RESUCITO

RESUCITO

lunes, 12 de septiembre de 2016

Ojalá no les traicione su propia historia


Dr. Francisco Herrera Aráuz
Director General de EcuadorInmediato

Ha sido cuestión de días para que líderes políticos, agrupaciones y movimientos como partidos políticos en Ecuador, se encaminen en procesos de “unidad” para enfrentar las elecciones de 2017. Siendo un esfuerzo aceptable, lo ingrato del tema es la credibilidad en tal afán, porque entre todos han hecho todo lo posible por dañar a la nación con su lucha feroz, contaminada por el “odio político”. ¿Pueden unirse quienes hasta ayer se destrozaron, afectando a la moral de la nación? Es para dudar.

En Ecuador, en las últimas décadas de vida política al menos, la clase dirigente ha sido incomprensible y contradictoria. Uno por uno, quienes han ejercido el poder, han aspirado al mismo, o inclusive quienes han perdido los espacios que se creían de su propiedad asignada, entraron en la espiral creciente del ataque para destrozar a quien no era considerado rival o contendor sino enemigo. Esa ha sido la historia política nacional con una perversa influencia en toda la república.

El discurso político ecuatoriano está lleno de intolerancias, ofensas, diatribas, descalificaciones constantes. La denuncia siempre ha ido unida a la calumnia, la injuria, la ofensa y muchas veces la falsía del promotor de tales palabras, que en muchas ocasiones ocultó detrás de esa actitud –siempre en nombre del pueblo- sus propios intereses, o los de otros a los que representó ocultamente. Muchas de las traiciones en la política actual, como en la anterior, tienen este malhadado origen.

La centro-derecha y la extrema de esa ala tienen a flor de labios el ataque a todo aquel que se oponga a sus intereses económicos. Aduce defender el bienestar y el empleo, por lo que todo aquello que huela a perturbar sus ganancias, su afán de lucro, es visto como enemigo de la empresa privada y, amparados en ese paraguas ideológico, han justificado las peores persecuciones hasta en contra de la vida de quienes son considerados opositores, sobre todo si son “comunistas”, mote con el cual siempre han explicado sus abusos.

La extrema izquierda y una parte del centro con esta posición político ideológica, siempre se han mantenido bajo el amparo de defensa del pueblo, contrarias a quienes los explotan, predicando la lucha de clases y el antimperialismo. Sin embargo, han caído en el grave pecado del control de sus espacios con un esquema de corte tiránico, como quien defiende con fiereza su “feudos”, al grado extremo de provocar violencia con igual costo de vidas y honras de quienes fueron calificados como sus enemigos naturales de clase.

La primera gran culpa conjunta de la derecha o la izquierda en Ecuador es que se llenaron de prejuicios y abusaron de la ignorancia cultivada en el país con esmero. Han formado generaciones enteras con una serie de taras en lo político, de las cuales se desprende fácilmente la acusación injusta, la versión infundada, el rumor mísero que busca dañar al otro, solo por pensar diferente. Han abusado del desconocimiento para fomentar discusiones intrascendentes, logrando que la sociedad entera discuta sin el debido sustento, que hablen por hablar, que opinen sin razón con tal de oponerse y destruir al de al lado, al que se le niegan todos los méritos o bendiciones. Ese es frecuentemente el caldo de cultivo de una polarización dañina que de tiempo en tiempo arrasa con la moral de la nación.

Le han vuelto a la nación entera heredera de la impunidad provocada por el golpismo, los crímenes de estado o la violación de los derechos humanos en Ecuador. De cualquier lado, sea derecha o izquierda, en los peores momentos de crisis han cedido a las tentaciones de la conspiración de unos pocos, para hacerse del poder por las armas o la sedición. Lo que perdieron en las urnas lo consiguen con artimañas o triquiñuelas y arrasan con la democracia, a la que destruyen con el golpe de estado, siempre justificado por la clase dirigente como la única salida para sus afanes perversos. Total, nunca se han sancionado golpistas y sediciones, nunca. Y menos si estas ascienden a crímenes de políticos gobernantes, autoridades, uniformados, jueces o soldados rasos. Guardar silencio cómplice entre gobiernos es la norma con la que hemos hecho historia.

Si miramos con un plano objetivo de verdad, no ha existido mayormente en los gobiernos un ejercicio ideológico en el poder. La lucha ha sido solo personalista contra el mandatario de turno. Quizás, tan solo la Izquierda Democrática con Rodrigo Borja, Alianza PAIS bajo el liderazgo de Rafael Correa y en un grado mínimo la Democracia Popular en los días de Oswaldo Hurtado, pueden calificarse como regímenes con una guía de su concepción ideológica propia. Todos los demás asumieron el poder haciéndose del cargo mediante votación confusa de un electorado apasionado antes que informado o ideologizado.

Bajo este panorama, predicar la “unidad” en estos momentos es, al parecer, una especie de reflejo condicionado de quienes perdieron el poder con Rafael Correa y Alianza Pais. Con toda la carga del “odio político” que los une como pegamento, se justifican todas las culpas y se quieren olvidar todas las faltas, pecados, fallas o malas artes con las que antes lucharon entre ellos. Hay toda una historia que los identifica de manera vergonzante.

