RESUCITO

RESUCITO

jueves, 3 de marzo de 2016

Sin organización no hay cambio



Padre Pedro Pierre

Todos queremos cambiar hacia una vida mejor: crecer, pero olvidamos que solamente juntos podemos crecer exitosamente. En estos momentos la derecha tradicional nos está metiendo en la cabeza que la crisis es culpa del Gobierno, cuando es la misma derecha internacional la que la provoca.

En 9 años, sí, Ecuador ha cambiado, y mucho, igual que otros países latinoamericanos. Para parar estos cambios la derecha internacional, es decir, los grandes banqueros, los dueños de las multinacionales, los organizadores del comercio internacional, las empresas extractivistas… -los que se reunieron en Davos, Suiza- organizaron la guerra económica, o sea, la crisis actual a partir de la baja del precio del petróleo.

Si decimos que se perdieron los grandes ejes de la Revolución Ciudadana, si decimos que hay muchas leyes que no sirven al pueblo, es porque hemos dejado al Gobierno resolver solo nuestros problemas: si los problemas son nuestros, nos toca a nosotros resolverlos junto con el Gobierno. El pueblo desorganizado será castigado: eso lo que está pasando. Nosotros nos hemos hecho cómplices de la crisis que denunciamos, por desorganizados, inconscientes, pasivos, esperando milagros inalcanzables por irreales. Mientras estemos desorganizados, no habrá cambios; más bien se profundizará la famosa crisis, porque la apañamos nosotros mismos en vez de combatirla.

¿Dónde están los caminos de esperanza?... porque siempre los hay. El primer paso es organizar nuestra cabeza: ¿quién soy y de dónde vengo? ¿Cuál es mi identidad? Es decir, aceptarnos. La cuarta o quinta parte de los ecuatorianos tiene raíces indígenas: mientras no se asuman estas raíces no habrá cambios. Esa es la primera conversión que hay que hacer, para poder caminar a dónde queremos ir: un futuro mejor.

Otro paso es ser una familia organizada, porque es en familia donde se marca el camino de toda una vida. Allí, la meta es que todos participemos en todas las tareas, según su capacidad; pues las tareas son de todos. Desde muy pequeños hay que aprender a participar, por ejemplo, con el arreglo del cuarto y el aseo de la casa. Por desorganización familiar, muchos varones no saben ni freír un huevo, peor planchar una corbata. Sin base familiar organizada, pasamos a ser presas fáciles de la propaganda televisiva, la moda, las conveniencias, la superficialidad… o sea, una vida sin rumbo o más bien una vida cuyo rumbo lo fijan otros, menos nosotros.

Jesús ha venido para ponernos de pie mediante el reino: el reino es primero dignidad personal mediante la identidad, el reino es organización o sea comunidad, el reino es aprendizaje de la convivencia ciudadana, el reino es participación a todos los niveles, el reino es organización tal como nos habla el último libro de la Biblia, el Apocalipsis: “Vi un pueblo inmenso… (y no una masa sin rumbo)… donde ya no hay duelo, ni gemidos, ni muerte, porque Dios es ‘Dios-con-ellos’”. ¿Eso es lo que estamos construyendo para dar sentido a nuestra vida, para agradar a Dios? Sin organización no hay cambio. Así es.