MONS. GONZALO LOPEZ M.

MONS. GONZALO LOPEZ M.

martes, 25 de marzo de 2014

CONSIDERACIONES PERSONALES SOBRE EL COMPONENTE CATOLICO DE LA CRISIS VENEZOLANA



Miguel Matos s.j

Para hablar de componente religioso católico de la actual crisis venezolana, lo primero que se debe hacer es demarcar los sectores que abarca ese universo religioso católico. Una cosa es la dirigencia formal oficial católica y otra es la realidad del pueblo mayoritario informal creyente. En este aspecto del análisis se hace muy pertinente subrayar el caracter de enfrentamiento de intereses clasistas que está permeando toda la actual realidad venezolana. Esta condición de enfrentamiento de intereses clasistas no se verbaliza excesivamente e incluso se trata de enmascarar siempre. El sector que funje como portavoz de la Institución Eclesiástica podríamos agruparlos en los siguientes sujetos:La Conferencia Episcopal, las Directivas de los Religiosos y Religiosas, las Instituciones de Educación Católica y el clero diocesano.El mundo laical no tiene representatividad significativa. Las pocas veces que se expresa lo hace como apéndice de la intitucionalidad oficial. Todo este sector que hemos nombrado está mayoritoriamente volcado hacia la oposición, o sea, adversan al Proceso Bolivariano.

A este posesionamiento ha contribuido en primer lugar la ubicación socioeconómica real de esos sectores en los estratos clase alta y clase media alta. La Conferencia Episcopal está constituida por sujetos cuyo asenso eclesiástico significa casi necesariamente una subida de status y un distanciamiento con respecto a las mayorías populares. La Educación Católica , exceptuando la gran obra educativa de Fe y Alegría que es muy popular, el resto está constitudo por instituciones que sirven a las clases medias y altas. El clero diocesano ha ido desplazándose aceleradamente hacia la atención de los sectores más conservadores y tradicionales de la sociedad. La presencia de la Iglesia Institucional entre los así llamados "pobres", en este momento es muy puntual y la situación se agrava en la medida que aumenta acelerada y cuantitativamente la presencia de las iglesias evagélicas que están "arrasando" en las barriadas populares.

En lo referente a la Conferencia Episcopal hay que tomar en cuenta el hecho de que nos ha tocado en este período una generación de obispos en donde se permite muy poco la diferenciación, la independencia de criterios, la libertad de pensamiento para elevar de alguna manera el discurso tan chato y tan irrelevante intraeclesial. Esto parece ser el perfil promedio del tipo de obispo promovido durante el Pontificado de Juan Pablo II. El clero diocesano egresa de seminarios en los que predomina una formación muy conservadora religiosa y sociopolíticamente. Ambos sectores todavía le temen al "coco" de la Teología de la Liberación y más aún al "demonio" del Comunismo.

A todo esto habría que agregar que la Iglesia Católica Universal está hoy día viviendo una de sus épocas menos "cristianas", o sea, menos impactadas por el mensaje de Jesús de Nazareth. Esto significa que, por ejemplo, la referencia a las predilección de Jesús de Nazareth por los pobres, en este momento casi no tiene eco en la mentalidad promedio católica actual. Un ejemplo descorazonador en este particular lo ofrece la Educación Católica. Si el catolicismo no tiene un referente cristiano suficientemente radical, el desplazamiento hacia la derecha es practicamente inevitable. El comienzo del Pontificado del Papa Francisco, sus actuaciones todavía informales, nos ha llenado de muchas esperanzas precisamente por el tono tan discordante con todo lo anterior, que está significando su estilo.

¿ Qué se puede esperar de ese universo católico que hemos descrito ? Lo mínimo que se puede decir es que un planteamiento tan radicalmente popular clasista como el que hace el proceso bolivariano, está casi en las antípodas con el ideario sociopolítico católico. Apenas empezó a exhibirse la ideología bolivariana, enseguida se soltaron las emergencias anticomunistas y ultraderechistas en los ambientes católicos.

Tomando como premisa esa desaveniencia ideológica y clasista tan fundamental, solo era cuestión de tiempo el que comenzaran a multiplicarse los desencuentros entre los personeros representativos de ambos polos. Cada paso que avanza el proceso bolivariano, no puede dejar de ser adversado por el conservadurismo católico.

Así llegamos al momento actual: En Venezuela los poderes económicos nacionales e internacionales, el Poder Político Militar Internacional han desatado un golpe de estado "blando". Para la puesta en práctica de ese golpe de estado cada sector debe llevar hasta sus últimas consecuencis sus posesionamientos ideológicos. La institución católica está haciendo lo propio. Eso lo hace con una estrategia en la que se combinan grandes silencios sobre situaciones evidentemente pecaminosas como son las destrucciones, crímenes y violencias, obviamente rechazables, y pronunciamientos lo suficientemente ambiguos como para mantener ciertas apariencias. Pero en la práctica la institución eclesiástica está repitiendo la misma actitud colaboracionista con el golpe de estado tal como lo hizo en el golpe contra el Presidente Chavez del 2002.

