MONS. GONZALO LOPEZ M.

MONS. GONZALO LOPEZ M.

sábado, 5 de octubre de 2013

DOMINGO 27 (C)

(Hab 1,2-3; 2,2-4) El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por su fe.
(2 Tim 1,6-8; 13-14) "No tengas miedo de dar la cara por nuestro Señor."
(Lc 17,5-12) "Si tuvierais fe como un grano de mostaza... ”.
 
La falta de fe, construye ídolos. Para la mayoría de los cristianos, su dios es un ídolo, en quien puede confiar. No es el Dios con quien Jesús se identificó.
 
Sigue el evangelio con propuestas, aparentemente inconexas, pero Lc sigue un hilo conductor muy sutil. Hasta hoy nos había dicho de diversas maneras que no pongamos la confianza en las riquezas, en el poder, en el lujo; pero hoy da un paso más y nos dice: no la pongas en tus “buenas obras” ni en la religión. Confía solamente en “Dios”. Los que se pasan la vida acumulando méritos no confían en Dios sino en sí mismos. La salvación por puntos es lo más contrario al evangelio. Ésta era la actitud de los fariseos que Jesús criticó.
 
Los dos temas que nos propone hoy el evangelio están íntimamente conectados. Debemos confiar solamente en Dios y no en la obras. Es muy poco probable que los apóstoles hicieran esa petición a Jesús, porque presupone la conciencia de divinidad en Jesús, que solo después de la experiencia pascual alcanzaron. Lo importúnate es la respuesta de Jesús con el ejemplo de la higuera trasplantada. Esta imagen si puede remontarse al mismo Jesús, porque otros evangelistas, en otros contextos también la relatan con el mismo mensaje, aunque sustituyendo la higuera por la montaña.
 
La parábola del simple siervo cuya única obligación es hacer lo mandado sin mérito alguno, está en la línea de la crítica a los fariseos por confiar en el cumplimiento de la Ley como único camino de salvación. Se trata del eterno problema de la fe o las obras. Y es curioso que se haya planteado tan pronto en el cristianismo. ¡Cuántos problemas nos hubiéramos evitado si no hubiéramos olvidado el evangelio! Ni Dios tiene que aumentarnos la fe, ni somos unos siervos inútiles. Descubrir lo que realmente somos sería la clave para una verdadera confianza en Dios, en la vida, en la persona humana…
 
Jesús no responde directamente a los apóstoles. Quiere dar a entender que la petición –auméntanos la fe- no está bien planteada. No se trata de cantidad, sino de autenticidad. Jesús no les podía aumentar la fe, porque aún no la tenían ni en la más mínima expresión. La fe no se puede aumentar desde fuera, tiene que crecer desde dentro como el grano de mostaza. A pesar de ello, en la mayoría de las homilías que he leído antes de elaborar ésta, se termina pidiendo a Dios que nos aumente la fe. Efectivamente, podemos decir que la fe es un don de Dios, pero un don que ya ha dado a todo el mundo; viendo cada una de sus criaturas, podemos descubrir lo que Dios está haciendo en ellas en cada momento.
 
Recuerda que al hablar de la fe en “Dios” lo puse entre comillas. Durante mucho tiempo se interpretó la respuesta de Jesús como una promesa de poderes mágicos para hacer obras portentosas. La imagen de la morera trasplantada en el mar es absurda. Con esta hipérbole, lo que nos está diciendo el evangelio, es que toda la fuerza de Dios está ya en cada uno de nosotros. El que tiene confianza, podrá desplegar toda esa energía. Lo contrario de la fe, es la idolatría. El ídolo es un resultado automático del miedo. Necesitamos el ser superior que me saque las castañas del fuego y en el que poder confiar cuando no puedo confiar en mí mismo. Pero del mismo modo que Dios no anda por ahí haciendo el ridículo con milagritos, tampoco a nosotros debemos utilizar a Dios para cambiar la realidad que no nos gusta.
 
La fe no es un acto ni una serie de actos, sino una actitud personal fundamental y total que imprime una dirección definitiva a la existencia. Confiar en lo que realmente soy me da una libertad de movimiento para desplegar todas mis posibilidades humanas. Nuestra fe sigue siendo infantil e inmadura, por eso no tiene nada que ver con lo que nos propone el evangelio. La mayoría de los cristianos no quieren madurar en la fe por miedo a las exigencias que esto conllevaría. La fe es una vivencia de Dios, por eso no tiene nada que ver con la cantidad. El grano de mostaza, aunque diminuto, contiene vida exactamente igual que la mayor de las semillas. Esa vida, es lo que de verdad importa.
 
Tanto a nivel religioso como civil, cada vez se tiene menos confianza en la persona humana. Todo está reglamentado, mandado o prohibido que es más fácil que ayudar a madurar a la persona para que actúe por convicción desde dentro. Estamos convirtiendo el globo terráqueo en un inmenso campo de concentración. No se educa a los niños para que sean ellos mismos, sino para que respondan automáticamente a los estímulos que les llegan desde fuera. Todos los poderes están encantados, porque esa indefensión les garantiza un total control sobre la población. Lo difícil es educar para que cada individuo sea él mismo y sepa responder personalmente ante todas las propuestas de salvación que le llegan.
 
Para la mayoría de los cristianos, creer es asentimiento a una serie de verdades teóricas, que no podemos comprender. Esa idea de fe, como conjunto de doctrinas, es completamen­te extraña tanto al Antiguo Testamento como al Nuevo. En la Biblia, fe es equivalente a confianza en una persona. Pero incluso esta confianza se entendería mal si no añadimos que tiene que ir acompañada de la fidelidad. La fe-confianza bíblica supone la fe, supone la esperanza y supone el amor. Esa fe nos salvaría de verdad. Esa fe no se consigue con propagandas ni imposiciones porque nace de los más hondo de cada ser humano.
 
