RESUCITO

RESUCITO

viernes, 10 de junio de 2016

La solidaridad es la ternura de los pueblos



Padre Pedro Pierre

Las consecuencias del terremoto en Manabí y Esmeraldas, lastimosamente, van para largo. Las familias se quedan con unos 700 muertos y cerca de 30.000 personas sobreviven en carpas hasta que se reconstruyan sus casas. Se prevé que la rehabilitación completa de estas dos provincias podría durar 3 años… Mientras tanto, no podemos olvidarnos de ellos y relegar la solidaridad y la reconstrucción solo al Gobierno Nacional. Además, la solidaridad no puede ser solo material y financiera: debe manifestarse también como cercanía y afección. El abrazo y la compañía deben acompañar el compartir material. Creo que hasta ahora muchas muestras se han hecho realidad por todo el país. No podemos permitir que el olvido y la soledad se adueñen de nuestras mentes y nuestros corazones. Los que nos decimos cristianos tenemos una particular responsabilidad en este sentido: ‘El árbol se conoce por su fruto’.

Para mantener vivo este compartir, solidaridad y efectividad, las Comunidades Eclesiales de Base de Guayaquil (CEB) proponen una campaña solidaria de los sectores populares. ¿Estaríamos exentos de compartir solidariamente? Las CEB proponemos una campaña nacional para los que no ganan menos de 1.000 dólares mensuales. Según cálculos aproximativos, serían unos 5 millones de personas que ganan menos de 1.000 dólares mensuales. Si damos entre todos un promedio de 20 dólares -unos más y otros menos-, ¡solo con una primera entrega logramos reunir 100 millones de dólares!... lo que no es poco, a pesar de que no nos cueste mucho.

El detalle de esta campaña popular de solidaridad es el siguiente, en su sencillez. Las CEB de Guayaquil apelan a la buena voluntad y generosidad natural: los pobres somos los que más compartimos. Se trata de dar voluntariamente de lo que ganamos un día de todo este año 2016 (por supuesto no está prohibido repetir la donación si así nos lo sugiere nuestra conciencia). El destino de estas donaciones es, por una parte, los damnificados y, por otra, la reconstrucción de Manabí y Esmeraldas. Haciendo confianza al Gobierno que está invirtiendo las dos terceras partes de los gastos de ayuda y reconstrucción, entregamos este dinero al MIES (Ministerio de Inclusión Económica y Social) en la siguiente cuenta de ahorro del Banco del Pacífico # 7558325, código 19049. Así de sencillo.

¿Sabremos escuchar la voz y sentir el dolor, la soledad, la impotencia y la desesperación de nuestros hermanos damnificados? ¿Sabremos oír la voz de Dios en nuestra conciencia?, que nos dice: “He tenido sed, he tenido hambre, estaba desnudo, enfermo… Y no me has ayudado… porque cuando no lo hiciste con ningún necesitado, conmigo tampoco lo hiciste”. Recordemos también cómo Jesús alabó a una viuda que regalaba unos centavos, pero que compartía lo necesario para su diario vivir”.

Se nos invita a dar de nuestra pobreza para que unos más pobres que nosotros puedan volver a esperar, sonreír y empezar a revivir. Se nos pide poco, pero mucho podemos lograr. Dios bendice a quien da con corazón.