Este posesionamiento de la dirigencia católica no tiene en este momento casi ninguna influencia en los ambientes populares dado el distanciamiento del que hablamos anteriormente y dada la presencia tan respetable del movimiento evangélico. Pero a nivel mediático, sobre todo internacional sí tiene su efecto nocivo.

El descenlace que va a darse en esta emergencia política venezolana actual, muy posiblemente va a decidirse al favor del Gobierno Bolivariano no en la forma de una victoria definitiva y final, pero si de una victoria suficientemente sólida como para darle continuidad y radicalidad al proceso bolivariano. Esto, entre otras cosas, va significar otro revez para la institucionalidad católica.

El descenlace va a significar también un revez para algunas agrupaciones políticas de reciente fundación y para sectores como el estudiantil que ya no podrá exhibir a los cuatro vientos para todo el país nacional, la inocua imagen del "manitas blancas".

lunes, 24 de marzo de 2014

“Monseñor Romero celebraba en la forma más humilde, se iba para los cantones”: Gaspar Romero


Feligreses ante la tumba del arzobispo mártir
Oscar Arnulfo Romero,
en el marco de la celebración de su natalicio.
Romero cumpliría 97 años de edad.

Joaquín Salazar
Redacción Diario Co Latino

Cientos de Salvadoreños celebraron el cumpleaños número 96 del Obispo Mártir, Oscar Arnulfo Romero, donde clamaron a una voz por la Paz del país y la pronta canonización del obispo. Dichos actos de celebración se realizaron en la cripta de Monseñor en Catedral Metropolitana.

“Monseñor Romero celebraba en la forma más humilde, se iba para los cantones para evitar que le hicieran fiesta”, recordó Gaspar Romero, hermano menor de Monseñor Romero, además agregó que el Obispo Mártir prefería estar rodeado del pueblo.

Entre cánticos y las mañanitas entonadas por el coro de la Iglesia Nuestra Señora de Lourdes, de Apopa, los salvadoreños conmemoraron el nacimiento de Monseñor Romero, quien es ya proclamado por el pueblo como “San Romero de América”

Monseñor Oscar Arnulfo Romero nació en Ciudad Barrios, departamento de San Miguel, el 15 de agosto de 1917, de familia humilde, “siempre se presentó como una persona tímida y respetuosa”, le recuerdan quienes lo conocieron.

El Martirio de Monseñor Romero es recordado cada 24 de Marzo, fecha en que recibió un balazo mientras oficiaba misa en la Capilla del Hospitalito de la Divina Providencia. Según investigaciones de la Comisión de la Verdad el hecho fue planificado por Roberto d’Aubuisson, fundador del partido político de ARENA. El que ejecutó el disparo fue un subsargento de la ex tinta Guardia Nacional de nombre Marino Samayoa, quien era miembro de la seguridad del expresidente Arturo Armando Molina.

Sin embargo, para el pueblo salvadoreño Romero vive en los corazones de grandes y pequeños, quienes recuerdan cada palabra y hecho a favor de quienes en momento de conflicto armado lo necesitaron.

Gaspar Romero, hermano menor del Obispo Mártir recuerda a Monseñor como un hermano querido y como salvadoreño respetado donde destaca por su labor a favor de los pobres.
“Lo que más recuerdo son las virtudes, yo recuerdo mucho sus virtudes porque yo no era muy dado para perdonar, y él me decía” no, tienes que perdonar, no tienes que enojarte”, expresaba con una sonrisa Gaspar Romero al hablar de Monseñor.

Además, Gaspar reconoce el trabajo y su legado (de Monseñor), el cual realizaba con los pobres por quienes vivía y respiraba cada día. Según Gaspar, Monseñor siempre pensaba en los demás antes que en él mismo, donde no aceptaba obsequios de la burguesía porque no era para los más necesitados del país.

Para El Salvador y El Mundo ya es “San Romero de América”

Con una fe y una esperanza creciente, la feligresía salvadoreña celebra los 96 años de nacimiento de Monseñor Romero, sin embargo, con el reciente nombramiento del Cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio, como Papa, las esperanzas de beatificación han crecido en los últimos meses.

“La Cercanía que tiene el Papa Francisco con Monseñor Romero, realmente puede acelerar este proceso de canonización, pero una cosa quiero subrayar es que el pueblo de El Salvador y el Latinoamericano ya le ha canonizado”, comentó el Padre Martin Mayer, profesor de Teología de la Universidad Centroamericana (UCA).

Para la feligresía salvadoreña, esa frase del Papa Francisco de “Una iglesia pobre para los pobres”, expresa literalmente el trabajo que por muchos años luchó Monseñor Romero.
Sin embargo, para el pueblo, Monseñor ya está en los corazones de miles de salvadoreños. “Creo que sería algo muy grande para el país de El Salvador, tan importante, no porque nos sintamos orgullosos de tener un santo, sino que tenemos un hombre humilde y sencillo”, comentó Eva del Carmen Menjívar, quién conoció de cerca a Monseñor Romero en Ciudad Barrios.

