RESUCITO

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viernes, 18 de noviembre de 2016

"Nerón prendió fuego a Roma, Hitler a Europa; puede ser que Trump prenda fuego al mundo"


Leonardo Boff/Frei Betto 

RD.- La elección de Donald Trump ha supuesto un impacto en la opinión pública mundial. Dos de los principales teólogos latinoamericanos, Leonardo Boff y Frei Betto, reflexionan sobre el resultado de las elecciones norteamericanas y su impacto en el mundo globalizado, en sendos artículos: "Trump y Hillary, entre lo malo y lo peor", de Boff, y"Trump, una caja de sorpresas", de Betto. Por su interés, los reproducimos a continuación:

Trump y Hillary, entre lo malo y lo peor

En todo el mundo se están haciendo los análisis más dispares sobre el significado de la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, con los más diversos titulares. El más significativo para mí ha sido el del senador chileno Alejandro Navarro: «El triunfo de Donald Trump es un castigo a los gobiernos del establishment ».

El senador hace una crítica más general, válida también para nosotros: que los gobiernos progresistas que llegan al poder acaban, por presión de la macroeconomía globalizada, haciendo políticas claramente neoliberales en perjuicio de las clases más vulnerables.

Encuentro justa la interpretación de Navarro: «el castigo a los gobiernos del establishment reside en que la gente se cansó de entregarle el poder a quien solo ofrece más de lo mismo. Los electores optaron por Donald Trump, que si bien representa lo peor de la cultura yankee, también supo representar el hastío de los sectores precarizados por el neoliberalismo, la globalización y los empleos precarios» (www.navarro.cl/sename ). Fueron estos los que votaron mayoritariamente por él y le ayudaron a conseguir la victoria.

Afirma también el senador algo que pocos creen: «no debemos olvidar que en Estados Unidos, supuestamente el país más rico, poderoso e influyente del planeta, viven 45 millones de personas en situación de pobreza o cerca de ella, que comen diariamente gracias al ticket de alimentación que el gobierno entrega a los trabajadores blancos y a los hijos de inmigrantes que tienden a rechazar la llegada de nuevos inmigrantes por considerar que su posición privilegiada está en riesgo».

Si Trump representa lo peor, lo malo lo revela Hillary. No son pocos los analistas dentro de Estados Unidos que llamaban la atención para el riesgo que suponía la elección de Hillary Clinton como presidenta. Cito entre otros a uno, Jeffrey Sachs, considerado uno de los mayores especialistas mundiales en la relación entre economía, pobreza y desigualdad social. Es profesor de la Universidad de Columbia y publicó un artículo que reproduje en mi blog del 8/02/2016. En él enumera los muchos desastres de la política de Hillary cuando era Secretaria de Estado.

Se titula: Hillary is the Candidate of the War Machine, Hillary es la candidata de la máquina de guerra. La primera frase resume un largo razonamiento: «No hay duda de que Hillary es la candidata Wall Street. Más peligroso aún es que ella es la candidata del complejo militar-industrial; apoyó todas las guerras solicitadas por el estado de seguridad estadounidense, dirigido por los militares y la CIA».

Aunque demócrata, ella es, según Sachs, una ferviente neocon. Incentivó las guerras contra Irak, todas las del norte de África y contra Siria. Encontró hilarante declarar sobre Kadafi: We came, we saw, he died (vinimos, vimos y él murió). Siendo todavía Secretaria de Estado intentó reiniciar la Guerra Fría con Rusia, a propósito de la conquista de Crimea y de la guerra en Ucrania. El balance final que hace Sachs de las acciones torpes de Hillary como Secretaria de Estado es devastador: «desde cualquier punto de vista que consideremos, ella batió el record de los desastres» (www.JeffDSachs.com ).

Todo esto no nos sorprende, como demuestra con un análisis detallado Moniz Bandeira en su reciente libro de denuncia: El desorden mundial: el espectro de la dominación total (Leya 2016), donde estudia la violencia del imperio estadounidense. Obama, a excepción de las relaciones con Cuba, continuó con la misma lógica belicista de Bush. Fue aún peor, diría por ejemplo, un verdadero criminal de guerra, pues por estricta orden personal suya mandó atacar con drones y aviones no tripulados a los líderes árabes, acabando con la mayoría de ellos (p.476-477).

