RESUCITO

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miércoles, 4 de enero de 2017

“Algo huele a podrido en Jujuy”

“Morales hasta le vació la pileta a los pibes del barrio Tupac Amaru
en un revival de cuando los gorilas de la Libertadora rellenaban de cemento
las piletas de Evita”, afirmó el dirigente de la CTEP Juan Grabois.

Juan Grabois
Abogado y dirigente de la CTEP
Confederación de Trabajadores de la Economía Popular

La cosmovisión gorila goza en estos días de un llamativo reverdecimiento y ha encontrado terreno fértil en el caso Milagro Sala para manifestarse. El indio malo, la mujer fuerte y la muchedumbre alborotada son fobias para el gorila. Es que su cosmovisión se origina en los temores y frustraciones de lo que Jauretche denominaba el medio pelo argentino, una categoría más sociocultural que meramente económica, donde se aprecian muchos elementos del hombre mediocre que describe José Ingenieros.

El indio, la mujer y la muchedumbre eran el territorio que los Señores le habían dado en administración al hombre mediocre. Sin embargo, estos tres emblemas de su dominio se le fueron retobando sucesivamente en la historia. Malones en el desierto, cabecitas en las fuentes, piquetes en los puentes, Evita en los corazones, #NiUnaMenos en las redes. Sin haber sido kirchnerista, tengo la certeza de que si Cristina hubiera sido Cristian bastante menor sería el veneno que destilan contra ella.

La cosmovisión gorila es la supuración de una herida causada por este aluvión zoológico. El gorilismo es por esencia revanchista. Es anti, no es pro ni neo. No es emprendedor, ni elitista ni ilustrado. Quiere vengar una afrenta y poner al otro en su lugar, ubicarlo. Quiere al indio dócil, a la mujer sumisa y a la muchedumbre disciplinada. No tiene ambiciones desmedidas pero exige que la masa respete su posición. Quiere que le traten de usted, le digan doctor, lo miren de abajo, le den las gracias y no invadan su territorio. Así, hasta puede ser civilizado. Bajo presión es cruel.

El PRO no es un partido gorila. Es otra cosa. Algo más ecléctico y sofisticado, más novedoso. Casi ensaya una imitación latinoamericana del modelo civilizacional que promueve la posmodernidad globalizada. En términos toninegrianos, era la transición del Imperialismo al Imperio. El PRO esencial no es territorial ni requiere disciplinadores físicos. Para su desgracia, tiene en su coalición un componente atrasado que lo ancla a la mediocridad vernácula del gorilaje y lo desconecta del gran mundo. Lo necesitaba para ganar las elecciones pero ahora lo lleva como una pesada carga. Son los veteranos funcionarios del gobierno de la Alianza, traumatizados por la rebelión del 20 de diciembre, atormentados con pesadillas de helicópteros y huevazos, con poquitos seguidores en Twitter, enceguecidos por sus frustraciones y resentimientos de caudillos que no pudieron ser.

Viajé a Jujuy para el juicio de Sala y me encontré con alguno de estos ejemplares simiescos en un entorno político digno de una película de Volver. El gorila criollo es una especie que hasta da lástima cuando no tiene poder, pero es realmente dañina cuando sí lo tiene. Son brutales. Es difícil entender cómo Mauricio, que por responsabilidad histórica debería ser mucho más que Macri, los consiente. Morales es uno de los más característicos representantes del caudillo sin carisma ni tropa pero con todas las pulsiones autoritarias imaginables. Como Ministro de Desarrollo Social de la Alianza, fracasó en contener los desbordes previos al 20 de diciembre que precipitaron la caída de su gobierno y participó en su sangriento intento de ahogarlos.

Demócrata mientras le convenga, Morales ha suprimido el Estado de Derecho en Jujuy sin necesidad de declarar el Estado de Sitio como De La Rua. Acomodó impúdicamente a sus más cercanos correligionarios como magistrados del Superior Tribunal de Justicia para disciplinar a toda la familia judicial. Tiene encarpetada a toda la oposición parlamentaria. En fin, asumió la suma del poder público y se ensañó patológicamente con cualquier obra que tuviera la más mínima asociación con Milago Sala. Hasta le vació la pileta a los pibes del barrio Tupac Amaru en un revival de cuando los gorilas de la Libertadora rellenaban de cemento las piletas de Evita.

Morales se regodeó cooptando algunos miembros de la extinta Red de Organizaciones Sociales como el visitador José Antonio de Areche descuartizando a Tupac Amaru en la Plaza de Cuzco. Son los que le garantizaron cierta presencia popular en su flacucho acto por la Paz, esa Paz que Milagro La Terrible había quebrantado con huevazos y piletas. El ejemplo más elocuente de este desmembramiento moralizante es la absorción de José Bejarano en la estructura del gobernador. Bejarano, muy fotogénico con su arma de guerra y auto de alta gama, es ahora alfil de Morales y proveedor de personas para sus actos choriplaneros. Si lo que quería el gobernador es terminar con la violencia y el clientelismo eligió un camino sinuoso.

Algo huele a podrido en Jujuy… cada vez más podrido. Suicidios en las Fuerzas de Seguridad, torturas en los penales, obras públicas saqueadas, narcos invadiendo los barrios que construyeron las organizaciones sociales, violaciones de menores en las piletas abandonadas, represión indiscriminada y varios presos políticos. Esto no puede más que terminar mal para Morales. Habrá que ver cuánto lastiman las navajas del contador jujeño al ingeniero porteño. Habrá que ver si el presidente se deja impregnar del hedor putrefacto del autoritarismo demodé. Lo que está claro es que ese perfume sienta muy mal en los salones cosmopolitas donde Mauricio supo brillar.