MONS. GONZALO LOPEZ M.

MONS. GONZALO LOPEZ M.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Y usted, ¿de qué tiene cara?

"Hace unos días Ecuador y Venezuela fueron integrados al comité de protección de los derechos humanos de las naciones unidas. ¡¡¡Que algazara!!!, montaron las "fundaciones" ( léase negocios) "defensoras" de los mismos en contra de esta decisión dijeron de todo, aupadas por supuesto en la prensa mercader. La mayoría absoluta de estas "fundaciones" están financiadas por el departamento de estado del imperio norteamericano. ¿Con qué autoridad moral, pueden cuestionar a nuestros países? Por ello vale meditar despacio el tremendo relato que la pluma valiente de Ramiro Diez, nos brinda y sumar la vida para que esto no siga ocurriendo." Equipo de la Iglesia de a Pie.
 
Jadil El-Masri, antes de su experiencia. Jadil tras varias semanas de su secuestro.
Ramiro Díez
 
Antes de salir a la calle, frente al espejo, deberíamos pedir a todos los dioses de lo imposible que no seamos parecidos a alguien más. Es probable que si nos confunden, no sea para pagarnos la lotería que otro se haya ganado. A Jalid El-Masri, ciudadano alemán con nombre árabe, lo confundieron con alguien más, y esto le resultó caro.
 
Todo empezó cuando viajó de vacaciones desde Alemania, en autobús, hasta Macedonia. Allí, en la frontera fue detenido, acusado de usar pasaporte falso y de ser colaborador de Al Qaeda. Lo esposaron y fue llevado a una de las muchas cárceles que mantiene la CIA en distintos países europeos. Durante tres semanas sufrió hambre, frío, golpes, torturas varias, y repetidas violaciones sexuales por parte de agentes norteamericanos. La siguiente fase incluyó un viaje en avión de 2.500 kilómetros, hasta Bagdad.
 
Luego lo movieron a “The Salt Pit", un centro de interrogatorios de la CIA en Afganistán, con prisioneros que hablaban idiomas diferentes. Jalid perdió la noción del tiempo y solo atinaba a declarar: “Ustedes me confunden. Revisen mi pasaporte. Pregunten en Alemania por mí. No tengo nada con ningún grupo terrorista.” Un funcionario descubrió que el pasaporte podía ser legal y que Jalid tendría razón.
 
La burocracia es algo lenta, y cinco meses más tarde la Central de Inteligencia declaró que el prisionero era inocente. Aun así, no fue liberado. Para presionar su libertad y para escapar de la comida casi mortal que le daban, Jalid se declaró en huelga de hambre. Amarrado, lo alimentaron a la fuerza y un día, inconsciente, lo arrojaron a una celda. Al abrir los ojos vio a un hombre esquelético, agónico, tirado en un rincón, que lo miraba con lástima. Jalid se movió para ayudarlo y descubrió que era él mismo, reflejado en un espejo.
 
Al fin, una noche le dijeron que sería liberado con la condición de que no contara su historia. Lo montaron en un avión, lo llevaron a Albania y luego lo abandonaron en una carretera. Allí la policía lo volvió a detener, al confundirlo con un terrorista.
 
Durante todo ese tiempo, su esposa y sus hijos pensaban que él los había abandonado. Una ONG de New York ayudó a Jalid a demandar al Director de la CIA que respondió: “No fue nada. Simplemente fue un secuestro erróneo.” Jalid viajó a EE.UU para iniciar los procesos legales, pero cuando el avión aterrizó, Jalid no fue autorizado a desembarcar porque otra vez lo confundieron con un terrorista. Su abogado tampoco pudo desembarcar. En la vida real muchos se equivocan y no pasa nada.