MONS. GONZALO LOPEZ M.

MONS. GONZALO LOPEZ M.

sábado, 4 de noviembre de 2017

Fray Marcos Rodríguez: TODOS SANTOS Y TODOS PECADORES


Fray Marcos Rodríguez
Mt 5, 1-12

Los matemáticos dicen que la distancia de cualquier número, por grande que sea, al infinito, es siempre infinita. Para Dios todos somos iguales, no hay posible distinción. ¿Qué sentido tiene entonces el marcar las diferencias entre unos y otros? La fiesta de “Todos los Santos”, entendida como diferencia de perfección entre los seres humanos no tiene mucho sentido. Por eso le he cambiado el título y he puesto: “Todos santos”; aunque también podía haber puesto “Todos pecadores” y sería exactamente igual de cierto. Para Dios no hay diferencia ninguna, porque nos ama a todos por lo que Él es.

Si por santo entendemos un ser humano perfecto, significaría que ya ha llegado a su plenitud y por lo tanto se habrían acabado sus posibilidades de crecer. Pero su verdadero ser, y por lo tanto su perfección, nada tiene que ver con su biología o con su moralidad. A esa parte de nuestro ser no afectan las limitaciones, sean del orden que sean. Es una realidad que permanece siempre intacta. Descubrir, vivir y manifestar ese verdadero ser, es lo que podíamos llamar santidad.

Cuando creemos que para ser santo tenemos que anular los sentidos, reprimir los sentimientos, machacar la inteligencia y someter la voluntad, nos estamos exigiendo la más torpe inhumanidad. La plenitud de lo humano solo se alcanza en lo divino, que ya está en nosotros. Vivir lo divino que hay en nosotros es la meta de lo humano. El verdadero santo no es el perfecto. El santo nunca descubrirá que lo es. Por favor, que nadie caiga en la tentación de aspirar a la “santidad”. Aspirad solo, a ser cada día más humanos, desplegando el amor que es Dios y está en vosotros.

Cuando hemos puesto la santidad en lo extraordinario, nos hemos salido de todo marco de referencia evangélico. Si creemos que santo es aquel que hace lo que nadie es capaz de hacer, o deja de hacer lo que todos hacemos, ya hemos caído en la trampa del ideal de perfección griega, que durante siglos se nos ha vendido como cristiana. Cuando un joven le dice a Jesús: "Maestro bueno”. Jesús le responde: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno más que Dios. ¿Qué hubiera contestado si le hubiera llamado santo?

Todos somos santos, porque nuestro verdadero ser es lo que hay de Dios en nosotros; aunque la inmensa mayoría no lo hemos descubierto todavía, y de ese modo, tampoco podemos manifestar lo que somos. Somos santos por lo que Dios es en nosotros, no por lo que nosotros somos para Dios. La creencia generalizada de que la santidad consiste en desplegar las virtudes morales, no tiene nada que ver con el evangelio. Recordemos: “Las prostitutas y los pecadores os llevan la delantera en el reino de Dios”. Para Jesús, es santo el que descubre el amor que llega a él sin mérito ninguno por su parte. La perfección moral es consecuencia de la santidad, no su causa.

Debemos tener mucho cuidado a la hora de hablar de los santos como “intercesores”. Si lo entendemos pensando en un Dios, que solo atiende las peticiones de sus amigos o de aquellos que son “recomendados”, estamos ridiculizando a Dios. En (Jn 16,26-27) dice Jesús: “no será necesario que yo interceda ante el Padre por vosotros, porque el Padre mismo os ama”. Lo hemos dicho hasta la saciedad, Dios no nos ama porque somos buenos o por recomendación de uno que los es, sino porque Él es amor.

Se puede entender la intercesión de una manera aceptable. Si descubrimos que esas personas que han tomando conciencia de su verdadero ser, son capaces de hacer presente a Dios en todo lo que hacen, pueden ayudarnos a descubrirlo, y por lo tanto pueden acercarnos a Dios. Descubrir que ellos confiaron en Dios a pesar de sus defectos, nos tiene que animar a confiar más nosotros. No solo valdría para los que conviven con ellos, sino para todos los que después de su muerte, tuvieran noticia de ‘su vida y milagros’. Sería el camino más fácil para que creciera el número de los “conscientes”.

Debemos tener cuidado con la “comunión de los santos”. No se trata de unos “dones” o unas “gracias” que ellos han merecido y que nos ceden a nosotros. Es ridículo cuantificar y almacenar los bienes espirituales. Todo lo que nos viene de Dios es siempre gratuito y nunca se puede merecer. “Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer”. Ahora bien, en el momento que se tiene conciencia de la unidad, se comprende que todo lo que hace uno repercute en el todo. La doctrina de Pablo es esclarecedora: “Todos formamos un solo cuerpo”.

En esta fiesta celebramos la bondad, se encuentre donde se encuentre. Es una fiesta de optimismo, porque, a pesar de los telediarios, hay mucho bien en el mundo si sabemos descubrirlo. Es cierto que mete más ruido uno tocando el tambor que mil callando. Por eso nos abruma el ruido que hace el mal y no nos queda espacio para descubrir el bien. Hoy es el día de la alegría. La Vida y el Bien triunfan sobre la muerte y el mal. La vida merece siempre la pena. Esta alegría de vivir tenemos que mantenerla a pesar de tanto sufrimiento y dolor como hay en nuestro mundo. A pesar de que muchos seres humanos consumen su existencia sin enterarse de lo que son, y se conforman con vegetar.