Con la victoria de Trump, cuyo enigma todavía hay que descifrar, nos liberamos de un liderazgo belicoso, el de Hillary, que como política de estado había elegido la violencia militar como forma de resolver los problemas sociales mundiales.

No sabemos qué mundo tendremos de aquí en adelante con la presidencia de Trump. Ojalá sea menos belicoso y desdiga en la práctica las medidas duras prometidas contra inmigrantes, mejicanos y musulmanes.


Trump, una caja de sorpresas

Nerón prendió fuego a Roma, Hitler a Europa; puede ser que Trump prenda fuego al mundo. No soy fanático de Hillary, pero la considero menos mala. Por conocer bien a ambos candidatos es por lo que casi la mitad del electorado de los EE.UU. se abstuvo de votar.

Como loco, depredador sexual, racista y xenófobo, todo se puede esperar de un multimillonario, dueño de casinos, que nunca ha ocupado ninguna función política. A menos que no cumpla sus amenazas de la campaña, como la de construir un muro en la frontera de su país con México, como si eso fuera a evitar la entrada de nuevos migrantes.

El hecho es que los pobres votaron por Trump. Porque Obama no cumplió casi ninguna de sus promesas. Pero ¿por qué inmigrantes latinos que viven en los EE.UU. le dieron preferencia a él? Pues porque muchos votan mirándose al ombligo. O sea temen que la llegada de más extranjeros pueda quitarles sus puestos de trabajo.

En el año 2017 Trump va a disponer de un presupuesto de US$ 583 mil millones para gastos militares. Lo suficiente como para erradicar el hambre en el mundo y resolver el drama de los refugiados que llegan a Europa. Pero seguramente que el nuevo presidente norteamericano no está preocupado con los males que afectan a los pobres del mundo.

Como declaró al ganar, quiere duplicar el PIB de los EE.UU. Y durante la campaña incluyó entre sus arrebatos xenófobos la promesa de que hará que las tropas de su país abandonen los conflictos externos, lo cual sería una buena decisión.

Los EE.UU, tienen un ejército de 1 millón 492 mil hombres y mujeres, además de 2 millones de reservistas listos para una eventual llamada. El total de sus drones, navíos de guerra, portaviones, tanques, blindados, cañones y misiles (7 mil ojivas nucleares) supera al conjunto de los arsenales de las otras cuatro mayores potencias militares: China, Reino Unido, Francia y Rusia.

La esperanza de los electores de Trump es que él invierta más recursos en el combate contra el desempleo, en los servicios de salud y robustezca la economía interna. Pueda ser que, en un gesto de lucidez, reduzca el presupuesto militar para pasar a la historia como el presidente que sacó a los EE.UU. de la recesión. Hoy la clase media norteamericana tiene un ingreso muy inferior al que tenía en la década de 1980.

Por suerte el Tío Sam no es el dueño del mundo. Se da un equilibrio que le obliga a tomar en cuenta a China y Rusia. Dicen que Trump y Putin se entienden... El hecho es que el magnate presidente elogió el control que Putin tiene sobre toda Rusia. Y dio a entender que los EE.UU. no tienen ninguna obligación de defender incondicionalmente a sus aliados de la Otan. Lo que tiene que sonar agradable en los oídos de Putin.

Sin embargo en medio de tantos intereses en juego hay quien todavía razona no por intereses sino a partir de principios, como el papa Francisco. Éste es hoy el único líder mundial capaz de aglutinar a los hombres y mujeres que buscan la paz como fruto de la justicia y un mundo menos desigual e injusto.

La victoria de Trump me hace recordar que Hitler tampoco llegó al poder por un golpe de estado, como Temer en el Brasil, por citar un ejemplo reciente. Fue elegido democráticamente por el pueblo alemán. Y acabó como acabó...

Mientras el dinero siga manipulando la democracia, ésta será, según el adagio yanqui, solamente un pato manco (algo devaluado).