RESUCITO

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miércoles, 19 de febrero de 2014

San Valentín y el amor

Pedro Pierre


 ¡Cuánta locura y cuánta felicidad alcanzamos por el amor! Pero también cuánta paciencia para construirlo.

En un primer tiempo, digamos lo que el amor no es. El amor no es la atracción, esa emoción que despierta en nosotros la persona que nos gusta. Estamos hechos para relacionarnos y ciertas relaciones son más agradables que otras. Pero es solo el comienzo de un camino: el camino de la amistad, el camino de un proyecto colectivo no expresado todavía.

El amor no es la ilusión. De ella puede nacer el amor… cuando interviene el deseo de entrega. Nace la ilusión del amor; pero no es el amor. El amor no es el sexo. El cuerpo tiene sus derechos, sus inclinaciones. Quiere que la relación sea cada vez más íntima… más que el placer de estar juntos, más que los besos, más que las caricias. Muchas veces cuando se llega a la relación sexual, hay mucha decepción y frustración: es que se han saltado etapas. O bien se puede uno quedar en el placer efímero o en la adicción al sexo sin amor.

Entonces, ¿qué es el amor?, ¿cómo es este misterioso amor? Es un proyecto de vida. Para anidar en nosotros y aportarnos felicidad, el amor necesita varios ingredientes. Necesita la verdad expresada: hay que decirse que estamos comenzando un proyecto de vida juntos para no engañarnos ni engañar al otro.

El amor necesita estabilidad para echar raíces y quedarse: hay que decirse que emprendemos un proceso duradero para que dé realidad y seguridad al amor.

El amor necesita un contrato comunicado: hay que decirse que nos queremos amar de verdad, que vamos a programar una vida común, unas vidas a nacer, un reconocimiento jurídico, una celebración con la familia y los amigos, una bendición religiosa…

Todo esto forma el nido donde puede habitar el amor, que es el anhelo más profundo de todo ser humano. No nos precipitemos: el amor es como la flor que necesita tiempo para abrirse y regar su aroma. No nos engañemos: el engaño es como la helada que quema las plantas en crecimiento.

No dejemos el diálogo para mañana porque el amor se construye con palabras y se destruye con el silencio. El amor es decidir amar al otro sin condiciones y de común acuerdo.

Así comienza en la Biblia el Cantar de los cantares, ese himno al amor físico: “¡Que me bese con los besos de su boca… Llévame a tu habitación para que nos alegremos y regocijamos, y celebremos, no el vino, sino tus caricias… Mi amado es para mí bolsita de mirra cuando reposa entre mis pechos… ¡porque el amor es más fuerte que la muerte!”.