequeñas comunidades, sobre todo las
comunidades eclesiales de base, permitieron al pueblo acceder a un conocimiento
mayor de la Palabra de Dios, al compromiso social en nombre del Evangelio, al
surgimiento de nuevos servicios laicales y a la educación de la fe de los
adultos, sin embargo, también constató "que no han faltado miembros de
comunidad o comunidades enteras que, atraídas por instituciones puramente
laicas o radicalizadas ideológicamente, fueron perdiendo el sentido
eclesial." (núm. 178).
"Las
comunidades eclesiales de base, en el seguimiento misionero de Jesús, tienen la
Palabra de Dios como fuente de su espiritualidad y la orientación de sus
Pastores como guía que asegura la comunión eclesial. Despliegan su compromiso
evangelizador y misionero entre los más sencillos y alejados, y son expresión
visible de la opción preferencial por los pobres. Son fuente y semilla de
variados servicios y ministerios a favor de la vida en la sociedad y en la
Iglesia.
Manteniéndose
en comunión con su obispo e insertándose al proyecto de pastoral diocesana, las
CEBs se convierten en un signo de vitalidad en la Iglesia particular”.
Estas expresiones del
Magisterio de la Iglesia nos indican la validez de este modelo de Iglesia.
Lamentablemente y cada vez con mayor frecuencia muchos Obispos se han opuesto a
este modelo de Iglesia, han combatido y marginado a las Comunidades.
Por eso es reconfortante
constatar que sí estamos en comunión con la Iglesia de Jesús, y la Iglesia del
Vaticano II y Medellín y Puebla. A pesar de las críticas y de las falsas
acusaciones que se nos hacen. Y queremos seguir en la huella del Maestro.
Entendemos que esa lucha
contra las Comunidades no se ha detenido y hasta las quieren silenciar, por eso
es que cada vez aparecen menos en los documentos oficiales.
La lucha entre la
institución y el carisma es una lucha que no termina. La institución tiene
miedo al carisma, miedo a la libertad, y por eso usa del poder y de la
autoridad para silenciar el Carisma de las Comunidades.
La fidelidad a Jesús y a
su Proyecto del Reino de Dios; la comunión con el Magisterio de la Iglesia que
hemos reseñado arriba nos compromete a seguir trabajando por hacer que nuestra
Iglesia sea realmente Iglesia Comunidad al servicio de los más pobres y
marginados.