RESUCITO

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jueves, 25 de agosto de 2016

Proaño secuestrado...



Padre Pedro Pierre

Es lo que quisieran muchos eclesiásticos ecuatorianos y otros tantos ‘ricachones’ de nuestro país: secuestrar y desaparecer a monseñor Leonidas Proaño. Ejemplo: la reciente desaparición de la catedral de Riobamba del Mural de los Mártires de América Latina ofrecido a monseñor Proaño por el pintor argentino y premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel.

Monseñor Julio Padilla, actual obispo de Riobamba, con un comunicado, quiso poner fin a la polémica: “La Curia Diocesana toma la decisión de que el Mural de los Pueblos Latinoamericanos permanezca en la catedral”. De hecho, Adolfo Pérez Esquivel le había escrito una larga carta en la que expresaba su sorpresa ante dicha desaparición, el sentido eclesial latinoamericano del mural y la importancia simbólica de su ubicación en la catedral de Riobamba. Varias revistas e informaciones nacionales e internacionales se han hecho eco de esta desafortunada iniciativa. Hasta en la misma Riobamba hubo manifestaciones públicas.

Otro ejemplo de hace 40 años: el apresamiento por parte de la junta militar al poder en ese entonces de monseñor Proaño con más de 30 obispos latinoamericanos reunidos en Riobamba. Este escándalo internacional se dio, según lo escribió monseñor Agustín Bravo, vicario episcopal de monseñor, sobre recomendación de las más altas autoridades eclesiásticas de Ecuador. Estos obispos, sacerdotes, religiosas y seglares se habían reunido para compartir sus experiencias pastorales después de las orientaciones puestas en marcha después de la reunión de los obispos del subcontinente en Medellín, Colombia, en 1968. Monseñor Proaño escribió la memoria de este suceso en su libro El Evangelio subversivo.

Otro secuestro frustrado ocurrió poco después de que monseñor había llegado como obispo a Riobamba. Comenzó su trabajo pastoral visitando todas las parroquias de la diócesis. Quedó estupefacto por la miseria y la esclavitud en las que se mantenía a la inmensa mayoría de los indígenas. Al terminar estas visitas que se prolongaron durante varios meses, las autoridades civiles y los gamonales de la ciudad quisieron ofrecerle un banquete relevante en una hacienda famosa. Monseñor se negó rotundamente a participar aduciendo que lo haría cuando tanto indígenas como mestizos estuvieran sentados en la misma mesa. Así escapó al secuestro, pudiendo de esta manera dedicarse preferentemente a la evangelización liberadora y a la organización de los indígenas.

Estos secuestros demuestran las opciones en nuestra Iglesia: la opción de unos por los ricos, o sea, la de los secuestradores, y la opción por los pobres, o sea, la de Jesús. Ayer como hoy se quiere borrar la memoria de monseñor Proaño, el recuerdo de los mártires de América Latina, el protagonismo de los indígenas, la fuerza de los pobres, una Iglesia con rostro latinoamericano. Ya Jesús advertía a sus seguidores: “¡Felices ustedes, cuando por causa mía los insulten, los persigan y les levanten toda clase de calumnias!”. Monseñor Proaño y la Iglesia de los Pobres se quedan para largo porque tienen la fuerza del Evangelio.