No se trata de esperar que Dios nos salve de las limitaciones, sino de encontrar a Dios y su salvación a pesar de ellas. Esa confianza no la debemos proyectar sobre una Persona que está fuera de nosotros y del mundo. Debemos confiar en un Dios que está y forma parte de la creación y por lo tanto de nosotros mismos. Creer en Dios es apostar por la creación, es confiar en el hombre. Es estar construyendo la realidad material, y no destruyéndola, es estar por la vida y no por la muerte. Es estar por el amor y no por el odio, por la unidad y no por la división. Tratemos de descubrir por qué tantos que no "creen" nos dan sopas con honda en la lucha por defender la naturaleza, la vida y al hombre.
 
Superada la idea de la fe como creencia, y aceptado que es confianza en… , nos queda mucho camino por andar para una recta comprensión del término. La fe que nos pide el evangelio no es la confianza en un señor poderoso por encima y fuera del mundo, que nos puede sacar las castañas del fuego. Se trata más bien, de la confianza en el Dios inseparable de cada criatura, que las atraviesa y las sostiene en el ser. El ser humano puede experimentar esa presencia como personal. En el resto de la creación se manifiesta como una energía que potencia y especifica cada ser en sus posibilidades. Creer en Dios es confiar en las posibilidades de cada criatura para alcanzar su plenitud propia. Creer en Dios es confiar en el hombre y en sus posibilidades de alcanzar su plenitud humana.
 
La mini parábola del simple siervo nos tiene que llevar a una profunda reflexión. No quiere decir que tenemos que sentirnos siervos y menos aún, inútiles sino todo lo contrario. Nos advierte que la relación con Dios como si fuésemos esclavos suyos, nos deteriora y deshumaniza. Es una crítica a la relación del pueblo judío con Dios que estaba basada en el estricto cumplimiento de la Ley, y en la creencia de que ese cumplimiento les salvaba. La parábola es un alegato contra la actitud farisaica que planteaba la relación con Dios como del esclavo frente a su señor. Si ellos cumplían, Dios estaba obligado a cumplir.
 
Para Jesús, la tarea del discípulo es romper con la institución judía que produce esclavitud, pero no sirve de nada ante un Dios que no podemos entender como señor. Si seguimos siendo “esclavos” seguiremos siendo “inútiles”. Los discípulos todavía no se habían despegado de la institución judía, por eso Jesús les hace ver que aún no tienen fe ni como un grano de mostaza. Jesús no nos pide que “sirvamos” a Dios, sino que sirvamos al hermano. Dios no quiere esclavos, sino personas libres que se mueven, desde dentro, por amor-compasión. Las “obras buenas” no son un pagaré que podemos presentar a Dios. Son más bien la manifestación de que hemos acogido el amor de Dios.

Papa: Al mundo no le importa los que mueren en búsqueda de libertad

 
Roma, Italia.
 
El papa Francisco volvió hoy a realizar un fuerte llamamiento para que "cesen los conflictos armados que ensangrientan la tierra, que callen las armas y en todas partes el odio ceda el puesto al amor, la ofensa al perdón y la discordia a la unión".
 
Este fue el grito del papa en su homilía de la misa que celebró ante la Basílica de San Francisco de Asís, en Umbria, en el centro de Italia, una ciudad que ha elegido para rendir homenaje al santo del que eligió su nombre como pontífice.
 
El papa Bergoglio pidió después que "escuchemos el grito de los que lloran, sufren y mueren por la violencia, el terrorismo o la guerra, en Tierra Santa, tan amada por San Francisco, en Siria, en todo el Oriente Medio, y en el mundo".
 
En su homilía, el pontífice argentino también recordó que san Francisco es conocido además de por ser el santo de los pobres, también por la defensa de la creación y a este respecto pidió que se respete la creación y que el hombre no sea "instrumento de destrucción".
 
"Éste es un mundo salvaje que no da trabajo, que no ayuda, al que no le importa si hay niños que mueren de hambre, si hay familias que no tienen que comer ni la dignidad de llevar el pan a casa, si hay gente que huye de la esclavitud, del hambre, buscando la libertad y que encuentra muchas veces la muerte, como ha ocurrido ayer en Lampedusa".
 
Francisco se ha referido con esas duras palabras a los más de 200 inmigrantes fallecidos ayer en un naufragio cuando trataban de alcanzar la isla siciliana de Lampedusa, realizando un profundo llamamiento a favor de la pobreza y a despojarse de la mundanidad. Lo ha hecho durante la visita que hoy está realizando a Asís, la ciudad natal de Francisco de Asís, el santo que abrazó la pobreza y del cual ha tomado prestado el nombre publico El Mundo.
 
En la misma sala en la que hace más de 800 años San Francisco renunció a todos los bienes materiales y se despojó simbólicamente de su ropa, rodeado de un grupo de pobres y de 'sin techo', el Papa ha predicado la necesidad de la Iglesia, de los cristianos y de toda la sociedad de despojarse de la mundanidad y de seguir el camino de la pobreza.
 
Cristianos de pastelería
 
"Ésta es una buena ocasión para invitar a la Iglesia a expoliarse. La Iglesia somos todos, todos. Y todos debemos andar por el camino de Jesús, que hizo un camino de despojamiento y se convirtió en siervo, que quiso ser humillado hasta la cruz. Si queremos ser cristianos no hay otro camino. No podemos hacer cristianismo sin Jesús, sin cruz, sin despojarnos, porque si no seremos cristianos de pastelería, dulces, bonitos, pero no cristianos de verdad", ha asegurado el Papa, que ha almorzado en el comedor para necesitados de Cáritas en Asís junto con 54 pobres.
 
El que fuera arzobispo de Buenos Aires comenzó su sermón explicando que hoy llegó a Asís como un peregrino más para "dar gracias al Padre por todo lo que ha querido revelar a uno de estos pequeños de los que habla el evangelio: Francisco, hijo de un rico comerciante de Asís".
 