Para Gaspar Romero, el obispo ya es “San Romero de América”, debido a los reconocimientos y los milagros que ha hecho y que existen pruebas en la capilla de la divina providencia, donde le agradecen sus milagros.

El Mundo reconoce a “San Romero de América”

Alrededor del Mundo, el legado y obra del obispo Mártir es reconocida. Fue el primer salvadoreño en obtener una nominación al premio Nobel de la Paz, también reconocido en la galería de Mártires del siglo XX en la Abadía de Westminster y otros galardones a nivel internacional. Se le sumarán un monumento en Londres e Italia.

En Londres se realizará un monumento de una Cruz decorada con las partes del mural que tenía Catedral Metropolitana, el cual será realizado por Fernando Llort, quien ganó el concurso para hacer el monumento, el cual será inaugurado en septiembre.

Según el hermano de Monseñor, en la Ciudad de Vaticano se ha regalado un terreno para hacer un monumento pero por falta de economía se está recolectando llaves para fundirlas y crear su monumento.

Por otra parte, la celebración del cumpleaños de Monseñor no se vio opacada por la homilía realizada en el templo principal de catedral, donde el candidato a la Presidencia de ARENA y hasta ayer alcalde de San Salvador, se despedía de su trabajo como edil capitalino para trabajar de lleno por su candidatura.

domingo, 23 de marzo de 2014

El agua viva está en lo hondo de ti.


(Ex 17,3-7) “golpearás la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo”.
(Rom 5,1-8) “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones”.
(Jn 4,5-42) “se convertirá en él en un surtidor que salta hasta la vida eterna”.

El agua viva está en lo hondo de ti. La verdadera Vida nunca vendrá de fuera, descubrirla dentro de ti y avivarla es tu principal tarea.

Hoy y los dos próximos domingos vamos a leer evangelios de Juan: La Samaritana, el ciego de nacimiento y Lázaro. El “yo soy” característico de Jn, se repite en los tres: yo soy agua, yo soy luz, yo soy vida. En Jn todo son símbolos que quiere trasmitirnos la teología, más avanzada de todo el NT. Esto no quiere decir que el hecho no haya sucedido. Seguramente sucedieron cosas parecidas más de una vez.

El de hoy es una catequesis en toda regla, que invita a un seguimiento de Jesús como dador de verdadera Vida. Los cambios que propone en la manera de relacionarse el hombre con Dios, nos debían hacer pensar un poco. Ni en este templo, ni en Jerusalén, ni en ningún otro templo se puede dar el verdadero culto a Dios. Lo que entendemos por culto, en la mayoría de los casos no es más que idolatría, un intento de domesticar a Dios.

Jesús se encuentra de paso por Samaría. Samaría y Galilea eran una misma nación, antes de la división entre Judea y Palestina. Aunque tenía los mismos antecedentes religiosos, su trayectoria había sido muy distinta. Por eso, los samaritanos eran despreciados por los judíos como herejes. El peor insulto para un judío era llamarle samaritano.

El manantial de Jacob era un pozo muy famoso por ser el único en toda la región. Estuvo en uso desde el año 1000 a. C. hasta el 500 de C. no hace falta destacar la importancia del agua para la vida de una comunidad. Sin agua la vida es imposible, por eso se convirtió, con el de la luz, en el símbolo de la Vida en el espíritu.

Jesús va ocupar el lugar del pozo. Él es el agua viva, que va a sustituir la ley el templo. La sustitución de templo y Ley por Jesús, es la clave de todo el relato. La mujer no tiene nombre, representa la región de Samaría que va a apagar su sed en la tradición (el pozo). Jesús está solo. Se trata del encuentro del Mesías con Samaría, la prostituta, la infiel. El profeta Oseas de Samaría había denunciado la prostitución de esta tierra.

Jesús toma la iniciativa y pide de beber a la Samaritana. Se acerca a la mujer implorando ayuda. Ella tiene lo que a él le falta y necesita, el agua. Es lógica la extrañeza de la mujer. Jesús acaba de derribar una doble barrera: la que separaba a judíos y samaritanos y la que separaba a hombres de mujeres. Se presenta como un ser humano sin pretensiones por el hecho de ser judío. Reconoce que una mujer puede aportarle algo valioso.

Jesús le ha pedido un favor, pero está dispuesto a corresponder con otro mucho mayor. Jesús se muestra por encima de las circunstancias que separan a judíos y samaritanos; se niega a reconocer la división, causada por las ideologías religiosas. La mujer no conoce más agua que la del pozo, figura de la ley, que solo se puede conseguir con el esfuerzo humano. No ha descubierto que existe un don de Dios gratuito.

El agua-Espíritu que da Jesús, se convierte en manantial que continuamente da Vida. Así desarrolla a cada humano desde su dimensión personal. No se trata de añadidos externos (Ley). El Hombre recibe Vida en su raíz, en lo profundo de su ser. Como el agua hay que extraerla del pozo, el agua del Espíritu hay que sacarla de lo hondo de uno mismo.

