RESUCITO

RESUCITO

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Artículo a propósito de la amarga decadencia y la traición histórica de los "lideres" indígenas del Ecuador

"QUIEN NO SABE A DONDE VA…NO LLEGA A NINGUNA PARTE"


Dr. Francisco Herrera Aráuz
Abogado, politólogo, periodista.
Director General de Ecuadorinmediato.com

De un momento a otro la dinámica política ecuatoriana se volcó a mirar un espectáculo que no se lo esperaba: que el movimiento indígena muestre fisuras, otra más, y se abra a la derecha para optar por una conversación ampliada con Guillermo Lasso, poniendo al frente a un controvertido dirigente como Salvador Quishpe, ha revelado que el sentido de comunidad que los unió ha saltado en pedazos, perdiéndose la hoja de ruta que guió a Pachacutik y su historia en un mar de intereses particulares impropios. ¿A dónde va el movimiento indígena con todos esto? Da la impresión de no se tiene una explicación.

Históricamente el pueblo indio de Ecuador ha enfrentado muchos momentos con variados intentos de uso político de sus filas a los cuales, ellos, los indígenas, lo han seguido por un instante, para luego reafirmarse en lo suyo, buscar su propio espacio. En este camino han rechazado los esfuerzos hechos por la sociedad mestiza para controlarlos como fuerza política o manipularlos en busca de intereses ajenos. Sus líderes se han constituido en defensores de su propia gente y sus causas con lo que han logrado alejar a nombres, figuras o partidos a los que han desplazado en silencio, con otra dinámica. De esto lo saben todos los que se han allegado a las comunidades para un trabajo político, sean a los comunistas o socialistas, como conservadores y alguna parte de los liberales. A todos ellos les sobrellevaron al fracaso, poniéndoles de lado con su sentimiento de identidad propia autóctona y ancestral.

Fue el proceso misionero liberador de monseñor Leonidas Proaño, desde los años 60´s en adelante el que reforzó el sentimiento de valor político alto formando un elevado número de cuadros que tenían la propia perspectiva de los líderes indígenas ecuatorianos, con su propia organización fortalecida en sus bases, con la comprensión de sus propias costumbres, tradiciones, y sobre todo con la perspectiva de ser protagonistas de su propia historia que mereció desde siempre ser valorada. Enfatizo lo propio en comunidad.

De ese proceso surgieron dos grandes perspectivas del manejo político que tenía que cumplir el movimiento indígena ecuatoriano: lo uno era la integración a la sociedad mestiza a la que le propusieron sumarse en su lucha de exigencia para una mejor forma de vida, haciendo una fuerza reclamante ante los procesos de explotación en el campo o la ciudad. Y, lo otro, el reclamo histórico para la reconstrucción de su espacio arrebatado por la violencia de la conquista, contra ese racismo, exclusionismo o marginación que tanta humillación como vidas les ha costado.


Con esos dos parámetros se han movido sus dirigentes y organizaciones. Con esa visión se han mantenido todos estos años su base en la CONAIE como en el brazo político PACHACUTIK y así mismo han hecho historia, siendo de lo más influyentes en la misma como protagonistas de los hechos que Ecuador vivió desde los 90’s.

Los reclamos como reivindicaciones para mantener a sus comunidades ancestrales, el uso y control de la tierra, el agua, la salud, el aire, el ambiente, la justicia, bajo el enfoque de lo plurinacional, multicultural y multiétnico en el amparo de la diversidad, siguen siendo banderas de las cuales los indígenas de la patria se han fortalecido al punto de convertirlo en su propuesta política propia con la cual se presentan y anteponen cualquier relación con otros sectores de la clase política o dirigencial de la nación. Al menos eso lo mantienen en su discurso y en su lucha continua.

