RESUCITO

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martes, 17 de enero de 2017

Cardenal Burke vs. Papa Francisco


José María Álvarez

Son imágenes como de novela costumbrista que nos estuvieran hablando de personajes del XIX o de hace varios siglos antes. Me recuerdan al Richelieu de Philippe de Champaigne que aparecía en los libros de texto. Imágenes barrocas, que destilan, además de anacronismo, abundancia, riqueza excesiva.

Vemos al cardenal Burke camino de la celebración de la eucaristía, majestuosamente vestido, luciendo la solemne capa magna, con lacayo para sostenerla por encima del suelo, para que el polvo no llegue a la sed. Seguido luego del correspondiente séquito de servidores que da rango al personaje central. Él sí, compungido, con mirada al suelo y manos beatas. Siguiendo su mirada hemos visto las distinguidas calzas blancas que viste.

Y ya luego dos imágenes más. En la primera, el recuadro sobrepuesto bajo la larga cola de la capa magna, llama la atención la prenda blanca, seguramente de armiño, que abriga su cuello, que uno, que está muy lejos de tan extravagantes personajes, no era capaz de discernir y pensaba si sería muceta o palio especial. Pero no. Parece que es lo propio de la capa magna de invierno, según me informa Internet. Al margen del nombre, es un adorno que pretende dar, además de calor, magnificencia.

En el tercer fotograma observamos al cardenal celebrando la eucaristía. Ha dejado el color escarlata para vestirse de dorado, expresión en sumo grado de riqueza. Y ¿cómo no? enfundadas sus manos en guantes repujados de oro y sublimadas con un anillo donde se incrusta un valioso pedrusco, al menos así lo parece.

A continuación, reproducimos las imágenes del cardenal:




Tres fotogramas que dan la vergonzosa imagen de una Iglesia degradada hasta límites impensables en su contradicción con la figura y la doctrina del Nazareno.

¿Qué tienen que ver todos esos ropajes con aquel Maestro itinerante que caminaba humilde por Palestina hablando con grupos marginados? Nada. ¿Qué tiene que ver una eucaristía, que ellos consideran sobre todo memorial de Jesucristo crucificado, con liturgias adornadas de una riqueza que hiere la sensibilidad de la gente humilde, presidiéndola alguien que se muestra más como un señor feudal que como un hermano que comparte la palabra de Dios y el pan eucarístico? Nada. ¿Qué tiene que ver una Iglesia que aparece envuelta en riqueza con el movimiento cristiano que inicia el Nazareno? Ciertamente, nada.

Son muchas las jerarquías eclesiásticas que alejan a la Iglesia de sus orígenes y de sus fines, que la alejan de Jesucristo. Y al mismo tiempo hacen que mucha gente, sobre todo entre los humildes, se aparte de ella. En esa Iglesia la gente sencilla no se encuentra a gusto. En ella se siente fuera de lugar. Da pena ver a una Iglesia que desfigura tanto al Cristo del que se dice ser sacramento. Estamos ante un verdadero sacrilegio, pues se está profanando la persona de Jesucristo.

Burke y el elegido presidente Donald Trump

Podemos profundizar en el conocimiento de este personaje, el cardenal Burke, máximo líder de la oposición a Francisco, viendo cuál fue su postura ante la victoria electoral del candidato republicano en las últimas elecciones de EE.UU.

Después del triunfo de Trump este cardenal ha dicho que el pueblo estadounidense ha votado sabiamente. Las razones que da para hacer tal afirmación aparecen en la entrevista publicada por el diario conservador italiano Il Giornale: Trump es una persona que entiende de los valores que son de importancia fundamental para los católicos y que está "convencido de que llevará a cabo la defensa de la vida humana desde la concepción... y pondrá en marcha todas las acciones posibles para luchar contra el aborto".

También en la Web conservadora Aci Prensa, Burke aplaude esa elección pues con ella se ve que "el pueblo estadounidense ha despertado a la situación realmente seria en la que el país se encuentra, con respecto al bien común, a los bienes fundamentales que constituyen el bien común, ya sea la protección de la propia vida humana, la integridad del matrimonio y la familia o la libertad religiosa". El cardenal destacó también que Trump "muestra una gran disposición a escuchar a la Iglesia sobre estos asuntos". Nombró para su campaña, alaba Burke, a 30 asesores católicos.

Es típico de los conservadores fundamentalistas centrar su discurso en la defensa de la vida, del matrimonio y de la familia. Defienden la vida desde el mismo instante de su concepción y sin tener en cuenta ningún tipo de circunstancia en que se haya producido. Dejar que la fecundación humana se desarrolle siempre, sin excepción alguna, forma parte de su elenco de verdades fundamentales inviolables.

Pero al mismo tiempo constatamos que poco les importa, o nada, tantos y tantos que mueren en las guerras, o a causa del hambre, o porque no pueden curar ni siquiera las más banales de las enfermedades. No les preocupa la vida de los que mueren debido a que estuvieron sometidos al empobrecimiento, explotados y oprimidos. No les preocupa la pobreza que enferma de muerte y mata a muchísima gente. Todas estas muertes destruyen vidas, matrimonios y familias. Las deportaciones de mexicanos que Donald Trump prometió afectará, y muy mucho, a unas vidas, a unos matrimonios y a unas familias. Es la hipocresía fundamentalista.