Y recordó que tras el encuentro con Jesús, Francisco "se despojó de una vida cómoda y superficial, para abrazar a la señora pobreza".
 
El papa también explicó "que muchos asocian a Francisco con la paz, pero pocos profundizan" y aseveró que la llamada "paz franciscana no es un sentimiento almibarado" y tampoco "una especie de armonía panteísta con las energías del cosmos".
 
"La paz de san Francisco es la de Cristo y la encuentra el que carga con su yugo (...) Y este yugo no se puede llevar con arrogancia, con presunción, con soberbia, sino sólo con mansedumbre y humildad de corazón", agregó.
 
La misa fue uno de los numerosos actos en los que el papa intervendrá hoy en Asís, ya que entre otras cosas tiene previsto almorzar con los pobres en el centro de acogida que tiene Caritas en la ciudad.
 
Francisco dijo hoy que "la Iglesia debe despojarse de toda mundanidad espiritual, que mata el alma y a las personas y a la propia Iglesia", durante su encuentro con los pobres en la Sala de Expoliación del Obispado de Asís, ciudad de San Francisco.
 
El mensaje sobre la Iglesia lo pronunció improvisadamente el papa en el lugar donde San Francisco se despojó de sus vestidos, en la llamada "Sala del Expolio" del palacio del Obispado de Asís, donde se recuerda el revolucionario gesto del Santo, que se desnudó para quitarse todas las riquezas terrenales.
 
El papa, que llegó a Asís antes de la 7.45 horas (05.45 GMT) y visitó el santuario de San Damián, aseguró que esta es una buena ocasión para invitar a iglesia a despojarse de su mundanidad , "que lleva a la vanidad, a la prepotencia, al orgullo".
 
El papa argentino recordó que en ese lugar Francisco se despojó de todo, delante de su padre, del obispo y del pueblo de Asís. "Esta es una buena ocasión para invitar a Iglesia a despojarse, todos somos Iglesia, y todos debemos hacer el camino de Jesús, que ha hecho, un camino de despojo", dijo.
 
Ante un grupo de inmigrantes y necesitados, el papa recordó que Jesús dice que no se puede servir a dos patrones, o se sirve a Dios o a la mundanidad: al dinero, a la vanidad y al orgullo. El papa también estuvo acompañado con el G8 de Reforma a la Curia, coordinado por el cardenal hondureño, Óscar Andrés Rodríguez.
 
"La mundanidad espiritual asesina el alma y mata a las personas, mata a la Iglesia", mantuvo Bergoglio.
 
Y aseguró: "Tantos habéis sido desnudados de esto mundo salvaje que no da trabajo, que no ayuda, que no importa si mueren de hambre en el mundo ni importa si tantas familias no tiene para comer, no tiene la dignidad de llevar al pan a casa".
 
No importa -continuó- "que tanta gente huya de la esclavitud, del hambre, huir buscando la libertad y tantas veces vemos que encuentran la muerte como ocurrió ayer en Lampedusa", donde al volcar una embarcación cargada de inmigrantes murieron al menos 111 personas y dos centenares permanecen desaparecidos.
 
Después de la visita a los pobres en el obispado de Asís, el papa marchó a pie a la iglesia de Santa María Mayor para una visita privada.
 
El papa llegó a Asís en el día en que se conmemora la fiesta del patrono de Italia, San Francisco, lo que otorga una gran excepcionalidad a los actos y ceremonias en memoria.
 
EFE

viernes, 4 de octubre de 2013

QUERIDO HERMANITO FRANCISCO DE ASIS:



Poquitas cosas queremos decirte, se ha hablado ya tanto de ti, manoseado tu nombre y memoria que debes estar hasta la tonsura de eso y no nos hemos de exponer a un malgenio tuyo, tan especiales que suelen ser.
 
Es que a ti, que solo vives para pedir que no despeguemos los ojos de Jesús pobre, crucificado, resucitado, te han hecho de todo, te han pintado, te han tallado, empastado, disfrazado, tu pobre nombre “francesito” lo llevan desde el menesteroso mas simple, hasta el banco y banquero mas rapaz, pobre de ti hermanito, que pesado fardo te han puesto en el alma. A ti que solo anhelas la paz, cosechada como fruto de justicia, la alegría contagiosa de los hijos del Dios Abba, la hermandad de todos y todas en la santa pobreza…
 
Este “aniversario” te sorprende con la novedad de que el Obispo de Roma, si, mira tu “el Señor Papa”, ha decidido llamarse con tu nombre.
 
¿Da cierto miedo no? Tus tratos con Roma no han sido siempre tan “santos” que digamos, por parte de ellos claro, ¿que se querrá con esto?
 
¿Sera otra vez una jugada como la de los Condes de Segni?
 
¿Se necesitara otra vez ocultar la podredumbre de los palacios imperiales, disimularlos tras una simple y tosca tela?
 
O acaso ahora si entendieron que la Iglesia debe “destechar” sus monumentales propiedades, para poder salir libre al encuentro del Resucitado. Desnuda, desnudos, completamente desnudos, como tu cuando entendiste de verdad lo que significa decir: PADRE NUESTRO…
 
Parece que Jorge Bergoglio ha sido atravesado por la luz incandescente del Santo Evangelio y esta llevando en el alma el estigma del Amor y de a poco como un niño que vuelve a nacer desde El, quiere dar pasitos, lentos, dubitantes, volver hacia “el Amor que quiere ser amado”…hacia “ mi Dios …mi Todo…”
 
¡Ay hermano!, cuanto llanto, sangre derramada y muchas veces malversando tu nombre.
 