Las bienaventuranzas nos descubren el verdadero rostro del “santo”. ¿Quién es dichoso? ¿Quién es bienaventurado? Felicitar a uno porque es pobre, porque llora, porque pasa hambre, porque es perseguido, sería un sarcasmo para el común de los mortales. Sobre todo si le engañamos con la promesa de que lo serán más allá. Haber reservado la palabra “bienaventurado” para los que han muerto, es una manipulación del evangelio inaceptable. Aquí abajo, el dichoso es el rico, el poderoso, el que puede consumir de todo sin dar un palo al agua. Esa escala de valores queda trastocada por el evangelio.

Las bienaventuranzas no se pueden entender racionalmente, ni se pueden explicar con argumentos. Cuando Pedro se puso a increpar a Jesús, porque no entendía su muerte, Jesús le contestó: “Tú piensas como los hombres, no como Dios”. Solo entrando en la dinámica de la trascendencia, podemos descubrir el sentido de las bienaventuranzas. Solo descubriendo lo que hay de Dios en mí, podré darme cuenta del verdadero valor. Para que una persona sea dichosa le tenemos que dar aquello que considera el valor supremo para ella. Tenga lo que tenga, si no lo percibe como valor absoluto, no le hará feliz.

Las bienaventuranzas no son un “sí” de Dios a la pobreza y al sufrimiento, sino un rotundo “no” de Dios a las situaciones de injusticia, asegurando a los pobres lo más grande que pudieran esperar, el amor que es Dios. En Él los pobres pueden esperar, tener confianza. No para un futuro lejano, sino ya, aquí y ahora. Puede ser bienaventurado el que llora, pero nunca el que hace llorar. Puede ser feliz el que pasa hambre, pero no el que tiene la culpa del hambre de los demás. Buscar la salvación en las seguridades terrenas, es la mejor prueba de que no se ha descubierto el amor de Dios. Aún en las peores circunstancias imaginables, las posibilidades de ser, nadie puede quitártelas.

En la celebración de este día, no tenemos que pensar en los “santos” canonizados, ni en los que desarrollaron virtudes heroicas, sino en todos los hombres que descubren la marca de lo divino en ellos, y ese descubrimiento les empuja a mayor humanidad. No se trata de celebrar los méritos de personas extraordinarias, sino de reconocer la presencia de Dios, que es el único Santo, en cada uno de nosotros. El merito será siempre de Dios.

jueves, 2 de noviembre de 2017

Cameron Doody: Por qué todo el mundo ama al pontífice y los ultraconservadores, no - "¡Ojalá se muera!": la guerra contra el Papa Francisco


Cameron Doody

¿Hay una guerra en la Iglesia contra el Papa Francisco? Esa es la pregunta que se ha planteado el prestigioso diario británico The Guardian. Aunque la simplicidad y humildad de Bergoglio hayan ganado a casi todo el mundo, el ámbito eclesial parece totalmente dividido. ¿Quiénes son los que no pierden ninguna oportunidad de criticar a Francisco e intentan hacerle tropezar? ¿Qué es lo que más les fastidia respecto al Papa que vino "del fin del mundo"?

La intuición del rotativo londinense es que estamos, de entrada, ante la crisis más seria a la que la Iglesia se ha enfrentado desde el cisma lefebvreiano en los años 60. Pero, ¿por qué? El periódico observa, en primer lugar, que las etiquetas que suelen usarse para identificar los dos campos en la batalla -es decir, los "liberales" y los "conservadores"- es engañoso. Más bien, según The Guardian, "la disputa central es entre aquellos católicos que creen que la Iglesia debería establecer la agenda para el mundo, y aquellos que creen que el mundo debería establecer la agenda para la Iglesia".

Interesante planteamiento el del diario que permite ahondar más, y entender mejor, estos dos bandos y sus principales integrantes.

En primer lugar, los "extrovertidos", como el mismo Papa Francisco, que no tienen miedo a ensuciarse las manos con los problemas mundanos. The Guardian le alaba por haberse dado cuenta, en la cuestión sobre quiénes y quiénes no pueden comulgar en buena conciencia -planteada en la Amoris laetitia, por ejemplo- que "en la práctica, en buena parte del mundo, a las parejas divorciadas y vueltas a casar ya se les ofrece la comunión". Con lo que "[e]l Papa no están proponiendo ninguna revolución, sino el reconocimiento burocrático de un sistema que ya existe, y quizás puede ser esencial a la supervivencia de la Iglesia".


Lo que está en juego no podría estar más claro. Para sobrevivir, la Iglesia necesita más miembros, la producción de los cuales está vetado a quienes cuyo matrimonio ha "fracasado", ya que sin serles concedido la nulidad matrimonial no pueden mantener relaciones plenas con ninguna otra persona. Y por otro lado: si no se puede armonizar la teología de la sexualidad católica y la práctica de lo que hace la vasta mayoría de fieles en sus vidas sexuales, las iglesias pueden vaciarse rápidamente.