La dificultad de comprender el mensaje está muy bien expresada con el equívoco que se mantiene durante la conversación. Jesús habla del Vida y la Samaritana habla del agua para beber. La mejor demostración de que mantenemos la ambivalencia es que nos han puesto como primera lectura el pasaje de Éxodo donde la prueba de que Dios está o no está con el pueblo es que les dé o no el agua para beber.

El sentido de los versículos, que se refieren a los maridos, hay que buscarlo en el trasfondo profético, que nos lleva a la infiel relación de Samaría con Dios. En Os 1,2 la prostituta y en Os 3,1 la adúltera, son la imagen del reino de Israel que tenía a Samaría como capital. Su prostitución consistía en haber abandonado al verdadero Dios.

Los samaritanos eran descendientes de dos grupos: a) resto de los israelitas que no fueron deportados cuando cayó el reino del norte en el 722 a, C.: b) Colonos extranjeros traídos de Babilonia y Media por los conquistadores. Estos trajeron también sus dioses que con el tiempo, fueron aceptados por el resto de los habitantes. Entre los samaritanos y los judíos había una verdadera confronta­ción, sobre todo por razones teológicas.

El número cinco es simbólico: Los samaritanos admitían solo los 5 libros del Pentateuco. Los colonos traídos por los asirios eran de 5 ciudades y de cada una habían traído su propio dios. En 2 Re 17,24 se mencionan 5 ermitas en el territorio de Samaría. En hebreo se usaba el termino "Ba´al" (dueño, señor) para designar al esposo, pero era también el nombre de una divinidad. El simbolismo es claro. La mujer que representa a Samaría ha tenido cinco dioses, y el que tiene ahora (Yahvé) al compartirlo, tampoco es su (Ba´al).

Samaría se ha entregado a otros maridos-señores-dioses (ba´alim). Está pues alejada de Yahvé. La única solución es recuperar su verdadero esposo (Dios). Os 2,18: “Aquel día... me llamarás esposo mío, ya no me llamarás baal mío. Le apartaré de la boca los nombres de los baales”. Jesús dice la mujer que su culto está prostituido, eso explica que ella pase más tarde al tema del templo.

La mujer reconoce su situación. Pretendían dar culto al Dios de los judíos, pero al admitir otros dioses, en realidad habían roto con él. En Jesús se personifica la actitud de Dios que no ha roto con ella, sino que la busca. El agua tradicional (Ley) no había apagado la sed. La búsqueda les había llevado a la multiplicidad de maridos-señores-dioses. El agua que da Jesús es el encuentro definitivo con el Dios verdadero.

La Samaritana descubre que Jesús es un profeta por la profundidad del planteamiento religioso. La imagen de profeta que tiene la mujer es la de (Dt 18,15) profeta semejante a Moisés (Taheb) que restauraría el verdadero culto. La mujer sigue aferrada a la tradición "nuestros padres". Piensa que hay que encontrar la solución sin salir de lo antiguo, que es la única realidad que conoce. No ha descubierto aún la novedad de la oferta de Jesús.

Jesús no parte de la perspectiva de la mujer, sino de otra muy distinta. También el templo de Jerusalén está prostituido. Las dos alternativas son equivocadas. Su oferta es algo nuevo. Se trata de un cambio radical. Jesús mismo será el lugar de encuentro con Dios. Dios adquiere un nombre nuevo "Padre". Esta paternidad excluye privilegios y exclusiones. Esta relación con Dios directa, sin intermediarios, hará posible la unidad.

"Dios es Espíritu" Espíritu, desde la mentalidad griega, significa un ser no material. Desde la mentalidad judía, significa que Dios es fuerza, dinamismo de amor, vida para los hombres. El agua viva es la experiencia constante de la presencia y el amor del Padre. Padre, porque comunica su propia Vida y trasforma al hombre en espíritu.

El culto antiguo exigía del hombre una renuncia de sí, era una humillación ante un Dios soberano. El nuevo culto no humilla, sino que eleva al hombre, haciéndole cada vez más semejante al Padre. El culto antiguo subrayaba la distancia; el nuevo la suprime. Dios no necesita ni espera dones. Los samaritanos aceptan a Jesús y le piden que se quede un tiempo con ellos. Los herejes están más cerca de Dios que los ortodoxos judíos.

sábado, 22 de marzo de 2014

De mártir a mártir... Ellacuria a Monseñor Romero... Sangre de Amor ... Semilla de Vida...

Carta de Jon Sobrino a Ignacio Ellacuría
Romero y tú

Jon Sobrino, s.j.

Querido Ellacu: Este año es el veinte aniversario de vuestro martirio y pronto llegará el treinta de Monseñor Romero. Nos toca hablar de ustedes con frecuencia, con especial responsabilidad, y también con algún escrúpulo. Ustedes, los jesuitas, son mártires bien conocidos, pero Julia Elba y Celina no tanto. Y sin embargo ellas son el símbolo de centenares de millones de hombres y mujeres que han muerto y mueren inocente e indefensamente aquí, en el Congo, en Palestina, en Afganistán, sin que nadie les haga mucho caso.