Vamos nuevamente, es tiempo de reconstruir la comunidad que se ha desviado de ruta buscando el poder mundano. A rehacer la fraternidad de la alegría perfecta, de la mano extendida para dar y recibir, por el solo gusto de dar y recibir. De la hermana Señora Pobreza que no sabe de muros, horarios, honores, cuentas de banco y seguros, lujosos hábitos, grandes propiedades, cómodos y costosos viajes, mitras, inciensos y gulas… que sabe del sustento mínimo y siempre escaso, que sabe de las manos que laboran para dorar un pan cada día, del en verdad no tener nada propio y acudir siempre al auxilio del prójimo…
 
QUE SABE DE LA LIBERTAD QUE DA LA VERDADERA POBREZA PARA PODER PROCLAMAR A GRITOS LO QUE DICE EL EVANGELIO…
 
Vamos, en las calles nos esperan, hay muchos que nos esperan, mendigos, sidosos, drogos, putas, travestis, ladrones, pelados confundidos y solos, niños abandonados…hagamos de verdad aquello de que: “el mundo es nuestro claustro”…
 
Plantemos nuevamente la tienda en medio de los que son: “el Rostro amado de Nuestro Señor Jesucristo”…
 
Hermanito, estaremos juntos este cuatro de octubre, a la tarde y con lluvia en Quito, tomando un vino barato y de cartón, sentados en las gradas de esa gran plaza templo a la que han puesto tu nombre, mientras adentro cantan con belleza, fervor, los sones góticos y tradicionales de un tal “canto a las criaturas”, tal vez otros prefiramos saborear el beso del amor de las criaturas…del hermano sol, la hermana lluvia, la hermana pobreza y la hermana muerte, allí en el pavimento que es nuestro templo.
 
Y seremos felices con los que están adentro pues sabemos que ellos son también nuestro hermano sustento.
 
Salud pobrecito, salud.

jueves, 3 de octubre de 2013

Cuando ustedes digan “sí”, que sea realmente sí; y cuando digan “no”, que sea no. Mateo 5:37

Entrevista del Papa con Scalfari
«Esperanza, abrirnos al futuro, difundir el amor»

 (Eugenio Scalfari).- Me dice el Papa Francisco: "El mal más grave que afecta al mundo en estos años es el paro juvenil y la soledad de los ancianos. Los mayores necesitan atención y compañía, los jóvenes trabajo y esperanza, pero no tienen ni el uno ni la otra; lo peor: que ya no los buscan más. Les han aplastado el presente. Dígame usted : ¿se puede vivir aplastado en el presente?¿Sin memoria del pasado y sin el deseo de proyectarse en el futuro construyendo un proyecto, un futuro, una familia? ¿Es posible continuar así? Este, en mi opinión, es el problema más urgente que la Iglesia tiene que enfrentar".
 
Santidad, le digo, es un problema sobre todo político y económico, relacionado con los estados, los gobiernos, los partidos, las asociaciones sindicales.
 
"Cierto, tiene razón, pero también está relacionado con la Iglesia, incluso, sobre todo con ella, porque esta situación no hiere solo a los cuerpos sino a las almas. La Iglesia debe sentirse responsable tanto de las almas como de los cuerpos".
 
Santidad, usted dice que la Iglesia debe sentirse responsable. ¿Debo deducir que la Iglesia no es consciente y que la incita a ir en esa dirección?
 
"En gran medida esta conciencia existe, pero no basta. Yo quisiera que fuera más grande. No es el único problema que tenemos por delante pero es el más urgente y el más dramático".
 
El encuentro con el Papa Francisco se dio el pasado martes en su residencia de Santa Marta, en una pequeña habitación vacía, solo con una mesa y cinco o seis sillas y un cuadro en la pared. Este encuentro fue precedido por una llamada telefónica que no olvidaré en mi vida. Eran las dos y media de la tarde. Sonó mi teléfono y se oyó la voz nerviosa de mi secretaria que me dice: "Tengo al Papa en línea, se lo paso inmediatamente".
 
Me quedé estupefacto, mientras la voz de Su Santidad se escuchaba al otro lado del hilo telefónico diciendo: "Buenos días, soy el Papa Francisco". Buenos días, Santidad -digo yo y después-. Estoy conmocionado, no me esperaba que me llamase. "¿Por qué conmocionado? Usted me escribió una carta pidiéndome conocerme en persona. Yo tenía el mismo deseo y por tanto le llamo para fijar una cita. Veamos mi agenda: el miércoles no puedo, el lunes tampoco ¿le vendría bien el martes?". Respondí: ¡Perfecto!
 
"El horario es un poco incómodo, ¿a las 15 le va bien? Si no, cambiamos el día". Santidad, a esa hora me va fenomenal. "Entonces estamos de acuerdo, el martes 24 a las 15. En Santa Marta. Debe entrar por la puerta del Santo Oficio".
 
No sé como terminar la conversación y me dejo llevar diciéndole: ¿le puedo abrazar por teléfono? "Claro, le abrazo también yo. Ya lo haremos en persona. Hasta luego".
 
Ya estoy aquí. El Papa entra y me da la mano, nos sentamos. El Papa sonríe y me dice: "Alguno de mis colaboradores que lo conoce me ha dicho que usted intentará convertirme".
 
Es un chiste le respondo. También mis amigos piensan que usted querrá convertirme.
 
Sonríe de nuevo y responde: "El proselitismo es una solemne tontería, no tiene sentido. Es necesario conocerse, escucharse y hacer crecer el conocimiento del mundo que nos rodea. A mí me pasa que después de un encuentro quiero tener otro porque nacen nuevas ideas y se descubren nuevas necesidades. Esto es importante, conocerse, escuchar, ampliar el cerco de los pensamientos. El mundo está lleno de caminos que se acercan y alejan, pero lo importante es que lleven hacia el "Bien".
 
Santidad, ¿existe una visión única del Bien? ¿Quién la establece?
 
"Cada uno de nosotros tiene una visión del Bien y del Mal. Nosotros debemos animar a dirigirse a lo que uno piensa que es el Bien".
 
