RESUCITO

RESUCITO

lunes, 18 de julio de 2016

¿Las mujeres al poder o el poder como el objetivo de ciertas mujeres?



Orlando Pérez
Director de El Telégrafo

¿Ocurre una acelerada feminización de la política? ¿Basta con que sea mujer una candidata para contar con más puntos que cualquiera de sus adversarios electorales? ¿Es una ventaja política ser mujer y optar por la presidencia y el poder político?

En estos días el tema está ahí: Hillary Clinton y Theresa May lo reiteran porque son 2 mujeres con unas visiones políticas que no se distinguen precisamente por sus consideraciones de género. Igual pasa por acá, en Ecuador. Al contrario, algunas optan por el poder con las mismas visiones masculinas, salvo por ciertos matices. Y en América Latina, después del asedio contra Dilma Rousseff, ahora también entra en duda lo actuado por Michelle Bachelet y se propone la candidatura de Isabel Allende para Chile. Y no olvidemos lo que se dijo de Verónica Mendoza y de Keiko Fujimori en Perú y lo que ellas dijeron de su visión de género y ya sabemos quién llegó a disputar la final en las elecciones últimas. Pero tampoco dejemos de lado lo que dicen las feministas de por acá de Cristina Fernández, la exmandataria argentina (no han tenido vergüenza alguna en usar los conceptos más patriarcales).

Y hablar de las mujeres desde la condición de hombre, macho o lo que sea es complicado porque no dudo que habrá una reacción ‘feminista’ por el solo hecho de estar ‘de este lado’ (¿Cuál? Ese es el tema). Parecería que a ratos nos está vetado a los hombres hablar de las mujeres. ‘No es políticamente correcto’. Ellas han delimitado el espacio masculino de la reflexión sobre las mujeres. Y tienen razón (en buena medida, pero no del todo) porque la violencia masculina, el machismo, el sexismo y otras taras más las colocaron en la defensa acérrima de sus derechos con toda legitimidad.

Es cierto que muchos autores abordan lo femenino, pero parecería que son ellas las únicas llamadas a entender el tema. Y hay mucho de eso en la bibliografía feminista. Pero ese es un asunto de los académicos y especialistas. Lo que hoy me preocupa es hasta dónde la feminización de la política modifica, resignifica o replantea el tema del poder. O, por qué no, si a ciertas mujeres el poder también les atrae para imponer un modelo o una visión no ajena, distante o ausente de machismo, patriarcado o sexismo. Y por qué no: ¿hay mujeres que desde el poder reproducen el machismo político porque desde sus organizaciones se someten a los mandatos de aquellos hombres que las ven como “figuras” para ganar votos y no para despojar al sistema de ese machismo pernicioso y lacerante?

Algo parecido ocurre con los colectivos gais. Por eso en una entrevista publicada en este diario, se le preguntó al académico Édgar Vega lo siguiente y su respuesta podría ser asimilada al mundo femenino de la política también: “¿Cuál sería el principal desafío de los colectivos gais? Renunciar al patriarcado”. Para él: “Hay quienes son gais y mantienen intacto el patriarcado”. Y si entendemos el patriarcado como un universo de poder, entonces esa feminización de la política (de la que ahora hablan muchos por el solo hecho de que hay candidatas y mandatarias mujeres) todavía tiene mucho que resolver desde sus propias protagonistas.

En otras palabras: si las mujeres aspiran al poder solo por el poder o por ser el vehículo de un patriarcado no tiene sentido su defensa de lo femenino como una opción distinta en las próximas elecciones ni en la dinámica de los partidos políticos.

Hay una que otra “feminista” en las redes sociales que usa el lenguaje del patriarcado. Unas dos, en particular, son fanáticas de usar los adjetivos machistas para mofarse de sus adversarios y son ellas las autoproclamadas defensoras de género. ¿O ya nos olvidamos aquella grabación de una excandidata a la presidencia hablando cual macho alfa sobre la razón de ser de su activo anticorreísmo? ¿O habrá que revisar los miles de tuits de aquella mujer “dura” que reproduce el patriarcado cuando habla de sus adversarias políticas y las observa desde la mirada masculina más aberrante por el solo hecho de pensar distinto? Y esta última tuitea tratando de feas, mal vestidas, horrorosas a las mujeres que la confrontan porque se asume como guapa, bonita, atractiva, elegante, seductora y porque además “lee”.

¿Y son ellas las que aspiran al poder? Aspiran sin dejar o despojarse del patriarcado que las identifica en su quehacer político. Si las mujeres entraron de lleno a la política, por derecho propio, sin concesión de nadie, con todo lo complejo y hasta delicado que eso implica, también es cierto que ahora lo que hagan o dejen de hacer también afecta a hombres y mujeres, no es solo para beneficiarlas a ellas. Por tanto si lo que viene en el proceso electoral como “feminización” de la política es real para beneficio de todos, que sean ellas, las candidatas, las primeras en desprenderse del patriarcado, machismo y sexismo político.

Más allá de lo que digan los manuales del buen feminismo, me parece que si las mujeres optan por el poder, corresponde a hombres y mujeres aprender de ese proceso, tal cual nos recomienda Clarissa Pinkola Estés: “La tarea salvaje del hombre es la descubrir los verdaderos nombres de la mujer y no hacer mal uso de este conocimiento para ejercer su poder sobre ella, sino captar y comprender la sustancia numinosa de que está hecha, dejarse inundar, sorprender, escandalizar e incluso atemorizar por ella. Y permanecer a su lado. Y cantarle sus nombres. Eso hará que a la mujer le brillen los ojos y que a él le brillen a su vez los suyos”. Y viceversa también, sin ninguna duda.