Prácticamente no existen ni en vida ni en muerte para las sociedades de abundancia. Y tampoco la institución Iglesia sabe qué hacer con tantas gentes que han muerto asesinadas. Si difícil es que canonicen a un mártir de la justicia como Monseñor Romero, mucho más lo es que canonicen a esos hombres y mujeres que han vivido y han muerto en pobreza y opresión. Y sin embargo, muchas veces te oí decir que son "los preferidos de Dios".

Debería escribirte, pues, sobre Julia Elba y Celina, pero conozco poco de ellas. De Julia Elba sé que pasó trabajando toda su vida en las cortas, en la cocina. Y todo ello desde que tenía 10 años. No sé mucho más de ella. Sí me he preguntado "quién es más mártir, Ellacuría o Julia Elba", y sería terrible que los mártires jesuitas hiciesen olvidar a esas dos mujeres que murieron asesinadas a 50 metros del jardín de rosas. Estos días he escrito que "Ellacuría no vivió ni murió para que el esplendor de su figura opacase el rostro de Julia Elba". Ellacu, éste es el escrúpulo.

Pero Julia Elba y muchas mujeres salvadoreñas como ella, me perdonarán, quizás hasta se alegrarán, de que en esta carta te hable sobre nuestro Monseñor, pues no tienen celos de una persona muy querida. Y la he titulado: "Monseñor Romero y tú". Mi intención es ayudar a las nuevas generaciones, a quienes no les sobra orientación cristiana y salvadoreña. Que sepan que una vez hubo un país y una Iglesia extraordinaria: la de Monseñor Romero. Y tú eres un mistagogo de lujo para introducirnos en su persona. Por ello, voy a recordar cómo se llevaron ustedes dos.

La gente sabe que los dos fueron elocuentes profetas y mártires. Pero me gusta recordar otra semejanza importante sobre cómo empezaron. Los dos recibieron una antorcha cristiana y salvadoreña, y sin discernimiento alguno hicieron la opción fundamental de mantenerla ardiendo. Monseñor la recibió de Rutilio Grande la noche que lo mataron. Y muerto Monseñor la retomaste tú. Es cierto que ya habías empezado antes, pero tras su asesinato tu voz se hizo más poderosa y comenzó a sonar más como la de Monseñor. A una señora le oí decir en la UCA: "desde que mataron a Monseñor, en el país nadie ha hablado como el P. Ellacuría".

Lo que me interesa recordar y recalcar es que en El Salvador existió una tradición magnífica: la entrega y el amor a los pobres, el enfrentamiento con los opresores, la firmeza en el conflicto, la esperanza y la utopía que pasaban de mano en mano. Y en esa tradición resplandecía el Jesús del evangelio y el misterio de su Dios. No podemos dilapidar esa herencia, y debemos hacerla llegar a los jóvenes.

Los comienzos de tu relación con Monseñor Romero no fueron positivos. Al comienzo de los setenta, tú ya eras conocido como peligroso jesuita de izquierdas por tu defensa de la reforma agraria, el apoyo a la huelga de los maestros de ANDES y el análisis del fraude electoral de 1972. Pero con tu libro Teología Política de 1973 empezaste a tocar temas más explícitamente cristianos: salvación e historia, el mesianismo de Jesús, la misión de la Iglesia, violencia y política… Y aunque en el país no se hablaba todavía de teología de la liberación -y de cuán peligrosos eran sus defensores- los obispos se asustaron del Ellacuría teólogo que emergía con fuerza. Y le tocó a Monseñor Romero escribir una crítica de siete páginas sobre tu libro. Lo hizo en tono serio y educado, a diferencia de la crítica que llegó de un teólogo de una curia romana, llamado Garofallo. El primer encuentro entre ustedes fue un encontronazo.


Las cosas siguieron su curso. Tú con ciencia y profecía, y a veces con humor e ironía. En una pequeña revista de la UCA escribiste un breve artículo con este título: "un obispo disfrazado de militar y un nuncio disfrazado de diplomático" -los de mi generación sabrán a qué jerarcas te referías. No era tu estilo, pero sí tu convicción.

Así llegó 1976. Monseñor Luis Chávez y González, benemérito y buen amigo, después de 38 años dejaba la responsabilidad de la arquidiócesis. En ECA nos reunimos para escribir un editorial sobre tema tan importante: "quién será el nuevo arzobispo". Apoyamos a Monseñor Rivera y nos distanciamos críticamente del que sonaba como posible candidato: el obispo Oscar Arnulfo Romero. La elección, por cierto, le salió mal al Vaticano, y más tarde escribirías que "a Monseñor Romero no se le eligió para que fuera a ser lo que fue; se le eligió casi para lo contrario".

Llegó la conversión de Monseñor y un hondo cambio en tu relación con él. Cuando en marzo de 1977 mataron a Rutilio, tú estabas en España, y desde Madrid el 9 de abril le escribiste una carta, que llegó a mis manos por casualidad muchos años después. La publicamos en Carta a las Iglesias marzo 2006.