Y los cuadros políticos dirigentes, brillantes muchos de ellos, sean por su historia como Tránsito Amaguaña, Dolores Cacuango, por su lucha continua como Blanca Chancoso, Luis, Macas, Nina Pacari, Ampam Karakras, Miguel Lluco, Pedro Kukumas, Antonio Vargas, Mario Conejo, Auki Tituaña, Carmelina Yamberla, Diocelina Iza; o los jóvenes y nuevos líderes como Humberto Cholango, Ricardo Ulcuango, Mariano Curicama, Jorge Guamán, César Umajinga, Delfín Tenesaca, Leonidas Iza hasta Lourdes Tibán, Mónica Chuji, Rosa Elvira Muñoz, Marlon Santi, Pepe Acacho, Carlos Pérez Guartambel o el propio Salvador Quishpe entre otros, todos ellos como figuras de manera pública y notoria se manejaron con el discurso cercano a la izquierda, ya sea porque tuvieron una amplia coincidencia con sus luchas y propuestas por explotados y oprimidos, como por la correspondencia en el enfoque que siempre valoró a lo indígena como digno.

Y con esa línea política llegaron al poder. En parte con el respaldo en las urnas para alcanzar un amplio control seccional en alcaldías, prefecturas, parroquias o diputaciones; o por la fuerza de la movilización como en el golpe de estado contra Jamil Mahuad en el 2000. Han alcanzado compartir la dirigencia política de la nación en el pacto con Lucio Gutiérrez y el MPD en el 2003. En esta como en otras partes de la historia política del movimiento indígena la lucha ha sido por ser propios sin dejarse manipular o utilizar por gentes y allegados a estos grupos populistas, amorfos, a los cuales los repudian y mantienen su propia posición uniforme, en la centro-izquierda de gran mayoría nacional.

La defensa por su propia concepción ideológica no los ha alejado de la nación y su sociedad, ante la cual se mantenían hasta estos días como un referente de la combativa izquierda en la que se sostienen como comunidad agrupada sin personalismos o individualidades.

Al ver tal crecimiento la derecha política nacional no ha disimulado su afán para contar con el movimiento indígena entre los suyos. Y, como no lo ha logrado como grupo, pues ha generado procesos de acercamientos individuales para ganarse a algunos de esos cuadros con la tentación electoral como el caso de Auki Tituaña y la oferta vicepresidencial de Lasso en el 2013, que los dividió y le separó de sus filas al reconocido dirigente, mostrando un lado del conflicto que al parecer también buscaba otras opciones más allá de la izquierda.

También se ha buscado una cercanía como grupo para hacer oposición política al régimen, sea en el golpe contra Mahuad, o en este caso a Rafael Correa. La extraña reunión con la Junta Cívica de Guayaquil allá en marzo de 2013 con Miguel Palacio y Marco Guatemal, o la cita colectiva a todos los que eran y no en la casa de Pachacutik en enero de 2016 con la llamada de Fanny Campos, nunca han tenido una explicación clara a la comunidad indígena nacional, porque los dirigentes jamás expusieron los motivos para unirse con quienes siempre los pusieron como sus opresores tal sea la oligarquía guayaquileña o, con aquellos que habían sido sus más ingratos ofensores con traición, entre ellos a “Sociedad Patriótica” Patricio Suquilanda, que creyó que tenía que olvidarse sus graves ofensas a Pachacutik y sobre todo Nina Pacari cuando fue canciller de la República. No, no hay explicaciones para estas citas ideológicamente consideradas antinatura.

Al parecer no habrían motivos aparentes para irse a la derecha, pero los últimos escarceos, acercamientos, diálogos directos y hasta provocativas intenciones, dan muestra de que es posible y romperían su tradición histórica que tanto valoran y privilegian los dirigentes como las bases indígenas. El paso de Fanny Campos a “Compromiso Ecuador”, la presencia de Marcelino Chumpi en “La Unidad” y ahora la cita Lasso- Quishpe, plenamente justificada por Pepe Acacho, demuestran que sí, que hay un impacto de las ofertas de ese sector para compartir con los sectores indígenas, con los que antes se han visto como enemigos naturales en la visión de opresor-oprimido. Lógico es preguntarse entonces ¿Qué está pasando en las filas de ¨Pachacutik para que se abra este boquete en sus filas y, comience a salir un grupo de sus militantes a buscar a la derecha?

