RESUCITO

RESUCITO

viernes, 23 de septiembre de 2016

Detalle importante



Rodolfo Bueno
Corresponsal de Ecuador News en Quito

Puesto que pronto va a terminar el período para el que el Presidente Obama fue electo y se han escuchado numerosas voces de crítica, que lo acusan de cinismo por invocar “el derecho a la guerra justa” cuando aceptó el Premio Nobel de la Paz, y también por enviar más soldados a Irak y Afganistán e intervenir en Libia y Siria; incluso, muchos de sus partidarios, como el director de cine Michael Moore, sugirieron que debería rechazar el mencionado premio por haber dado tan nefastos pasos, ¿por qué no les hizo caso?

Valdría la pena hacer ciertas aclaraciones.

Se podría decir, a propósito de todo este despropósito, que sus críticos se equivocan hasta la pared de enfrente, que las cosas han sucedido tal como debieron suceder y que, más bien, lo asombroso hubiera sido que Obama no hubiera actuado tal cual actúo.

A ver, intentemos aclarar estos latines.

El Presidente Obama dirige un Estado adicto a la guerras, que mantiene encadenado a Ares en la Casa Blanca; además, todos sus dirigentes han sostenido que las guerras en que han participado fueron “justas” y han “actuado unilateralmente para defender a su nación”, también han argumentado que “es innegable que el mal existe en el mundo” y han repetido hasta el cansancio que Dios los protege porque ellos “representan el bien”.

La no violencia y el pacifismo son doctrinas ajenas al interés de cualquier imperio, no se diga lo contrario de aquel que tiene la mayor vocación imperial conocida; de ahí que los conflictos armados, en particular los declarados por ellos, “jueguen un papel determinante para preservar la paz”. Valga redundar en que lo dicho sirve de advertencia para que las naciones que, según ellos, son parte del eje del mal, “no intenten sacar provecho de la bondad del sistema americano”. Este último detalle es muy importante.

Las anteriores aclaraciones de Obama avalan que en la arena mundial “recién se halla al comienzo, no al final”, de sus esfuerzos pacifistas mediante guerras justas; lo que a quienes le concedieron este valioso galardón les parece “absolutamente fantástico y completamente aceptable”, pues les demostró “lo difícil que es asegurar la paz sin recurrir a la guerra”. Para
ellos, “rara vez una sola persona domina la política internacional tan ampliamente” como para entender que lo importante no es ser sino parecer, y este es el caso de Obama. La razón esgrimida para que “el comité no pudiera esperar hasta estar seguros de que estos principios se hubieran impuesto en todos los frentes”, es muy simple: “Eso hubiera hecho del premio un sello de aprobación con retraso y no un instrumento de paz en el mundo”. ¡Bravo! La sinfonía al cinismo es completa.
Por otra parte, los pueblos del mundo deberán comprender
que si las bombas matan inocentes, también generan empleo. Por lo tanto, si quieren ser pragmáticos, tal como exige la globalización, deberían entender que todas estas guerras permiten a los trabajadores de EE.UU. comer bananos y comprar flores, puesto que si están desempleados no tienen plata para darse estos lujos. Por eso, tendrían que aplaudir esas guerras que, a la postre, redundan en beneficio de la civilización.

Así es que, no sean mojigatos y congratúlense de los premios Nobel para la Paz que Occidente concede a sus gobernantes más belicosos.