Y en segundo lugar, los "introvertidos". Hombres como el cardenal guineano Robert Sarah o el estadunidense Raymond Burke. Aquellos que añoran las dimensiones misteriosas y románticas de la religión, y nada que huele a sentido común o sabiduría convencional. ¿Pero su particular queja de la figura y Iglesia del Papa Bergoglio? Temen que sus enseñanzas, como en la Amoris laetitia, socaven las verdades eternas de la fe -cuya protección es la tarea más importante de la Iglesia- a cambio de una especie de evolución, de un "aprendizaje a través de la experiencia".

Y si el debate sobre el acceso a los sacramentos de las personas viviendo en situaciones familiares llamadas "irregulares" no fuera suficiente para encender la mecha de este conflicto, al menos hay otro factor que hay que introducir en el análisis. Tanto los extrovertidos como los introvertidos son conscientes de que, en el mundo occidental, asistencias a misa -como el bautismo de los bebés- son prácticas cuya observancia ha caído en picado desde el Vaticano II. Como explica The Guardian: "los introvertidos lo achacaron al abandono de las verdades eternas y las prácticas tradicionales; los extrovertidos se sienten que [como resultado del Concilio] la Iglesia no cambió ni lo suficientemente hondo ni lo suficientemente rápido.


¿Hacia dónde vamos, así pues, con este panorama? ¿Con los extrovertidos, encabezados por el Papa, fervientemente reclamando una mayor compromiso de la Iglesia con el mundo y sus realidades menos que perfectas, y con los introvertidos huyendo de todo lo terrenal y escondiéndose en sus misales? The Guardian observa que aún no se puede adjudicar la contienda, ya que en los años de vida que le quedan al Papa èste no verá la verdadera acogida que sus reformas provocarán en los fieles de a pie. Ni, por supuesto, tendrá la oportunidad de ver si su sucesor retrocede en cuanto a su legado.

The Guardian apunta, en el primer par de líneas de su reportaje, que "el Papa Francisco es uno de hombres más odiados hoy". No por "ateos, ni protestantes, ni musulmanes, sino por algunos de sus propios seguidores". El periódico incluso cita a un cura anónimo, un introvertido, que dice que "Ojalá se muera". He aquí, entonces, el meollo del asunto. ¿Cómo puede un católico esperar a que un Papa -cualquier Papa, vicario de Cristo en la Tierra- se muera? ¿Detrás del sentimiento se esconde acaso una carencia de argumentos para discutirlo de forma más humana?

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Padre Pedro Pierre : La muerte vive...



Padre Pedro Pierre

En estos días donde hacemos memoria de nuestros difuntos, la muerte sigue viva porque nosotros le hacemos su cuna y la alimentamos. La muerte no es el final del camino sino el comienzo de otra etapa, de otra manera de vivir. La muerte es hoy cuando destruimos la vida, cuando desperdiciamos el amor, cuando colaboramos al crecimiento de las injusticias, las desigualdades, el odio la indiferencia, cuando no queremos ver la destrucción de la naturaleza y la contaminación del medio ambiente.

Nos preocupamos mucho de nuestros difuntos, tal vez demasiado… ¡En vida, hermano, en vida! Sí, en vida las flores, las felicitaciones, los homenajes. En vida los gritos y las denuncias, en vida el llanto y las lágrimas, para que podamos cambiar la muerte en vida, si así lo decidimos. Somos muertos vivientes cuando dejamos la miseria campante, cuando no hacemos retroceder el hambre, la falta de educación y de salud: la destrucción de los demás contribuye a nuestra propia destrucción.

El final de la existencia no es más que la entrada en otro modo de vivir. Venimos de la vida de nuestros padres, participamos de la energía que anima el universo entero, nos alimentamos de la vida de la naturaleza; poseemos una parcela de vida de Dios. Esta vida toda, la nuestra, la de los demás, de la naturaleza y del universo está habitada, animada, por la fuerza del amor, la capacidad de recrearse y progresar indefinidamente. La vida es primera y tiene la dimensión del universo: no somos más que una partícula del universo, un polvo del inmenso cosmos, una excepción y un milagro a la vez.

Venimos de la vida, venimos del amor, venimos de Dios: porque así podemos llamar la vida y el amor que lo animan todo. El momento de la muerte no es más que este retorno al conjunto de la vida plena y del amor total. La muerte es el abrazo de Dios. Con nuestro nacimiento, materializamos la vida y el amor en nuestro cuerpo… momento pasajero que termina con la muerte. Personalizamos la gran vida y el inmenso amor de Dios. Estamos llamados a manifestarlo como vida y amor: así nos hacemos felices y hacemos felices a los demás: construimos el cielo en la tierra. Esa es nuestra misión: aumentar la vida y agrandar el amor.

Diría que nuestro único culto a Dios es crear más vida y más amor y destruir lo que destruye la vida y el amor. ¿Por qué buscamos a un Dios fuera de nosotros? cuando está en nosotros, cuando es nosotros. La muerte es el gran reencuentro con él. Anticipemos este momento haciendo crecer la vida, toda vida, la propia, la de los demás, la de la naturaleza.

