RESUCITO

RESUCITO

lunes, 2 de enero de 2017

Quememos los males para que afloren los sueños




Pablo Salgado Jácome

En verdad, el 2016 ha sido un año duro y difícil. Además, complejo, cargado de confrontaciones, muchas de ellas inútiles. Apenas si el terremoto del 16 de abril logró juntarnos como hermanos; todos juntos arrimando el hombro para ayudar a los damnificados de Manabí y Esmeraldas. Compartimos ayuda y se evidenció la solidaridad y generosidad de los ecuatorianos, pero solo duró dos semanas.

Y luego, vuelta a lo mismo. Un año de temores. Un año cargado de dificultades. Con un presidente remando contra corriente para sacar el país a flote, a pesar de no contar con ingresos petroleros que siguen siendo la columna vertebral de nuestro presupuesto. Y con una oposición, ciega y torpe, intentando a toda costa que el país se hunda.

Un año de lucha y de creatividad. De esfuerzos y sacrificios. Un año de dolores. Un año que puso a prueba a un gran número de ecuatorianos. La tenacidad y decisión de los manabitas para, a pesar de que lo perdieron todo, salir adelante fue -es- el mejor ejemplo para todos. Y es, sin duda, lo más destacado del año.

Además, nos demostró que el país está mejor preparado, como nunca, para responder ante los embates de la naturaleza. Pero también para responder ante los golpes externos de la economía global. No quiero ni imaginar lo que hubiera sido enfrentar la recesión con un gobierno neoliberal, en donde solo importa salvar a los poderosos y lucrar de la crisis. Un año cargado de sueños rotos que intentan recomponerse para seguir viviendo. Un año de limitaciones y que, sin embargo, no logró enterrar la esperanza y la convicción para salir adelante y recuperar la alegría. Un año que nos hizo más fuertes y que nos redescubrió hermanos.

El 2016 nos deja un mundo violento, lleno de guerra, dolor y muerte. Un mundo con millones de refugiados y expulsados de sus países, millones a la deriva; sin presente ni futuro. Un mundo del que debemos avergonzarnos. Apenas si el camino hacia la paz en nuestro vecino Colombia nos dibuja una sonrisa llena de fe en un futuro inmediato sin más guerras, ni muerte ni desplazados. Que nada atente contra el camino de la paz y que pronto el ELN también la firme para derrotar, al fin, a los emisarios de la muerte.

El 2017 nos recibirá con nuevas elecciones. El presidente Rafael Correa terminará un período de diez años, en el cual sin duda, es evidente, Ecuador ha cambiado para bien.Un país con nuevas infraestructuras, con acceso a nuevas tecnologías y con una nueva generación abierta al mundo.

Hoy tenemos un país distinto; con menos pobreza y más equidad. Tenemos un país con más acceso a la educación, a la salud, a la seguridad social, a la vivienda. Un país más inclusivo. Pero también -es cierto- un país con una oposición poco inteligente y con un gobierno poco dialogante, impositivo y que no tiende puentes, sino que los dinamita. Solo la distancia apreciará, en su justa medida, los diez años del gobierno del presidente Correa.

Nos corresponde, el próximo 19 de febrero, tomar una nueva decisión en las urnas. Pero no debemos olvidar que no estamos eligiendo tan solo un presidente, sino un modelo de país y de futuro.

A todos los ecuatorianos, y sobre todo a los lectores de esta columna, lo mejor para 2017. Recordemos que un nuevo año es solo una nueva oportunidad para ser mejores; para seguir soñando y cumplir nuestras metas.

Como decía García Márquez: “La vida no es sino una sucesión de oportunidades”. ¡Quememos nuestros males y nuestros miedos para que afloren nuestros nuevos sueños!