Papa Francisco

En lo del vestido aparece rompedor desde el primer momento. Habitualmente cubre la cabeza con el casquete más sencillo. Ha escogido el anillo del pescador en plata dorada en lugar del oro, cruz pectoral de hierro oscurecido. No calza mocasines rojos, sino que sigue con sus habituales zapatos negros. Todo esto se veía venir cuando ya en el primer momento se asoma al balcón sin la muceta roja típica del invierno, ribeteada con pelo blanco de armiño.

Bergoglio ha renunciado al lujoso coche oficial y parte de la escolta, ha cambiado el papamóvil por un ‘jeep' y sigue prefiriendo una habitación en la residencia de Santa Marta al apartamento pontificio del Palacio Apostólico.

Francisco comienza un estilo distinto de ser Papa, el cual refleja una concepción diferente de Iglesia, que quiere que sea pobre y para los pobres. La jerarquía en ella no está para ser servida sino para servir. Descalificó varias veces el "carrerismo eclesiástico" en el que algunos parece que están instalados. Quiere ser Papa siendo obispo de Roma, pastor con olor a oveja porque pisa la calle, las cárceles, los hospitales, los pueblos con problemas... Está cercano a los movimientos populares, a los refugiados, a los inmigrantes, a las víctimas de las guerras...No pegan con su estilo títulos como Sumo Pontífice, Santo Padre...

Estamos ante un Papa renovador, lo que, aun siendo conservador en muchos aspectos, se le puede calificar de progresista. Es, en este sentido, uno de nosotros, pues tiene el mismo deseo de purificación de esta Iglesia tan alejada del mundo de hoy y que por eso mismo aleja de ella a la gente. Ha hecho importantes reformas organizativas y quizás veremos muchas más. Seguro que luego llegará la hora de centrar todos los esfuerzos en hacer una nueva presentación del mensaje cristiano, adaptado al pensamiento científico de hoy y comprensible al fiel normal, para lo cual habrá de abandonar el leguaje filosófico metafísico utilizado para dogmatizar nuestra doctrina.

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¿Cómo verá el Papa a Trump?

Sin duda, al menos con mucha preocupación, si considera algunas manifestaciones ya hechas por el futuro presidente, en neta contradicción con el pensamiento de Francisco.

¿Qué puede pensar el Papa sobre la anunciada expulsión masiva de mexicanos y sobre la promesa de vallar la frontera y ello a cargo del Estado Mexicano? El Papa en repetidas ocasiones está pidiendo acogida para los que por necesidad o por guerra tienen que huir de sus países. Incluso ha sugerido poner a su servicio los conventos vacíos.

En 2012 Trump afirmó que el calentamiento global era "un invento de China" para hacer que EEUU fuera menos competitivo. Dos años después seguía diciendo que el cambio climático era "un fraude". Durante toda la campaña electoral comentó que el calentamiento global tenía un origen natural y no era producto de la actividad humana. Esta postura negacionista la reafirma al nombrar a Scott Pruitt, fiscal general de Oklahoma y notorio escéptico del cambio climático, para dirigir la Agencia de Medio Ambiente.

La postura del Papa Francisco es diametralmente opuesta a la del futuro presidente: "...Si la actual tendencia continúa, este siglo podría ser testigo de cambios climáticos inauditos y de una destrucción sin precedentes de los ecosistemas, con graves consecuencias para todos nosotros. El crecimiento del nivel del mar, por ejemplo, puede crear situaciones de extrema gravedad si se tiene en cuenta que la cuarta parte de la población mundial vive junto al mar o muy cerca de él, y la mayor parte de las mega ciudades están situadas en zonas costeras" (Laudato Si', nº 24). El cambio climático es un problema global con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas, y plantea uno de los principales desafíos actuales para la humanidad..." (Idem, nº 25).

Papa Francisco-cardenal Burke

Dos personalidades bien distintas, con dos modos diferentes de entender cómo ha de ser la Iglesia. Hoy por hoy, felizmente, en la "barca de Pedro" está al timón un obispo de Roma que quiere reconducirla por la dirección marcada por el espíritu renovador del ya viejo concilio Vaticano II.

Los embates para cambiar la dirección son constantes, pero la decisión de las manos que marcan el rumbo es firme. Pero todos tenemos que arrimar un poco el hombro, al menos haciendo ver que en la Iglesia somos muchos los que estamos con el Papa Francisco. A su lado nos sentimos estar en el camino del evangelio de Jesús.

El cardenal Burke encarna una postura conservadora radical que está demostrado ser letal para la Iglesia, como lo demuestran las estadísticas y podemos ver con nuestros propios ojos cuando participamos en las eucaristías parroquiales, donde se percibe de manera notable la ausencia de jóvenes. Las Jornadas Mundiales de la Juventud no reflejan la realidad cotidiana. Los conservadores a ultranza no acaban de entender que la renovación de la Iglesia es cuestión de vida o muerte para ella. No son suficientes pequeños retoques, son necesarios cambios profundos en todos sus frentes.

No se trata de acabar con la Iglesia sino dar vida a lo que está muerto, que no es el mensaje, siempre válido y que hay que conservar, sino el ropaje con el que es presentado.

José María Álvarez es miembro del Foro Gaspar García Laviana.