Usted, Santidad, ya lo escribió en la carta que me mandó. La conciencia es autónoma, dijo, y cada uno debe obedecer a la propia conciencia. Creo que esta es una de las frases más valientes dichas por un Papa.
 
Y lo repito. Cada uno tiene su propia idea del Bien y del Mal y debe elegir seguir el Bien y combatir el Mal como él lo concibe. Bastaría eso para cambiar el mundo".
 
¿La Iglesia lo está haciendo?
 
"Sí, nuestras misiones tienen ese objetivo: individualizar las necesidades materiales e inmaterles de las personas y tratar de satisfacer como podamos. ¿Usted sabe lo que es el agape?"
 
Sí, lo sé.
 
"Es el amor por los otros, como nuestro Señor predicó. No es proselitismo, es amor. Amor al prójimo, levadura que sirve al bien común".
 
Ama al prójimo como a ti mismo.
 
"Es exactamente así".
 
Jesús en su predicación dice que el agape, el amor a los demás, es el único modo de amar a Dios. Corríjame si me equivoco.
 
"No se equivoca. El Hijo de Dios se encarnó para infundir en el alma de los hombres el sentimiento de hermandad. Todos somos hermanos e hijos de Dios. Abba, como Él llama al Padre. "Yo marqué el camino", dijo, "Seguidme y encontraréis al Padre y seréis sus hijos y se complacerá en vosotros". El agape, el amor, de cada uno de nosotros hacia los demás, desde el más cercano al más lejano, es el único modo que Jesús nos indicó para encontrar el camino de la salvación y de las bienaventuranzas".
 
Sin embargo, la exhortación de Jesús, la recordamos antes, es que el amor por el prójimo sea igual al que sentimos por nosotros mismos. Por tanto lo que muchos llaman narcisismo se reconoce como válido, positivo, en la misma medida del otro. Hemos discutido mucho sobre este aspecto.
 
"A mí -decía el Papa- la palabra narcisismo no me gusta, indica un amor desmesurado hacia uno mismo y esto no va bien, puede producir daños en el alma de quien lo sufre y también en la relación con los demás, incluso en la sociedad en la que vive. El verdadero mal es que los más afectados por esto que en realidad es un tipo de desorden mental, son personas que tienen mucho poder. A menudo los jefes son narcisistas".
 
También muchos jefes de la Iglesia.
 
"¿Sabe qué opino sobre esto? Los jefes de la Iglesia a menudo han sido narcisistas, halagados y exaltados por sus cortesanos.. La corte es la lepra del papado"
 
La lepra del papado, ha dicho exactamente esto. ¿Pero qué corte? ¿Se refiere a la curia? Pregunto.

 "No, en la curia puede haber cortesanos, pero en su concepción es otra cosa. Es lo que en los ejércitos se llama intendencia, gestiona los servicios que sirven a la Santa Sede. Pero tiene un defecto: Es vaticano-céntrica. Ve y atiende los intereses del Vaticano, que son todavía, en gran parte, intereses temporales. Esta visión Vaticano-céntrica se traslada al mundo que le rodea. No comparto esta visión y haré todo lo que pueda para cambiarla. La Iglesia es o debe volver a ser una comunidad del Pueblo de Dios y los presbíteros, los párrocos, los obispos que tienen a su cargo muchas almas, están al servicio del Pueblo de Dios. La Iglesia es esto, una palabra distinta, no por casualidad, de la Santa Sede que tiene una función importante pero está al servicio de la Iglesia. Yo no podría tener total fe en Dios y en su Hijo si no me hubiese formado en la Iglesia, y tuve la fortuna de encontrarme en Argentina, en una comunidad sin la cual yo no hubiera tomado conciencia de mí mismo y de mi fe".
 
¿Usted sintió su vocación desde joven?
 
"No, no muy joven. Tendría que haber tenido otra ocupación según mi familia, trabajar, ganar algún dinero. Fui a la universidad. Tuve una profesora de la que aprendí el respeto y la amistad, era una comunista ferviente. A menudo me leía o me daba a leer textos del Partido Comunista. Así conocí también aquella concepción tan materialista. Me acuerdo que me dio el comunicado de los comunistas americanos en defensa de los Rosenberg que fueron condenados a muerte. La mujer de la que le hablo fue después arrestada, torturada y asesinada por el régimen dictatorial que entonces gobernaba en Argentina".
 
¿El comunismo lo sedujo?
 
"Su materialismo no tuvo ninguna influencia sobre mí. Pero conocerlo, a través de una persona valiente y honesta me fue útil, entendí algunas cosas, un aspecto de lo social, que después encontré en la Doctrina Social de la Iglesia".
 
La teología de la liberación, que el Papa Wojtyla excomulgó, estaba bastante presente en América Latina.
 
"Sí, muchos de sus exponentes eran argentinos".
 
¿Usted piensa que fue justo que el Papa la combatiese?
 
"Ciertamente daban un seguimiento político a su teología, pero muchos de ellos eran creyentes y con un alto concepto de humanidad".
 
Santidad, ¿me permite contarle algo sobre mi formación cultural? Fui educado por una madre muy católica. Con 12 años gané un concurso de catecismo entre todas las parroquias de Roma y recibí un premio del Vicariado, comulgaba el primer viernes de cada mes, en fin, practicaba la liturgia y creía. Pero todo cambió cuando entré en el Liceo. Leí, entre otros textos de filosofía que estudiábamos, el "Discurso del Método" de Descartes, y me afectó mucho la frase que hoy se ha convertido en un icono: "Pienso, luego existo", el yo se convirtió en la base de la existencia humana, la sede autónoma del pensamiento.
 
"Descartes, sin embargo, nunca renegó de la fe en el Dios trascendente".
 
Es verdad, pero puso la base de una visión totalmente distinta, y a mi me encaminó a otro camino que, corroborado por otras lecturas, me llevó al otro lado.
 