Se cultiva, se protege, se multiplica la vida cuando amamos: cuando nos amamos a nosotros mismos, cuando vivimos el amor en la familia, con las amistades, como pareja, como familia, cuando construimos comunidades, organizaciones, cuando fomentamos toda clase de lucha para hacer retroceder el mal, la injusticia, la muerte… Que nos ayuden nuestros difuntos a lograr esto: ser artesanos de más vida y más amor. Así no tendremos miedo a la muerte y la estaremos haciendo retroceder día a día un poquito más.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

José Arregi: Lutero, profeta hereje


José Arregi

RC.- El martes se cumplen 500 años desde aquel 31 de octubre de 1517 en que Martín Lutero, hombre de mente y de fe iluminada, genio de la palabra y de la escritura, publicó sus célebres 95 tesis. Un texto breve, comedido y agudo. Un texto profético, que marcó el comienzo de las Reformas protestantes y de una nueva Europa.

No hay derecho –denunciaba Lutero– a que el papa venda indulgencias. No hay derecho a que a pobres y ricos –sobre todo a los pobres– les haga creer que después de la muerte podrán quedar libres del terrible fuego del purgatorio a cambio de dinero. No hay derecho a que amargue los gozos de la vida presente con la amenaza de castigos futuros. No hay derecho a que utilice las creencias y los miedos de la gente para llenar su bolsa y las arcas del Vaticano. Está en juego la fe, la vida, el Evangelio.

El papa declaró hereje a Lutero, y le plantó ante la alternativa canónica: o retractación o excomunión. “No puedo ni debo retractarme contra mi conciencia. Que Dios me ayude. Amén”, dijo Lutero. Fue excomulgado. Y se convirtió en profeta hereje.

¿Un profeta hereje? No cabía semejante idea en la teología que me enseñaron a los 20 años, pero luego aprendí que todos los profetas, de un modo u otro, han sido herejes tanto en las religiones como en la política, e incluso a veces en las ciencias. Que solo quienes han cuestionado las verdades heredadas han empujado la historia hacia adelante. Que solo los innovadores han impulsado la humanidad a un futuro mejor, solo los que no se resignan a lo conocido, ni se detienen ni dicen: “Ya está. Esto es”.

El Evangelio me enseñó que también Jesús fue por excelencia un profeta hereje. Prefirió la compasión activa a todas las creencias, ritos y normas religiosas. No le importaron el pecado y la culpa, sino el sufrimiento y las heridas. Tampoco la absolución de la culpa, sino la curación de las enfermedades y la liberación de toda opresión. Nunca se ocupó de indulgencias para el más allá. Anunció la transformación de este mundo, no premios y castigos divinos después de la muerte. Puso primeros a los últimos, y últimos a los primeros. Revolucionó valores, criterios y certezas.

La historia de la Iglesia me enseñó que Santo Tomás de Aquino, que se convirtió luego y sigue siendo aún para muchos el canon de la ortodoxia, fue primero condenado por el obispo de París, y que al final de la vida quiso quemar su Suma Teológica, diciendo: “No es esto, nada de esto”. Y que San Ignacio de Loyola, cuya Compañía se puso al servicio de la Contrarreforma, fue procesado siete veces por la Inquisición a causa de sus Ejercicios, porque en ellos ayuda al ejercitante a hacerse sujeto libre y dueño de sí. Y que Santa Teresa de Ávila vivió siempre estrechamente vigilada por la misma Inquisición porque era mujer, mística y libre. Y que San Juan de la Cruz estuvo encarcelado durante ocho meses en la cárcel del convento de Toledo por ser reformador y por no retractarse de sus ideas reformadoras, por fiarse de su propia fuente, por dejarse guiar por la llama que ardía en su interior, en lo más profundo de todo ser humano y de todas las criaturas. Y así un larguísimo etcétera. No basta con ser hereje para ser profeta, pero nadie puede ser profeta sin ser hereje de una forma u otra.

Lutero denunció y reformó el rígido sistema dogmático y moralista, clerical y jerárquico, aliado de la riqueza y del poder, en que se había convertido la iglesia itinerante de Jesús. Fue profeta.

Y si algo se le debe reprochar es que no lo fuera hasta el fin, que acabara haciendo de su propia profecía herética una nueva ortodoxia y condenando a sus propios disidentes y aliándose con los príncipes para sofocar la liberación de los campesinos.

A pesar de todo, fue y sigue siendo testigo del Evangelio. Testigo de que es la confianza, no el dogma ni el rito ni la moral, la que nos sana y transforma. Testigo de que es el Espíritu viviente, no la sumisa repetición de la letra, lo que hemos de buscar en cualquier texto del pasado. Testigo de que son la libertad y la compasión de Jesús, no las viejas estructuras jerárquicas, las que harán de la Iglesia hogar y sacramento de humanidad. Y, por sus propias sombras, también es testigo de lo mucho que le faltó y nos falta todavía para ser de verdad Iglesia evangélica, profética y reformadora.

(Publicado en DEIA y en los diarios del Grupo NOTICIAS el 29 de octubre de 2017)

domingo, 29 de octubre de 2017

Fray Marcos Rodríguez: SOLO UN MANDAMIENTO, AMAR. SOLO UN PECADO, IGNORAR AL OTRO


Fray Marcos Rodríguez
Mt 22, 34-40

La pregunta sobre el tributo al Cesar se la hicieron los fariseos y herodianos. A continuación, narra Mt otra pregunta de los saduceos sobre la resurrección de los muertos, en la que ellos no creían. Quieren ridiculizar la creencia en otra vida con el supuesto de siete hermanos que estuvieron casados con la misma mujer. Jesús desbarata sus argumentos. Por eso, a continuación, el texto de hoy dice: “Al oír que había hecho callar a los saduceos”, los fariseos vuelven a la carga: ¿Cuál es el primer mandamiento?

