MONS. GONZALO LOPEZ M.

MONS. GONZALO LOPEZ M.

jueves, 19 de febrero de 2015

Miércoles de Ceniza

 
Pedro Pierre

El mundo está cambiando y seguirá cambiando; y esto está bien, porque la Creación no está terminada: continúa a través de nosotros. El mundo cambia y la Iglesia católica también: el mejor ejemplo es el papa Francisco, que se vale de la pujanza de la experiencia de las iglesias cristianas de América Latina comprometidas con los pobres. Hace 50 años el Concilio Vaticano 2° en Roma había abierto las puertas a lo mejor de la modernidad y había puesto los cimientos doctrinales para orientar estos cambios: quería una Iglesia más seguidora de Jesús y más servicial de la liberación.

Muchas cosas en la Iglesia católica tienen que cambiar, pero no de cualquier manera. El Miércoles de Ceniza es un ejemplo: no tiene sus raíces en el ministerio de Jesús ni en la práctica de las primeras comunidades cristianas. Tiene un sentido negativo: “Recuerda que eres polvo y que al polvo volverás”… como que si fuéramos solo material desechable. Es bueno de vez en cuando recordarnos que, por meternos solo en cosas mortales, resultará que hasta nuestro recuerdo se perderá. La experiencia de Jesús nos manifiesta que nuestra muerte puede transformarse en resurrección si nuestra vida ha sido un servicio a los demás. Monseñor Romero, que se reconocerá oficialmente santo en los meses venideros, lo decía: “Si me matan resucitaré en el pueblo salvadoreño”. No venimos del polvo sino de la vida que se va perfeccionando sin cesar: para esto existimos.

Sí, hay que cambiar esta celebración del Miércoles de Ceniza. Pero sabemos que solo se cambia lo que se sustituye. Es fácil reírnos de las tradiciones pasadas con las que vivieron y por las que aprendieron a luchar nuestras abuelas y abuelos. Por estas devociones religiosas, buscaban conservar el sentido de la comunidad, del compartir, de la honestidad, de la participación, de la entrega hasta el don de la vida. No perdamos tiempo en condenar ritos del pasado; construyamos un presente mejor a partir de los valores que nos dejaron, porque parece que al dejar tradiciones y creencias dejamos también los valores que las acompañaban. Hoy los ricos son cada vez más ricos, y los pobres más numerosos y más pobres. Se quería que la Segunda Guerra Mundial fuera la última y los países de Europa y Estados Unidos que proclamaron el deber de la paz y los derechos humanos son los primeros en crear nuevos conflictos en varios continentes y en la misma Europa.

¿Cuál es el mundo que construimos nosotros y sobre qué valores? Los valores de nuestros antepasados siguen válidos: la comunidad, el compartir, la honestidad, la participación, la entrega hasta el don de la vida. Creamos nuevas expresiones, nuevas celebraciones, nuevos espacios de fraternidad y de justicia. Si no, ¿qué quedará de nosotros? Ni polvo, ni Miércoles de Ceniza ni recuerdo siquiera de que hayamos existido. ¿A qué huelen nuestras iglesias: a ovejas y a pobres o solo a incienso y ceniza? ¿A qué huelen nuestras casas: a dignidad y valentía o solo a televisión basura y comida chatarra?