"Usted, por lo que he entendido, no es creyente pero no es anticlerical. Son dos cosas muy distintas".
 
Es verdad, no soy anticlerical. Pero me convierto en eso cuando me encuentro con un clerical.

 Sonríe y me dice: "Me pasa a mí también, cuando tengo enfrente a un clerical, me convierto en anticlerical de repente. El clericalismo no tiene nada que ver con el cristianismo. San Pablo fue el primero en hablarle a los Gentiles, a los paganos, a los creyentes de otras religiones, fue el primero que nos lo enseñó".
 
¿Puedo preguntarle, Santidad, cuáles son los santos que usted siente más cercanos a su alma y sobre los que se formó su experiencia religiosa?
 
"San Pablo fue el que puso los puntos cardinales de nuestra religión y de nuestro credo. No se puede ser un cristiano consciente sin San Pablo. Tradujo la predicación de Cristo a una estructura doctrinaria que, ya sea con las actualizaciones de una inmensa cantidad de pensadores, teólogos, pastores de almas, resistió y resiste después de dos mil años. Después Agustín, Benito, Tomás e Ignacio. Y naturalmente Francisco. ¿Debo explicarle el porqué?"
 
Francisco -me sea permitido llamar al Papa así porque es él mismo el que te lo sugiere por como habla, como sonríe, por sus exclamaciones de sorpresa o de corroboración- me mira como para animarme a plantearle las preguntas más escabrosas o más embarazosas relacionadas con la Iglesia. Así que le pregunto: De Pablo me ha explicado la importancia del papel que desarrolló, pero quisiera saber entre los que ha nombrado a quien siente más cercano a su alma.
 
"Me pide una clasificación, pero las clasificaciones se pueden hacer si se habla de deportes o de cosas parecidas. Podría decirle el nombre de los mejores futbolistas de Argentina. Pero los santos..."
 
Se dice que se "bromea con los bribones" ¿Conoce el dicho?
 
"Exacto. Sin embargo, no quiero evitar la pregunta porque usted no me ha pedido una lista sobre la importancia cultural o religiosa sino quién está más cerca de mi alma. Le contesto: Agustín y Francisco".
 
¿No Ignacio, de cuya orden proviene?
 
"Ignacio, por comprensibles razones, es el que conozco mejor que los demás. Fundó nuestra orden. Le recuerdo que de esa orden venía también Carlo María Martini, muy querido para usted y para mí. Los jesuitas fueron, y siguen siendo todavía, la levadura -no la única pero quizás la más eficaz- de la catolicidad: cultura, enseñanza, testimonio misionero, fidelidad al Pontífice. Pero Ignacio que fundó la Compañía era también un reformador y un místico. Sobre todo un místico".
 
¿Piensa que los místicos son importantes en la Iglesia?
 
"Han sido fundamentales. Una religión sin místicos es una filosofía".
 
¿Usted tiene una vocación mística?
 
"¿A usted qué le parece?"
 
Me parece que no.
 
"Probablemente tenga razón. Adoro a los místicos; también Francisco por muchos aspectos de su vida lo fue, pero no creo tener esa vocación, y después es necesario comprender bien el significado profundo de la palabra. El místico consigue despojarse del hacer, de los hechos, de los objetivos y hasta de la pastoralidad misionera y se alza para alcanzar la comunión con las bienaventuranzas. Breves momentos pero que llenan toda la vida".
 
¿A usted le ha sucedido alguna vez?
 
"Raramente. Por ejemplo, cuando el cónclave me eligió Papa. Antes de la aceptación pedí poder retirarme algún minuto en la sala que está al lado de la del balcón sobre la plaza. Mi cabeza estaba vacía completamente y me había invadido una gran inquietud. Para hacerla pasar y relajarme cerré los ojos y desapareció todo pensamiento, también el de rechazar esta carga, como además el procedimiento litúrgico permite. Cerré los ojos y ya no sentí ningún ansia o emotividad. En un cierto punto me invadió una gran luz, duró un segundo pero me pareció larguísimo. Después la luz se disipó y me levanté de repente y me dirigí a toda prisa a la estancia donde me esperaban los cardenales y hacia la mesa donde me esperaba el acta de aceptación. Lo firmé, el cardenal Camarlengo también y después en el balcón se dio el ‘Habemus Papam'".
 
Permanecemos un poco en silencio, después dije: hablábamos de los santos que usted siente como más cercanos a su alma y nos quedamos en Agustín. ¿Quiere decirme por qué lo siente cercano?

 "También mi predecesor tiene a Agustín como punto de referencia. Ese santo pasó por muchas cosas en su vida y cambió muchas veces su posición doctrinal. Tuvo también palabras fuertes contra los judíos, que nunca compartí. Escribió muchos libros y el que me parece más revelador de su intimidad intelectual y espiritual son las "Confesiones"; contienen algunas manifestaciones de misticismo pero no es, como opinan muchos, el continuador de Pablo. Incluso, diría que vio la fe y la Iglesia de una forma profundamente distinta a la de Pablo, quizás porque pasaron cuatro siglos entre uno y otro".
 
¿Cuál es la diferencia, Santidad?
 
"Para mí dos aspectos fundamentales. Agustín se siente impotente frente a la inmensidad de Dios y a los deberes que un cristiano y un obispo deben afrontar. Sin embargo él no lo fue en absoluto, pero su alma se sentía siempre por debajo de todo lo que habría querido y debido. Es la gracia dispensada por el Señor como elemento fundamental de la fe. De la vida. Del sentido de la vida. Quien no es tocado por la gracia puede ser una persona sin mancha y sin miedo, como se dice, pero no será nunca como una persona a la que la gracia ha tocado. Esta es la intuición de Agustín".
 
¿Usted se siente tocado por la gracia?
 