Por la forma como se ha comportado en las últimas semanas, una parte de la dirigencia de Pachacutik, de entre ellos el propio Salvador Quishpe, siempre tan problemático como conflictivo, la dirigencia indígena actuó rara. Entrevistado por Ecuadorinmediato.com Jorge Guamán ha señalado sobre Quishpe Lozano: “Pudo haber hecho estos comentarios movido por algún proyecto personal. “Debe tener alguna frustración de no haber llegado a instancias nacionales. (…)En la reunión de la semana pasada estaba ya exagerado, no quiso escuchar a ninguno, cuestionó a todo mundo, él tenía la razón más que una palabra bíblica, con razonamiento autoritario, agarró el micrófono y no quiso pasar a nadie, pasó conversando más de 50 minutos y cuestionando a todos. Yo estaba preocupado porque nunca conocí a Salvador Quishpe así”, comentó.

Y en efecto, debe ser pose personal porque ni bien terminada la cita, varios de la dirigencia de Pachacutik desautorizaron a Quishpe, desmintiendo que lo hayan enviado, siendo lo más notorio lo de Lourdes Tibán que reclamó a Quishpe andar “ofreciendo” su nombre, que le ganó las elecciones primaras como pre candidata presidencial y no como segunda opción de nadie.

Sí, debe ser personal tema y sobre todo para manejarse candidaturas u opciones porque no se puede decir que han discutido propuestas, planes de gobierno u otros debates. No. Nada de eso puede haber en este encuentro, de este y otros dirigentes indígenas con la derecha, ya que la oportunidad para que se vayan a su lado es por el momento electoral evidente y, queda en claro, que aquí pega eso de “dejar de lado las ideologías” con el que se han venido manejando en estas últimas semanas.


Este encuentro de Quishpe Lozano con Lasso Mendoza, a nombre de Pachacutik tiene otro factor común con los incidentes anteriores: el silencio indiferente de Marlon Santi como Coordinador de Pachacutik. En marzo del 2013, cuando se da la cita de la Junta Cívica de Guayaquil, Santi es el Coordinador de la CONAIE y no dice nada del encuentro con su vicepresidente, pese a la condena de todo su grupo; de la cita de ahora tampoco. No habla, no desmiente ni aclara que no se le envió al prefecto de Zamora como un vocero de PK, y que él defiende como parte de su dignidad y papel jugado. El silencio de Marlon Santi es extraño, por decir lo menos, si no raya en la complicidad.

El tema de estos acercamientos, posiciones y junturas está demostrando algo más: que hay una sensación de fracaso en la Alianza Nacional por el Cambio, que contaba a Pachacutik en sus filas como ente fuerte. Las expresiones de Lourdes Tibán de inculpar a Alberto Acosta de haber sido parte del régimen de Correa denotó resentimiento y una especie de justificación para una posible derrota en las elecciones del 2017, porque justo en ANC siguen muchos de quienes fueron parte del actual gobierno y que actúan con el odio político como su principal motor, sin contar que eso se ve ahora como factor de desgaste y desconfianza. A todas luces algunos o muchos de PK no quieren estar a su lado y tampoco quieren que les pasen esa factura por lo que comienzan a evidenciarse esas salidas y escapes justo cuando lo electoral prima.

Si se suma que el reclamo de la “unidad a toda costa” con el que se manejan y manipulan los grupos políticos en disputa por el poder al 2017, el sacrificio de lo ideológico por lo personal es una pérdida de identidad, es anular el camino futuro, la entrega sin condiciones. Quienes cedan a tal tentación renegando su pasado histórico solo demuestran que han perdido el rumbo de su propio proyecto político, dejando de lado sus reivindicaciones conseguidas con tanta lucha y esfuerzo. ¿Sabe a donde va Pachacutik con todo esto?

Perderse en lo personal queriendo borrar el espíritu comunitario por el que lucharon da solo un mal resultado, de confusión embarrado en sus propia contradicciones. El personalismo electoralista les denota falta de sentido para su propio camino, desubicación en sus propias filas, carencias de sustento político ante sus gentes que ahora lo ven con asco y repudio por haber traicionado su discurso, como su práctica antes reclamada con sectarismo y de manera fanática. No les puede ver juntos a los que históricamente los oprimieron y despreciaron como amigos confiables. Se perdieron, si, se perdieron.

Con ello ahora dan todas las muestras de estar viviendo lo dicho en el proverbio árabe que titula este análisis: “Quien no sabe a dónde va…no llega a ninguna parte” bien dicho como mejor aplicado.