"Tengo que expresarle, desde mi modesta condición de cristiano y sacerdote de su arquidiócesis, que me siento orgulloso de su actuación como pastor. Desde este lejano exilio quiero mostrarle mi admiración y respeto, porque he visto en la acción de Vd. el dedo de Dios. No puedo negar que su comportamiento ha superado todas mis expectativas y esto me ha producido una profunda alegría, que quiero comunicársela en este sábado de gloria".

Ellacu, esta carta es uno de tus textos más bellos. Le hablas a Monseñor con total verdad, y te muestras a ti mismo en facetas desconocidas para quienes sólo te han conocido como profesor y rector. Después del asesinato de Rutilio le agradeces "su valentía y prudencia evangélicas frente a claras cobardías y prudencias mundanas", el acierto de "oír a todos, pero decidiendo lo que parecía a ojos prudentes lo más arriesgado". Te referías a la misa única, la supresión de las actividades en los colegios católicos, la promesa de Monseñor de no asistir a ningún acto oficial… Le felicitas: "usted ha hecho Iglesia y ha hecho unidad en la Iglesia"; la mayoría del clero, religiosos y religiosas se aglutinaron alrededor de Monseñor. Y se lo vuelves a desear al final: "si logra mantener la unidad de su presbiterio mediante su máxima fidelidad al evangelio de Jesús, todo será posible".

En la carta aparece la dialéctica evangélica e ignaciana, recurrente en ti: usted "lo ha logrado no por los caminos del halago o del disimulo sino por el camino del evangelio: siendo fiel a él y siendo valiente con él". "No ha podido entrar usted con mejor pie a hacer Iglesia". Yo también escribí que, aunque parecía que todo empezaba muy mal para Monseñor, toda empezaba muy bien. Y firmaste: "Este miembro de la arquidiócesis, que ahora se ve alejado contra toda su voluntad".

Cuando regresaste en 1978 te pusiste, con entrega y devoción, al servicio de Monseñor. Escribiste para la YSAX, la radio del arzobispado, una larga serie de comentarios a su tercera carta pastoral, "La Iglesia y las organizaciones políticas populares". Le ayudaste a redactar la parte central sobre las idolatrías en la cuarta carta pastoral, "La Iglesia en la actual situación del país". En sus últimas semanas estuviste con él en la conferencia de prensa después de la homilía dominical, y te daba la palabra cuando le preguntaban sobre la situación política. Con él estuviste la víspera de su asesinato, después de aquella homilía irrepetible: "En nombre de Dios, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo, les pido, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡cese la represión!". Y en el funeral cargaste el féretro. Se te ve en la foto con Walter Guerra, Jesús Delgado y Juan Spain.

Lo que hiciste por Monseñor no fue simplemente uno más de tus muchos servicios al país. Tampoco lo pensaste como servicio estratégico, dada la inmensa influencia de Monseñor. Monseñor Romero llegó a ser para ti alguien muy especial, distinto a como lo había sido Rahner o Zubiri. Se metió dentro de ti, y tocó tus fibras más hondas. Esa sensación la tuve desde el principio. Y se me quedó grabada para siempre en tu homilía en la misa de funeral que tuvimos en la UCA. En ella dijiste: "Con Monseñor Romero Dios pasó por El Salvador". 

Muchas veces he citado estas palabras, Ellacu. Son muy tuyas por la precisión del lenguaje y por el peso del concepto. Conociéndote, estabas diciendo verdad. Y una verdad teo-logal: por este El Salvador, masacrado y esperanzado, taimado y valiente, cruel y generoso, se sintió el paso del misterio. El paso de Dios. Por eso Monseñor Romero se convirtió para ti en referente de Dios, y en principio y fundamento de tu teología. Lo voy a recordar brevemente.

Comencemos con la eclesio-logía. El "pueblo de Dios" no era un tema cualquiera, y menos cuando el Vaticano II ya estaba en declive y volvía a resurgir la jerarcología. Sobre él escribiste un artículo sistemático en 1983, pero antes, en 1981, habías escrito "El verdadero pueblo de Dios, según Monseñor Romero". No tratabas de analizar las ideas de algún importante teólogo, sino de ir al fondo del problema desde la fuente que tenías más a mano y que te parecía la más fructífera.

Cuatro características mencionaste del verdadero pueblo de Dios: 1. La opción preferencial por los pobres, 2. La encarnación histórica de las luchas del pueblo por la justicia y la liberación, 3. La introducción de la levadura cristiana en las luchas por la justicia, 4. La persecución por causa del reino de Dios en la lucha por la justicia. No toda la novedad provenía de Monseñor, pero la más novedosa, por así decirlo, las tres últimas características, de él provenían. Al menos Monseñor Romero te hizo profundizar en ellas.