"Esto no puede saberlo nadie. La gracia no forma parte de la conciencia, es la cantidad de luz que tenemos en el alma, no la de sabiduría o de razón. También usted, sin su conocimiento, puede ser tocado por la gracia".
 
¿Sin fe? ¿sin creer?
 
"La gracia está relacionada con el alma".
 
Yo no creo en el alma.
 
"No cree pero la tiene".
 
Santidad, se ha dicho que usted no tiene intención de convertirme y creo que no lo conseguiría.
 
"Esto no se sabe, pero no tengo ninguna intención".
 
¿Y Francisco?
 
"Es grandísimo porque es todo. Un hombre que quiere hacer, quiere construir, funda una orden y sus reglas, es itinerante misionero, es poeta y profeta, es místico, se dio cuenta de su propio mal y salió de él, ama la naturaleza, los animales, la brizna de hierba del prado y los pájaros que vuelan en el cielo, pero sobre todo, ama a las personas, a los niños, a los viejos, a las mujeres. Es el ejemplo más luminoso del agape del que hablábamos antes".
 
Tiene razón, Santidad, la descripción es perfecta. ¿Pero por qué ninguno de sus predecesores eligió su nombre? Y yo creo que, después de usted, ningún otro lo hará.
 
"Esto no lo sabemos, no hipotequemos sobre el futuro. Es verdad, nadie antes que yo lo eligió. Aquí afrontamos el problema de los problemas. ¿Quiere beber algo?"
 
Gracias, quizás un vaso de agua.
 
Se levanta, abre la puerta y le pide a un colaborador que está en la entrada que le traiga dos vasos de agua. Me pide si prefiero un café, respondo que no. Llega el agua. Al final de nuestra conversación mi vaso está vacío pero el suyo continúa lleno. Se aclara la garganta y comienza.
 
"Francisco quería una orden mendicante y también itinerante. Misioneros en busca de encontrar, escuchar, dialogar, ayudar, difundir la fe y el amor. Sobre todo amor. Y quería una Iglesia pobre que atendiese a los demás, que recibiese ayuda material y lo usase para sostener a los demás. Han pasado 800 años desde entonces y los tiempos han cambiado mucho, pero el ideal de una Iglesia misionera y pobre sigue siendo válido. Esta es, por tanto, la Iglesia que predicaron Jesús y sus discípulos".
 
Vosotros los cristianos sois una minoría ahora. Incluso en Italia, que se define como el jardín del Papa, los católicos practicantes están, según algunos sondeos, entre el 8 y el 15%. Los católicos que dicen serlo pero que de hecho lo son poco son un 20%. En el mundo existe un billón de católicos y con las otras Iglesias cristianas superan el billón y medio, pero el planeta tiene entre 6 y 7 mil millones de personas. Son muchos ciertamente, especialmente en África y en América Latina, pero siguen siendo minoría.
 
"Lo hemos sido siempre pero este no es el tema que nos ocupa. Personalmente creo que esto de ser una minoría es además, una fuerza. Debemos ser semilla de vida y de amor, la semilla es una cantidad infinitamente más pequeña que la cantidad de frutos, flores y árboles que nacen de ella. Me parece haber dicho antes que nuestro objetivo no es el proselitismo sino la escucha de las necesidades, de los deseos, de las desilusiones, de la desesperación, de la esperanza. Debemos devolver la esperanza a los jóvenes, ayudar a los viejos, abrirnos hacia el futuro, difundir el amor. Pobres entre los pobres. Debemos incluir a los excluidos y predicar la paz. El Vaticano II, inspirado por el papa Juan y por Pablo VI, decidió mirar al futuro con espíritu moderno y abrirse a la cultura moderna. Los padres conciliares sabían que abrirse a la cultura moderna significaba ecumenismo religioso y diálogo con los no creyentes. Después de entonces, se hizo muy poco en esa dirección. Yo tengo la humildad y la ambición de querer hacerlo".
 
También porque -me permito añadir- la sociedad moderna en todo el planeta atraviesa un momento de crisis profunda y no solo económica sino social y espiritual. Usted, al comienzo de nuestro encuentro describió una generación aplastada por el presente. También los no creyentes sentimos este sufrimiento casi antropológico. Por esto nosotros queremos dialogar con los creyentes y con los que mejor les representan.
 
"Yo no sé si soy el que mejor les representa, pero la Providencia me ha puesto en la guía de la Iglesia y de la diócesis de Pedro. Haré todo lo posible para cumplir el mandato que se me ha confiado".
 
Jesús, como usted ha recordado, dijo: ama a tu prójimo como a ti mismo. ¿Le parece que esto se ha hecho realidad?
 
"Por desgracia no. El egoísmo ha aumentado y el amor hacia los demás ha disminuido".
 
Este es el objetivo que nos une: al menos igualar estos dos tipos de amor. ¿Su Iglesia está preparada para aceptar este reto?
 
"¿Usted que cree?".
 
Creo que el amor por el poder temporal es todavía muy fuerte entre los muros vaticanos y en la estructura institucional de toda la Iglesia. Creo que la Institución predomina sobre la Iglesia pobre y misionera que usted quiere.
 
"Las cosas están así, de hecho, y en este tema no se hacen milagros. Le recuerdo que también Francisco en su época tuvo que negociar largamente con la jerarquía romana y con el Papa para que se reconociesen las reglas de su orden. Al final obtuvo la aprobación pero con profundos cambios y compromisos".
 
¿Usted deberá seguir el mismo camino?
 
"No soy Francisco de Asís, ni tengo su fuerza y su santidad. Pero soy el obispo de Roma y el Papa de la catolicidad. He decidido como primera cosa nombrar a un grupo de ocho cardenales que constituyan mi consejo. No cortesanos sino personas sabias y animadas por mis mismos sentimientos. Este es el inicio de esa Iglesia con una organización no vertical sino horizontal. Cuando el cardenal Martini hablaba poniendo el acento en los Concilios y en los Sínodos, sabía que largo y difícil fue el camino que hay que recorrer en esa dirección. Con prudencia, pero con firmeza y tenacidad".
 
