RESUCITO

RESUCITO

jueves, 4 de agosto de 2016

Esperanza tenaz



Padre Pedro Pierre

Es el gran mensaje que nos deja el papa Francisco de su viaje en Polonia por las Jornadas Mundiales de la Juventud. No deja de llamar la atención este mar de jóvenes entusiastas. Las y los entrevistados mostraron a la vez su preocupación por un mundo dominado por el dinero y la violencia, como también por su esperanza de aportar su parte a la construcción de más justicia y paz.

El Papa confirmó este camino con sus palabras siempre fuertes y animadoras. En su visita en el campo de exterminación nazi recordó la terrible realidad de la muerte programada de millones de personas inocentes. No dejó de condenar las plagas de las guerras, en particular en Medio Oriente y del hambre en África, que lleva a centenares de miles de personas a emigrar: miles y miles de ellas hace del mar Mediterráneo un inmenso cementerio de vida sacrificada. En su visita a nuestra Señora de Czestochowa llamó a hacer de nuestra devoción mariana un motivo de alegría y de compromiso al servicio de los más golpeados por la existencia. Invitó a los cristianos polacos a hacer de su tradición católica una fuerza para enfrentar los retos del mundo actual. El papa Francisco pidió al millón de jóvenes que lo recibieron en el parque de la capital polaca, Cracovia, lanzarse a “la aventura de la misericordia”, una aventura que permite “construir puentes y destruir muros, socorrer al pobre, al que se siente solo y abandonado, al que no encuentra un sentido a su vida”.

Estas Jornadas Mundiales quedan no solo como un recuerdo feliz, sino como un compromiso para los jóvenes y todos los católicos en favor de una vida más humana y cristiana. El Papa quiso encender la llama de la esperanza que nos dice que es posible derribar montañas de odio y de injusticias: Jesús no es solo un héroe del pasado, sino un compañero de vida y de lucha que se suma a todas y todos los que construyen el reino de fraternidad por el que vivió, murió y resucitó. Todos podemos y debemos aportar nuestro granito de arena en esta construcción denunciando los falsos ídolos del consumismo desenfrenado, de las drogas destructoras, de la comunicación tecnológica superficial, de la violencia que trae más y más violencia. “La ambición del dinero es la raíz de todos los males”, advertía san Pablo a su discípulo Timoteo.

El lema papal que fue aclamado por este millón de jóvenes de “construir puentes y derribar muros” queda como un desafío para todas y todos nosotros. Muros del individualismo y del miedo a amar, muros del quemeimportismo y de la soberbia, muros de la mediocridad y el encierro en una espiritualidad indiferente a los gritos por una vida decente… Puentes para unir les manos al servicio de la paz, del encuentro hermanado, del respeto a la naturaleza atropellada, de la esperanza tenaz en medio de las peores dificultades…

“Es lindo y me conforta el corazón verlos tan revoltosos. La Iglesia hoy los mira y quiere aprender de ustedes, para renovar su confianza en que la Misericordia del Padre tiene rostro siempre joven y no deja de invitarnos a ser parte de su Reino”.