La pregunta no era tan sencilla como puede parecernos hoy. La mayoría de los juristas consideraba que todos los mandamientos tenían la misma importancia. Otros defendían que guardar el sábado era la primera obligación de todo israelita. También había quien defendía el amor al prójimo como el principal. A nadie se le había ocurrido que el principal mandamiento fueran dos. En Mt y en Mc, Jesús responde recitando la “shemá” (escucha), que todo israelita piadoso recitaba dos veces cada día (Dt 6, 4-9); pero en Mt Jesús añaden una referencia al (Lev 19,18) que prescribe amar al prójimo como a ti mismo.

La originalidad de Jesús está en unir los dos mandamientos. De hecho, lo único que hace es citar dos textos del AT. No se trata solo de una yuxtaposición o de una equiparación. Se trata de una identificación en toda regla, que además, prepara el terreno a Jn para poder decir con rotundidad: “un mandamiento nuevo os doy, que os améis unos a otros como yo os he amado” (Jn 13,34). Es el mandamiento nuevo, que convierte la Ley en vieja. Después de 20 siglos, seguimos sin aceptar la diferencia entre AT y NT.

El valor absoluto de cada persona es una propuesta exclusiva de Jesús. Hasta entonces el individuo no contaba más que como perteneciente e integrado en el grupo. Desde esa perspectiva, lo único que interesaba eran las manifes­taciones del amor, no el amor mismo. De ese modo, el precepto recaía sobre las manifestaciones. El amor que exige Jesús, no se puede alcanzar con el cumplimiento de un precepto. Ya no se trata de una ley, sino de una actitud. “Un amor que responde a su amor”. El amor que pide Jesús no se impone.

El concepto de “prójimo” es modificado por Jesús de manera sustancial. Para un judío, prójimo era el que pertenecía al pueblo y, a lo sumo, el prosélito. Jesús desbarata esa barrera y postula que todos somos exactamente iguales para Dios. El cristianismo no siempre ha sabido trasmitir esta idea de igualdad y hemos seguido creyendo que nosotros somos los elegidos y que Dios es nuestro Dios, como los judíos de todos los tiempos.

Jesús no propone un amar a Dios ni un amor a él mismo. Dios ni ama ni puede ser amado, es amor. La exigencia de Jesús no es con relación a Dios, sino con relación al hombre. Cuando seguimos proponiendo los mandamientos de la “Ley de Dios” como marco para la vida de la comunidad, es que no hemos entendido el mensaje de Jesús. S. Agustín lo entendió muy bien cuando dijo: “Ama y haz lo que quieras”. Pero Pablo lo había dicho con la misma claridad: “Quien ama ha cumplido el resto de la Ley”. No se trata de una nueva ley, sino de hacer inútil toda ley, toda norma, todo precepto.

El “como a ti mismo” (también superado por Jesús: “como yo os he amado”) necesitaría un comentario más extenso. Únicamente diré, que el amor solo se puede dar entre iguales. Si considero superior o inferior al otro, mi relación con él nunca será de amor. Desde esta perspectiva, ¿a dónde se van todas nuestras “caridades”? Lo que nos pide Jesús es que quiera para los demás todo lo que estoy deseando para mí. ¡De verdad creo hacer caridad cuando doy al mendigo la ropa vieja que ya no voy a utilizar!

Una vez más tenemos que resaltar la imposibilidad de aceptar el mensaje de Jesús sin abandonar la idea de Dios el AT. Esta es la trampa en la que cayeron los primeros cristianos que eran todos judíos. Aquí está, también, la clave para entender tantas aparentes contradicciones en los evangelios. Lo que pide Jesús es más de lo que puede enseñar cualquier institución. La excesiva fidelidad a la institución nos impide alcanzar el mandamiento nuevo. Por eso Jesús criticó tan duramente las instituciones religiosas de su tiempo (Templo, Ley, culto); se habían convertido en un obstáculo para llegar al hombre.

El amor consiste en desarrollar la capacidad que tiene un ser de salir de sí, e ir al otro para enriquecerle y enriquecerse como persona. A Dios no se le puede amar directamente ni mucho ni poco, porque no le podemos conocer. Dios no es un sujeto con el que me pueda encontrar. No es nada distinto de mí o de la creación. No está en el cielo ni en ninguna otra parte. Amar a Dios no es hacer algo por Él, sino dejar que Él, que es amor, te encuentre. Demostraré que estoy abierto al Amor, que es Dios, si amo a los demás. Si dejo de amar a una sola persona, puedo estar seguro de que lo que me mueve no es el amor, sino el egoísmo, el instinto, la pasión, el interés o la simple programación.

No responde a necesidades de algún aspecto de mi ser. Acontece en la profundidad del ser, incluyendo todos sus aspectos. Es el único camino para un crecimiento armónico del ser, impidiendo que la parte material y biológica del mismo, se imponga y arrastre a la parte más noble, malográndolo sus posibilidades de ser humano. El superar el egoísmo no significa una renuncia a nada, sino un acopio de humanidad. No suprime ninguno de los aspectos de nuestra humanidad, sino que los colma y les da su verdadero sentido.

