RESUCITO

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miércoles, 3 de agosto de 2016

Carta a Lionel Messi


José Ignacio González Faus

No puedo comenzar sin una felicitación efusiva por tu calidad balompédica. Quizá seas el mejor futbolista del mundo. Y quien te escribe ha sido un admirador del fútbol por su mezcla de habilidad, inteligencia, velocidad, decisión rápida, compañerismo…

Pero lo decisivo en nuestras vidas humanas no es ser bueno o admirable “en algo”, sino serlo en nuestra condición de personas: un buen futbolista, buen escultor, buen actor…, si no son además buenas personas, estarán siempre por debajo de cualquier hombre verdaderamente bondadoso que no destaque en nada: pues vale mucho más lo que tenemos dentro del corazón que lo que tenemos en la punta de los pies.

Esto lo olvida nuestra cultura y, por eso, quiero comenzar por ahí: no voy a hablar de tu calidad futbolística sino de la calidad humana de muchos de vosotros, figuras a las que nuestra sociedad convierte en ídolos y modelos.

Con esto no quiero decir que no tú seas buena persona; al revés: si te escribo es porque lo pareces. Pero eso exige que te sientas obligado a mirar en qué contexto vives. España es uno de los países con más injusticia social de la UE, y el segundo tras Rumanía en diferencias entre ricos y pobres. Y bien: tú ganas demasiado. Escandalosamente demasiado. Sólo eso ya es inmoral en sí mismo; y no te lo podemos perdonar, como el que paga lo que sea con tal de tener su droga: porque entonces tu ser “buen futbolista” estaría contribuyendo a que todos fuésemos “malas personas”.

Vives en un sistema corrupto y podrido donde impera el dinero, y donde el deporte es un sostén de esa tiranía: evasiones de impuestos, recalificaciones de terrenos en torno a los campos de fútbol, intermediarios que fuerzan a subir contratos, quitar a los clubs sencillos cualquier jugador que despunta, aunque sea sólo para pudrirlo luego en el banquillo… Vosotros no podéis creeros ajenos a eso, por bello que sea el fútbol: porque equivaldrá a ser cómplices de toda esa podredumbre.

Hace poco me enternecí viendo la foto de un niño de Bangladesh, sonriente y feliz porque llevaba una camiseta tuya. Pero la sonrisa de aquel niño no llegará mucho más allá de la foto. Antes que una camiseta tuya, ese niño necesita alimentarse bien, buena educación, un mínimo de seguridad sanitaria y no tener que trabajar como esclavo: porque, desgraciadamente, en esta tierra cruel hay otra vida más allá de las fotos. Y además, medio mundo adulto se está quedando tan infantil como aquel renacuajo de la foto de Bangladesh y sonríe feliz no ya por tu camiseta sino por tus goles.

Comprenderás ahora que no me estoy dirigiendo sólo a ti, sino a todas las estrellas del fútbol representadas en ti: por bien que juguéis, no podéis vivir al margen de cómo va este mundo espantoso, no podéis convertiros en la droga o la “pastilla azul” que tomaban los ciudadanos en la película “Matrix”, para ver el mundo distinto de como es en realidad, dejando de percibir las injusticias, las crueldades y lágrimas que pueblan esta tierra nuestra.

Cuando después de cada gol te santiguas, yo me pregunto si ese santiguarse no resulta más blasfemo que aquel estúpido Padrenuestro de la señora Dolors Miquel: porque lo que tú haces tras cada gol es la señal de un Crucificado que recapitula todos los crucificados de la tierra. Y no parece que tu gesto vaya a servir mucho a esos crucificados.

Oí decir que tu compañero Suárez proviene de una de las villas-miseria de Montevideo. Y me pregunto qué pasaría si su asombrosa sensibilidad para el gol, fuese también una sensibilidad igual hacia los que debieron ser sus compañeros de infancia en uno de esos miserables “asentamientos” de la capital uruguaya.

Me preguntarás quizá qué tienes que hacer; y te vas a sorprender si te digo que no lo sé. Sólo quisiera que te convenzas de la verdad de lo que te he dicho: pues si todos vosotros estuvierais convencidos de ello, a la larga encontraríais caminos entre todos.

Hace poco cuajó en Brasil un movimiento religioso entre futbolistas, que se proponían no ser nunca violentos, no insultar, no responder nunca a agresión con agresión. Creo recordar que Donato era uno de ellos y se le notaba. Y se agradecía. Aunque me temo que fue sólo una ola fugaz y no acabó de redimir al fútbol de la violencia física, lo cito como ejemplo de que si todas las estrellas del fútbol (futbolistas y entrenadores) os unierais en este punto, ya surgirían cosas que hacer en respuesta a tu pregunta.

Si no, déjame decirte que todos vosotros contribuís a fortificar esa imagen de nuestra humanidad que diseñó hace tiempo Imanol Zubero: nos vamos pareciendo a aquellas gentes que bailaban despreocupadas y tranquilas sobre la cubierta del Titanic. Supongo que ya sabes cómo terminó la historia...

PD. Escribí esta carta antes de tu juicio y la envié a la prensa donde suelo publicar; pero me han dicho que en estos dos meses no me publicarán nada porque quieren recortar páginas. Pero una prueba de lo que te digo en la carta puede ser tu respuesta en el juicio: “yo sólo me dedicaba a jugar al futbol, sin saber lo que firmaba”.

No, querido Lionel: ésa podrá ser respuesta de un futbolista, pero no lo es de una persona de talla. Y me niego por eso a decir “todos somos Messi”, sin entender cómo el Barça ha podido montar una campaña así. Porque equivale a decir: “todos somos irresponsables”.

Déjame decirte incluso que no me habría molestado si te hubiese caído una temporadita breve de cárcel: pongamos dos meses. Porque allí habrías tenido unas experiencias que te habrían exigido y enriquecido más que diez entrenamientos con Luis Enrique. Y además, habrías podido leer estas palabras de Eduardo Galeano, otro forofo del fútbol, en un libro de hace unos veinte años, titulado: El fútbol a sol y sombra:

A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí. En este mundo de fin de siglo, el fútbol profesional condena lo que es inútil. Y es inútil lo que no es rentable.