Monseñor te puso en la pista de "la Iglesia de los pobres", la que ni siquiera en el Concilio tuvo éxito, a pesar de los deseos de Juan XXIII, el cardenal Lercaro y algunos pocos obispos. Y ciertamente te inspiró para hablar del martirio, realidad fundante para la Iglesia, como la cruz de Jesús. Varias veces citaste unas palabras escandalosas de Monseñor Romero: "Me alegro, hermanos, de que la Iglesia sea perseguida. Es la verdadera Iglesia de Cristo. Sería muy triste que en un país donde se está asesinando tan horrorosamente no hubiese sacerdotes asesinados. Son la señal de una Iglesia encarnada". Mejor y más profundamente que con muchos conceptos Monseñor define a la Iglesia desde dos relaciones esenciales: con el destino de Cristo y con el destino del pueblo. Alguien, con buena intención, cuestionó una vez que Monseñor Romero corriera tantos riesgos, aun de su vida. Pero tú le contestaste: "eso es lo que tiene que hacer". Y eso es lo que tú también hiciste con tu vida. La eclesiología no era un conjunto de conceptos prendidos de la realidad con alfileres, sino surgidos de ella.

En cristo-logía coincidiste con Monseñor en muchas cosas. Sólo voy a recordar una, para mí la más decisiva hoy, ciertamente en el tercero mundo, pero también en el primero: ver a Cristo en el pueblo crucificado, considerar a éste como la continuación del siervo de Jahvé. Son hoy los centenares y miles de millones de pobres, hambrientos, oprimidos, dados muerte violentamente, masacrados, inocentes e indefensos, desconocidos en vida y en muerte. Con ellos he comenzado esta carta al recordar a Julia Elba y Celina.

En 1978, en preparación para Puebla, escribiste "El pueblo crucificado. Ensayo de soteriología histórica", en el que analizas la realidad de los pobres y víctimas como el siervo sufriente de Jahvé. En 1981, en tu segundo exilio de Madrid escribiste "El pueblo crucificado como ‘el’ signo de los tiempos". En el primer texto recalcas su carácter salvífico. En el segundo, su carácter de revelación.

Monseñor Romero dijo en 1977 en Aguilares a los campesinos perseguidos y asesinados: "Ustedes son el divino Traspasado". Y en una homilía de 1978 mostró su alegría porque los estudiosos del Antiguo Testamento no sabían decir si el siervo, del que habla Isaías es "todo un pueblo" o es "Cristo que viene a liberarles".

No sé decir "quién copió a quién" o si ocurrió como con Leibnitz y Newton que descubrieron los fundamentos del cálculo infinitesimal con independencia el uno del otro. Lo que sí me parece cierto es que ustedes tuvieron la misma asombrosa intuición de equipar la humanidad sufriente con el crucificado y el siervo de Jahvé. Y por lo que yo sé, sólo ustedes dos. No aparece en encíclicas ni concilios. Tampoco, normalmente, en las teologías. Y muertos ustedes, parece que no hay vigor ni rigor para hablar así de un mundo hoy está evidentemente crucificado.

Y una cosa más. En tu segundo exilio escribiste otro breve texto al que diste mucha importancia: "Por qué muere Jesús y por qué lo matan". El título es más que muestra de ingenio. Se trata de esclarecer el sentido transcendente de esa muerte y sus causas históricas. En teología se pueden encontrar reflexiones afines, pero no así, ciertamente no con esa radicalidad, en textos oficiales de la Iglesia. Para lo primero hay que tener presente ante todo el designio de Dios. Para lo segundo hay que tener en cuenta la historicidad radical de la vida de Jesús: defensor de aquellos a quienes ofenden los poderosos. Por esa razón Jesús denunció el poder, entró en conflicto con él, perdió y fue crucificado. Esto, tan evidente, suele ser oficialmente silenciado -incluso en Aparecida, un buen documento por otros capítulos.

No lo silenció Monseñor Romero. En la misa funeral de uno de los sacerdotes asesinados dijo lapidariamente: "se mata a quien estorba". Y los que estorbaban no eran demonios o poderes transcendentes, sino oligarcas, militares, cuerpos de seguridad, escuadrones de la muerte. Así se entiende el "por qué mataron a Jesús", como tú preguntabas.

Termino con la teo-logía, con Dios y con tu fe. En la primera carta te escribí que tu fe en Dios no pudo ser ingenua. En 1969 hablaste en Madrid de las dudas de fe que Rahner llevaba con elegancia -y entendí que algo semejante decías de ti mismo. Creo que luchaste con Dios como Jacob, en aquellos años recios para la fe. Y a tus 47 años "se te apareció" Monseñor Romero -y uso el término "aparecer", opthe, conscientemente, para expresar lo que en ello hubo de inesperado, destanteador, cuestionante y bienaventurado. De esto sólo se puede hablar con temor y temblor, pero pienso que en contacto con Monseñor tuviste una experiencia nueva de la realidad última, de Dios. Y creo que se notó en tu hablar sobre Dios. 

He escrito que para Jesús Dios es "Padre" en quien se puede descansar, y que el Padre sigue siendo "Dios" quien no deja descansar. En Monseñor Romero, en su compasión hacia los sufrientes, su denuncia para defenderlos, el amor sin componendas viste al Dios que es "Padre" de los pobres. En su conversión, su adentrarse en lo desconocido y no controlable, en su caminar sin apoyos institucionales eclesiásticos, en su mantenerse firme llevase a donde llevase el camino viste al Padre que sigue siendo "Dios". Y quizás en Monseñor viste también que, a pesar de todo, el compromiso es más real que el nihilismo, el gozo más real que la tristeza, la esperanza más real más que el absurdo. Así interpreto sus sencillas palabras: "Con este pueblo no cuesta ser buen pastor". En ellas asoma la utopía.