El amor no es algo que se pueda alcanzar directamente, sino una consecuencia del conocimiento. Los escolásticos decían: “no se puede amar nada, si antes no se conoce”. Pero debemos añadir, que no basta con conocer, debo conocerlo como bueno para mí. El conocimiento racional será siempre egoísta, porque solo puede apreciar lo que es bueno para mi parte sensitiva. Solo de un conocimiento vivencial puede nacer el verdadero amor. Si necesito motivos interesados para amar, no es amor. Si amamos para hacer un favor, tampoco funciona. Tengo que descubrir que soy yo el que me enriquezco al amar. Ese enriquecimiento se produce en mi verdadero ser, y eso no nos interesa demasiado.

El mayor peligro a la hora de comprender el amor es que lo confundimos con el deseo de que el otro me quiera. El deseo de que otro me ame es instintivo y no va más allá del interés egoísta. La mayoría de las veces, cuando decimos te amo, en realidad queremos decir: “quiero que me quieras”. Esto no tiene nada que ver con el mensaje de Jesús. Cuando oímos decir a una persona: no puedo vivir sin ti; en realidad, lo que está diciendo es: no te voy a dejar vivir, porque te voy exigir que vivas solo para mí.

Es ignorancia creer que podemos amar a Dios aunque no amemos al prójimo; o peor aún, que podemos amar a uno mucho y a otro poco o nada. El amor es uno solo porque es una actitud personal. El amor queda especificado en la persona que ama, no por la persona amada. Tiene que existir antes de manifestarse. Lo que llega a los demás, lo que se percibe al exterior, son solo las manifestaciones de ese amor. La actitud vital es única en cada persona, pero el amor tengo que manifestarlo de distinta manera, a cada uno.


Meditación

La buena noticia de Jesús, es que puedo identificarme con Dios.
El amor que Jesús nos pide es fruto de un descubrimiento,
que solo puedes hacer viajando hacia tu interior.
Más allá de lo razonable, tú puedes descubrir la Vida.
La VIDA de Dios está en ti y está en todas las cosas.

viernes, 27 de octubre de 2017

[AMERINDIA, Puebla: Concluye en Puebla el Encuentro Intergeneracional de Teología de la Liberación “La fuerza de los pequeños”


AMERINDIA
Puebla

Con una eucaristía en memoria de monseñor Óscar Romero, presidida por Juan Hernández Pico, concluyó el Encuentro Intergeneracional de Teología de la Liberación “La fuerza de los pequeños”, que reunió en Puebla, del 12 al 14 de octubre, a casi una cincuentena de teólogas y teólogos del continente.

Tradición teológica liberadora

El inicio de la última jornada estuvo marcado por la reflexión en torno a la tradición teológica liberadora, tema del panel en el que intervinieron Agenor Brighenti, de Brasil, Diego Irarrázaval, de Chile, Marta Zechmeister, de El Salvador, y Geraldina Céspedes, de Guatemala.

En un primer momento, Geraldina Céspedes se refirió a la teología de la liberación como una teología que toma en serio la contextualidad, la subjetividad y la alteridad, retomando, por una parte, “los puntos esenciales de esta manera de reflexionar el seguimiento de Jesús a partir del compromiso transformador asumido al interior de los distintos contextos históricos en que nos ha tocado vivir”, y, por otra parte, identificando “los puntos clave de la tradición teológica de la liberación y la forma en que se han ido desarrollando en momentos y contextos históricos distintos”.

En torno a las características de una teología plural en movimiento, Agenor Brighenti recordó que “la teología de la liberación alimentó la resistencia de la Iglesia de la Liberación, desde sus principios y particularmente en las últimas tres décadas, marcadas por una involución eclesial, con el reflujo de una postura de neocristiandad”. Concretamente, subrayó el carácter regional de la teología de la liberación, la praxis como mediación histórica, la teología de la liberación como inteligencia de una Iglesia liberadora, así como algunos componentes que configuran la teología de la liberación como una teología desde la óptica del sujeto social –el pobre–, situada en el lugar social de los pobres –la periferia–, y desde el reverso de la historia, sin dejar de referirse, a las periferias situadas en un mundo globalizado y plural.

Marta Zechmeister, por su parte, destacó el legado de los mártires de la liberación, es decir, “de los hombres y las mujeres que hicieron presente el misterio de la muerte y la resurrección de Jesús, poniéndose del lado de las víctimas”. Ante la realidad del pueblo crucificado –y su calvario–, con el que se identificaron los mártires, Zechmeister planteó la necesidad de apelar a “nuevos lenguajes que permitan recuperar la fuerza liberadora de la teología, con un nuevo vigor, a favor de los marginados”.

En la última intervención del panel, Diego Irarrázaval disertó sobre los cimientos y las causes de la teología de la liberación. “Estamos en medio de un cambio de época que trastoca, y a la vez abre horizontes”, propuso, señalando la necesidad de “regenerar el caminar eclesial y teologal” a través de una reflexión transversal. “Lo transversal implica –a mi parecer– reconocer el entrecruzamiento de preguntas primordiales y de labores en terrenos teológicos, es una categoría que reconoce al ‘otro’, y lo hace desde el reverso. En este encuentro en México se hace entre generaciones: hay distancias cronológicas y hay procesos diferentes, nos une el indagar y admirar el misterio cristiano con los ojos y esperanzas de gente pequeña”.

Además de estas sugestivas miradas e interpelaciones que tuvieron lugar durante el panel, el conversatorio intergeneracional que se desarrolló a continuación –tercero y último del encuentro– visibilizó tres perspectivas de cara a la dimensión teologal de los procesos sociales.