Así:

La Alianza Nacional por el Cambio, concentra alrededor de sí a grupos y personas que se caracterizaron por la persecución a los otros, a la derecha y a la misma izquierda, que fueron socios del actual gobierno y lo promovieron hasta de manera fanática, para luego volverse enemigos del mandatario porque no les dejó controlar sus feudos políticos. La larga cadena de agresiones universitarias, obreras o en las calles, son una muestra de su histórica intolerancia entre ellos. Algunos de quienes fungen de líderes o cabezas visibles de este sector, se caracterizaron por fomentar la lucha y el odio de clase, cuyo discurso en algunos casos hasta ahora promueven. Por eso se muestra como una especie de unión anti-natura el que elementos de Pachacutik, el Socialismo Revolucionario, y hasta el ex MPD expresen deseos de hablar con la derecha o cambiar su visión anti a pro-empresarial. La lucha en este sector es por destruir todo lo que sea o signifique “correismo”, por lo que todo aquello que sea oposición total y extrema al régimen es bienvenido, dejándoles sin programa ni propuesta en lo que han ofrecido para el futuro. Pero el odio no es programa ni plan alguno.

No es distinto el panorama del colectivo Compromiso Ecuador. El factor opositor anti-correa es suficiente para que sean mejor recibidos quienes llegan con toda una carga de oscuro pasado político pero se hallan dispuestos a seguir en la lucha política comprometiéndose a ser parte del apoyo al líder visible de este grupo, Guillermo Lasso. Este es una especie de espacio lleno de todos los colores. Al parecer, el principal de CREO ha tenido la virtud de agruparlos en torno a sí, superando todo tipo de diferencias ideológicas, sin importar qué sean o cómo piensen. Es a momentos incomprensible hallar en las mismas filas a los que proclaman la lucha proletaria y al sector empresarial, a los promotores del antimperialismo y a quienes llaman a Obama para que intervenga en el Ecuador, o a los que ayer ofendían y atacaban con dureza a la banca corrupta, incluido a Lasso Mendoza, para cambiar su discurso en pro del prominente banquero. Por supuesto, en esas filas se han colocado los golpistas de ayer que ahora defienden la democracia a rompecincha. Es muy difícil entender esa unidad, muy difícil. Sin embargo, aquí, a pesar del revoltillo ideológico, hay al menos un plan y un proyecto político que Guillermo Lasso defiende con tesón, aunque a momentos da la impresión de que solo él lo hace; los demás solo atacan a los otros en su discurso.

En torno a “La Unidad”, en cambio, se ha tratado de reunir a las figuras prominentes de la derecha, que buscan ganar un espacio para esta tendencia con aquellos que aparecen confundidos ideológicamente, pero que se sienten determinados a buscar el poder de cualquier forma, inclusive si es Jaime Nebot quien encabece la tendencia en pro de sus ambiciones, pese a toda la controversia que acompaña al socialcristiano por temas como derechos humanos o asuntos ciudadanos. El lanzamiento del nombre de la abogada Cinthya Viteri solo aumentó las contradicciones en el grupo, que estalló en cuestionantes. La extrañeza es el discurso de defensa de la democracia que se predica desde este lado, precisamente con una figura visible del golpismo como es la abogada Viteri Jiménez, a quien, como dije, nunca nadie ha sancionado por inauditas que fueran las razones para haber promovido un golpe de estado. Y es más extraño aún que los hermanos Lucio y Gílmar Gutiérrez (PSP), víctimas directas del derrocamiento de los socialcristianos, acepten posibles pactos con el grupo que los destruyó, en una no disimulada intención de volver al poder del que fueron desalojados tan burdamente. Es una alianza más que extraña, incomprensible. Aquí no hay ninguna propuesta, ningún plan, nada en concreto, solo discursos inconexos.

¿Y Alianza PAIS? Pues ellos tienen también lo suyo. Ese movimiento, que al parecer tiene una sólida unidad en su entorno, da la impresión de “llevar la procesión por dentro”. Si bien los números les dan opciones presidenciales reales, arrastran tras de sí el pecado original de haber sido formados con una especie de “colcha de retazos” que unió a muchos allá en 2006, y que dura hasta hoy. Lo lamentable es cuando saltan los personajes que parecieran tener “su agenda propia” y proponen cualquier cosa con el afán de retener el poder, sin obedecer a las líneas ideológicas evidentes del partido. Aquí hay el riesgo de que este tipo de reacciones explosivas provoque fracturas, resquebrajamientos de su frente interno que sean muy difíciles de manejar en una campaña electoral. La consolidación ideológica depende mucho del debate que llevan adelante en las filas oficialistas. El plan y proyecto de gobierno se mostrará a futuro, pero al menos la información hasta aquí obtenida es que se lo prepara y presentará en días próximos.

Como se ve, hay toda una pléyade de factores y elementos de lo que pueda presentarse como la unidad de “todos los posibles”. Pero da para dudar tanta aceptación entre ellos, cuando han tenido muestras de tenerse “asco político” entre sí y, por demás está decirlo, deberán asimilar que ellos también han sufrido en estos 9 años el desgaste político de la lucha del “correismo-anticorreismo” con el que han vivido todo este tiempo. Esta es una especie de lógica dialéctica de la unidad y lucha de contrarios, que les ha llevado a juntarse en pactos contra-natura que se vuelven contra ellos mismos.

Aquí el problema de fondo es la credibilidad para aceptar estas uniones. Tienen tanta historia acumulada entre ellos, contra ellos, pro ellos, que al votante elector lo menos que le puede pasar por la cabeza es creerles sin dejar de acordarse de lo que fueron o de lo que hicieron. Han sembrado tanto odio político que la cosecha puede ser envenenante a sus propias intenciones. Los líderes de estas uniones no podrán alegar que no los conocían, que no sabían o que nunca se enteraron de lo que sus nuevos socios son, lo que hicieron o dijeron. Las redes sociales, la web o las páginas de los medios están llenos de ellos y sus actos o palabras, de manera que está muy claro entre quienes se juntaron. Si hay traiciones, pues ya tienen antecedentes y un pasado ruinoso. No se quejarán.

Por todo ello bien cabe decir que “Me puedes ofrecer todo para el futuro, pero tu pasado no lo podrás borrar nunca” (FHA)