Termino. No era la primera vez que te encontrabas con alguien que iba a influir importantemente en tu vida, como bien lo analiza Rodolfo Cardenal. Sin embargo, encontrarte con monseñor Romero significó algo distinto. Y eso distinto radica en que te encontraste con la profecía, la entrega, la bondad de Monseñor, pero sobre todo con su fe, lo que configura toda la persona. Por eso nunca te consideraste "colega" de Monseñor. Nunca te escuché, siendo tú de talante crítico, una crítica a Monseñor. Y en tu nombre y en el de la UCA, dijiste que "Monseñor Romero ya se nos había adelantado". E insististe: "No hay duda de quién era el maestro y de quién era el auxiliar, de quién era el pastor que marca las directrices y de quién era el ejecutor, de quién era el profeta que desentrañaba el misterio y de quién era el seguidor, de quién era el animador y de quién era el animado, de quién era la voz y de quién era el eco". Lo decías con total sinceridad.

"Monseñor Romero, un enviado de Dios para salvar a su pueblo", escribiste. Y Monseñor te habló de lo que en Dios hay de "más acá". Pero también te habló de lo que en Dios hay de inefable, de misterio bienaventurado, de lo que en Dios hay de "más allá". "Ni el hombre ni la historia se bastan a sí mismos. Por eso [Monseñor] no dejaba de llamar a la transcendencia. En casi todas sus homilías salía este tema: la palabra de Dios, la acción de Dios rompiendo los límites de lo humano". Monseñor Romero vino a ser como el rostro de Dios en nuestro mundo.

Ellacu, termino esta carta con las palabras con las que tú terminaste tu último escrito de teología. Son para los que no te conocieron, para todos los que te conocimos y especialmente para que ayuden a que la Iglesia retome su rumbo:

"La negación profética de una Iglesia como el cielo viejo de una civilización de la riqueza y del imperio y la afirmación utópica de una Iglesia como el cielo nuevo de una civilización de la pobreza es un reclamo irrecusable de los signos de los tiempos y de la dinámica soteriológica de la fe cristiana historizada en hombres nuevos, que siguen anunciando firmemente, aunque siempre a oscuras, un futuro siempre mayor, porque más allá de los sucesivos futuros históricos se avizora el Dios salvador, el Dios liberador".


viernes, 21 de marzo de 2014

San Romero de América, Pastor y Mártir nuestro

 

Pedro Casaldáliga

 El ángel del Señor anunció en la víspera...

 El corazón de El Salvador marcaba
24 de marzo y de agonía.
Tú ofrecías el Pan,
el Cuerpo Vivo
-el triturado cuerpo de tu Pueblo;
Su derramada Sangre victoriosa
-¡la sangre campesina de tu Pueblo en masacre
que ha de teñir en vinos de alegría la aurora conjurada!

El ángel del Señor anunció en la víspera,
y el Verbo se hizo muerte, otra vez, en tu muerte;
como se hace muerte, cada día, en la carne desnuda de tu Pueblo.

 ¡Y se hizo vida nueva
en nuestra vieja Iglesia!

 Estamos otra vez en pie de testimonio,
¡San Romero de América, pastor y mártir nuestro!
Romero de la paz casi imposible en esta tierra en guerra.
Romero en flor morada de la esperanza incólume de todo el Continente.
Romero de la Pascua latinoamericana.
Pobre pastor glorioso, asesinado a sueldo, a dólar, a divisa.

 Como Jesús, por orden del Imperio.
¡Pobre pastor glorioso,
abandonado
por tus propios hermanos de báculo y de Mesa...!
(Las curias no podían entenderte:
ninguna sinagoga bien montada puede entender a Cristo).

Tu pobrería sí te acompañaba,
en desespero fiel,
pasto y rebaño, a un tiempo, de tu misión profética.
El Pueblo te hizo santo.
La hora de tu Pueblo te consagró en el kairós.
Los pobres te enseñaron a leer el Evangelio.

Como un hermano herido por tanta muerte hermana,
tú sabías llorar, solo, en el Huerto.
Sabías tener miedo, como un hombre en combate.
¡Pero sabías dar a tu palabra, libre, su timbre de campana!

Y supiste beber el doble cáliz del Altar y del Pueblo,
con una sola mano consagrada al servicio.
América Latina ya te ha puesto en su gloria de Bernini
en la espuma-aureola de sus mares,
en el retablo antiguo de los Andes alertos,
en el dosel airado de todas sus florestas,
en la canción de todos sus caminos,
en el calvario nuevo de todas sus prisiones,
de todas sus trincheras,
de todos sus altares...
¡En el ara segura del corazón insomne de sus hijos!

San Romero de América, pastor y mártir nuestro:
¡nadie hará callar tu última homilía!