El teólogo jesuita Juan Hernández Pico, de El Salvador, analizó “el descarrilamiento de los procesos revolucionarios centroamericanos”, a partir de una experiencia personal y, sin embargo, de dimensiones estructurales –especialmente en torno a los procesos políticos y revolucionarios de Guatemala, El Salvador y Nicaragua– que lo ha llevado a “buscar y encontrar a Dios en medio del fracaso”.

La realidad de los pobres como sacramento

También la teóloga peruana Paola Polo se refirió a su experiencia personal –con sus implicaciones sociales– al acentuar “una teología de la vida y para la vida”, considerando “la realidad de los pobres como sacramento (…), desde la escucha atenta de las voces, pero sobre todo desde el diálogo cordial”. Se trata, por tanto, de “un diálogo desde lo humano”.

El teólogo español Juan José Tamayo fue el último que intervino en el conversatorio, sugiriendo la necesidad de ubicar el quehacer teológico desde los nuevos escenarios globales, caracterizados por la incidencia del capitalismo en su versión neoliberal, el colonialismo en su versión neocolonialista, el patriarcado como sistema de dominación estructural, el antropocentrismo, el fundamentalismo religioso, la democracia sometida al asedio del mercado, el racismo epistemológico, la heteronormatividad, el imperialismo y el armamentismo. “No se puede olvidar, sin embargo, el clamor de los migrantes, de los refugiados y de las fronteras, que nos piden pasar de la exclusión a la hospitalidad”, concluyó Tamayo.

Agenda

A partir de estos aportes y de las elaboraciones teológicas de los días precedentes –particularmente en los espacios de ‘minga’ o ‘tequio’ teológico– el último momento del encuentro se dedicó al discernimiento de una posible agenda para transitar, durante los próximos años, frente a los desafíos actuales que representa “hacer teología de la liberación desde las nuevas resistencias y esperanzas”.

Desde las múltiples iniciativas postuladas a nivel de producción, articulación-organización, y medios o canales de difusión, se confió al equipo organizador la tarea de concretar la propuesta de agenda que buscará dar continuidad al encuentro intergeneracional y apoyar los procesos de reforma eclesial del pontificado de Francisco.

Amerindia continuará comunicando los frutos de esta experiencia de construcción colectiva que desencadenará nuevos itinerarios intergeneracionales, para proyectar la teología de la liberación ante los actuales sujetos y escenarios socio-eclesiales, también con miras a la celebración de los 50 años de Medellín (II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano), en 2018.

Foto: Universidad Iberoamericana de Puebla.

jueves, 26 de octubre de 2017

Padre Pedro Pierre: Ay, familia: despertemos



Padre Pedro Pierre

Los distintos medios de comunicación nos están dando de la familia una imagen bastante catastrófica. De hecho, la realidad es bastante penosa. Dos parejas sobre tres se separan o divorcian. El promedio de abusos sexuales en niñas y niños es grande y, escandalosamente, proviene mayoritariamente de los mismos familiares. El acoso sexual es bastante generalizado por la deformación machista de los varones: un atraso cultural bastante vergonzoso.

El embarazo precoz proviene grandemente de la falta de diálogo en la familia y de una educación sexual seria en las escuelas y colegios. La venta de droga en la calle y de manera cercana a las instituciones educativas es obra de los mismos adultos del lugar, que se olvidan de que son padres de familia. Las telenovelas, las chismografías televisivas y los shows bailables se acercan a la pornografía más descarada. Un adulto sobre dos no encuentra trabajo asalariado, sino que sobrevive gracias a ventas informales… y la ociosidad es la madre de todos los vicios.

En esta situación desgarradora donde campea la irresponsabilidad, ¿cómo pueden crecer sana y responsablemente, nuestros niños y jóvenes? ¿Qué herencia dejamos a la generación que viene? Todos estamos envueltos en el problema: todos tenemos que involucrarnos en la solución para cambiar lo que sí podemos cambiar. Esta nueva manera de ser y convivir no la van a crear las leyes ni los jueces o policías, peor las manifestaciones callejeras con eslóganes hirientes y contenidos dudosos.

Nuestro entorno cambia por nuestra transformación personal, el respeto de cada persona, la decisión de las parejas, la responsabilidad de los padres, la coherencia de nuestras acciones con un ideal de vida que busca dignidad personal, ternura y amor en las relaciones familiares, fraternidad entre las personas, justicia y honestidad, participación política, economía equitativa. Es un cambio de vida y de sociedad que necesitamos todos que no podemos dejarlo ‘a la buena de Dios’, es decir, a la irresponsabilidad, porque Dios no hace las cosas sin nosotros y nosotras.

¿Por dónde comenzar? Hay que empezar ahora y por nosotros. En ese camino no hay perdedores. Convenzámonos primero que en nuestras casas y familias podemos vivir mucho mejor, porque este espacio es nuestro y allí decidimos cómo actuar. Luego es muy necesario amarnos, aceptarnos, valorarnos, reconocer que somos importantes y capaces de grandes cosas si cuidamos los detalles de nuestro vivir individual y convivir colectivo. En fin, pongámonos metas suficientemente altas y empeñémonos a batallar para alcanzarlas poco a poco… pero organizadamente. La organización es la fuerza de la vida y de la convivencia humana. Solo juntos podemos salir adelante.

Ecuador es lo que lo hacemos. Dejemos de echar la culpa a otros de ayer y de hoy. Pongámonos a construir juntos la sociedad que queremos en los distintos lugares donde nos desenvolvemos. Cada vez más personas lo dicen: “¡Pongámonos de pie, enfrentemos las dificultades y superémonos a nosotros mismos!”.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Leonardo Boff: La fuerza de los pequeños: la Teología de la Liberación


Leonardo Boff

Siempre que se celebra un Foro Social Mundial, tres días antes, se celebra también un Foro Mundial de la Teología de la Liberación. Participan más de dos mil personas de todos los Continentes (Corea del Sur, varios países de África, Estados Unidos, Europa y de toda América Latina) que practican ensus trabajos este tipo de teología. Ella implica tener siempreun pie en la realidad de la pobreza y de la miseria y otro pieen la reflexión teológica y pastoral. Sin este maridaje no existe Teología de la Liberación que merezca ese nombre.

Cada cierto tiempo hacemos nuestras evaluaciones. La primera pregunta es: ¿cómo está el Reino de Dios aquí ennuestra realidad contradictoria? ¿Dónde están las señales delReino en nuestro Continente, pero también en China, enÁfrica crucificada, especialmente en medio de los pequeños de nuestros países? Preguntar por el Reino no es preguntar cómo está la Iglesia, sino cómo va el sueño de Jesús, hecho de amor incondicional, de solidaridad, de compasión, de justicia social, de apertura a lo Sagrado y qué centralidad se da a los oprimidos. Estos y otros valores forman el contenido de lo que llamamos Reino de Dios, el mensaje central de Jesús. Elnombre es religioso pero su contenido es humanístico y universal. Él vino a enseñarnos a vivir esos valores y no simplemente a trasmitirnos doctrinas sobre ellos.

Igualmente, cuando se pregunta cómo va la Teología de la Liberación, la respuesta está contenida en esta pregunta:¿cómo están siendo tratados los pobres y los oprimidos, las mujeres, los desempleados, los pueblos originarios, los afrodescendientes y otros excluidos? ¿Cómo entran en lapráctica liberadora de los cristianos? Conviene subrayar quelo importante no es la Teología de la Liberación sino laliberación concreta de los oprimidos. Esta es una presencia del Reino y no la reflexión que se hace.

Del 12 al 14 de octubre unos 50 teólogos y teólogas de toda América Latina tuvimos un encuentro en Puebla (México). Fue organizado por Amerindia, una red de organizaciones yde personas comprometidas con los procesos de transformación y de liberación de nuestros pueblos. Estareunión, hecha en clave cristiana y crítica, analiza el momento histórico en que vivimos, con una perspectiva holística, enfatizando los contenidos místicos/proféticos y metodológicos de la Teología de la Liberación, hecha a partir de esa realidad.

Allí estaban algunos de los “padres fundadores” de este tipo de teología (a principios de la década de 1970), todos entre 75-80 años, que se encontraban con la nueva generación de jóvenes teólogos (indígenas entre ellos) y teólogas (algunas negras e indígenas). Con un sentido profundamente igualitario y fraterno, queríamos identificar nuevas sensibilidades, nuevos enfoques y maneras de procesar ese tipo de teología, qué dignidad atribuimos a los que no cuentan y son invisibilizados en nuestra sociedad de corteneoliberal y capitalista.

En vez de conferencias –hubo solo dos introductorias en laapertura– preferimos trabajar en mesas redondas, enpequeños grupos y hacer intercambios en conjunto. De esta forma todos podían participar en un enriquecimientofecundo. Había teólogos/as que trabajaban en medio de indígenas, otros en las periferias pobres de las ciudades, otros en la cuestión de género (como superar relaciones de poder desiguales entre hombres y mujeres) en toda una región, otros eran profesores e investigadores universitarios peroorgánicamente vinculados a los movimientos sociales. Todos venían de experiencias fuertes y hasta peligrosas, especialmente en América Central con los cárteles delnarcotráfico, las desapariciones, las “maras” (crimenorganizado de jóvenes violentos) y la violencia policial. Todos los trabajos fueron transmitidos por internet y había miles de seguidores en todo el Continente.

No se puede resumir la densidad reflexiva de tres días de trabajo intenso, pero quedó claro que hay distintas formas de entender la realidad (epistemologías), ya sea de los pueblos originarios, sea de los afrodescendientes, sea de hombres y mujeres marginados e integrados. Para todos era evidente que no se puede resolver el problema de los pobres sin la participación de los propios pobres. Ellos deben ser los sujetos y protagonistas de su liberación. Nosotros estamos dispuestos a ser aliados y fuerza secundaria.

La Teología de la Liberación de los “viejos” y de los nuevos escomo una semilla que representa la “fuerza de los pequeños”, lema del encuentro. Esa semilla no murió. Seguirá viva mientras haya un único ser humano oprimido que grite por liberación.

Recordamos el poema de Pablo Neruda: “¿Cómo saben las raíces que deben subir a la luz y luego saludar al aire con tantas flores y colores?” Con Dostoievsky y con el Papa Francisco creemos también que fundamentalmente lo que salvará al mundo es la belleza, fruto del amor a la vida y a aquellos que injustamente menos vida tienen.