¿Y la política?
 
"¿Por qué me lo pregunta? Ya le he dicho que la Iglesia no se ocupará de política".
 
Pero hace poco usted hizo un llamamiento a los católicos a comprometerse civil y políticamente.

 "No me dirigí solo a los católicos sino a todos los hombres de buena voluntad. Dije que la política es la primera de las actividades civiles y que tiene un propio campo de acción que no es el de la religión. Las instituciones políticas son laicas por definición y obran en esferas independientes. Esto lo han dicho todos mis predecesores, al menos desde muchos años hasta ahora, aunque sea con matices distintos. Creo que los católicos comprometidos en la política tienen dentro valores de la religión pero también una conciencia madura y una competencia para llevarlos a cabo. La Iglesia no irá nunca más allá de expresar y defender sus valores, al menos hasta que yo esté aquí".
 
Pero no siempre ha sido así la Iglesia.
 
"No, casi nunca ha sido así. Muy a menudo, la Iglesia como institución ha sido dominada por el temporalismo y muchos miembros y altos exponentes católicos tienen todavía esta forma de pensar. Pero ahora, déjeme que le haga una pregunta: Usted, laico no creyente en Dios, ¿en qué cree? Usted es un escritor y pensador. Creerá en algo, tendrá algún valor dominante. No me responda con palabras como honestidad, la búsqueda, la visión del bien común; todos principios y valores importantes, pero no es esto lo que le pregunto. Le pregunto qué piensa de la esencia del mundo, del universo. Se preguntará ciertamente, todos lo hacemos, de dónde venimos, a dónde vamos. Se las plantea hasta un niño ¿Y usted?
 
Le agradezco esta pregunta, la respuesta es esta: Creo en el Ser, es decir en el tejido del cual surgen las formas, los Entes.
 
"Yo creo en Dios, no en un Dios católico; no existe un Dios católico, existe Dios. Y creo en Jesucristo, su Encarnación. Jesús es mi maestro, mi pastor, pero Dios, el Padre, Abba, es la luz y el Creador. Este es mi Ser. ¿le parece que estamos muy lejos?".
 
Estamos lejos en el pensamiento, pero similares como personas humanas, animadas por nuestros instintos que se transforman en pulsiones, sentimientos, voluntad, pensamiento y razón. En esto somos parecidos.
 
"Pero lo que ustedes llaman el Ser, ¿lo define como lo piensa?".
 
El Ser es un tejido de energía. Energía caótica pero indestructible y en eterno caos. De esa energía emergen las formas cuando la energía llega al punto de explosión. Las formas tienen sus leyes, sus campos magnéticos, sus elementos químicos, que se combinan casualmente, evolucionan, finalmente se apagan pero su energía no se destruye. El hombre es probablemente el único animal dotado de pensamiento, al menos en nuestro planeta y sistema solar. He dicho que está animado por instintos y deseos pero añado que tiene dentro de sí una resonancia, un eco, una vocación de caos.
 
"Bien. No quería que me hiciese un resumen de su filosofía y me ha dicho bastante. Observo por mi parte que Dios es luz que ilumina las tinieblas y que aunque no las disuelva hay una chispa de esa luz divina dentro de nosotros. En la carta que le escribí recuerdo haberle dicho que aunque nuestra especie termine, no terminará la luz de Dios que en ese punto invadirá todas las almas y será todo en todos".
 
Sí, lo recuerdo bien, dijo "toda la luz será en todas las almas", lo que, si puedo permitirme decir, da más una imagen de inmanencia que de trascendencia.
 
"La trascendencia permanece porque esa luz, toda en todos, trasciende el universo y las especies que en esa fase lo pueblen. Pero volvamos al presente. Hemos dado un paso adelante en nuestro diálogo. Hemos constatado que en la sociedad y en el mundo en el que vivimos el egoísmo ha aumentado más que el amor por los demás, y que los hombres de buena voluntad deben actuar, cada uno con su propia fuerza y competencia, para hacer que el amor por los demás aumente hasta igualarse e incluso superar el amor por nosotros mismos".
 
Por tanto también la política está llamada a la causa.
 
"Seguramente. Personalmente pienso que el llamado capitalismo salvaje no hace sino volver más fuertes a los fuertes, más débiles a los débiles y más excluidos a los excluidos. Hace falta gran libertad, ninguna discriminación, nada de demagogia y mucho amor. Hacen falta reglas de comportamiento y también, si fuera necesario, intervenciones directas del Estado para corregir las desigualdades más intolerables".
 
Santidad, usted ciertamente es una persona de gran fe, tocado por la gracia, animado por la voluntad de relanzar una Iglesia pastoral, misionera, regenerada y no apegada a los tiempos. Pero según habla y yo le entiendo, usted es y será un papa revolucionario. Mitad jesuita, mitad hombre de Francisco, un maridaje que quizás nunca se había visto. Y después, le gustan "Los Novios" de Manzoni, Holderlin, Leopardi y sobre todo Dostoyevski, el film "La Strada" y "Prova d'orchestra" de Fellini, "Roma cittá aperta" de Rossellini y también las películas de Aldo Fabrizi.

 "Esas me gustan porque las veía con mis padres cuando era un niño".
 
Así es. ¿Puedo sugerirle que vea dos películas estrenadas hace poco? "Viva la libertad" y las películas sobre Fellini de Ettore Scola. Estoy seguro de que le gustarán. Sobre el poder le digo: ¿sabe que a los veinte años hice un mes y medio de ejercicios espirituales con los jesuitas? Estaban los nazis en Roma y yo había desertado del reclutamiento militar. Podríamos ser castigados con la pena de muerte. Los jesuitas nos acogieron con la condición de que hiciéramos los ejercicios espirituales durante todo el tiempo que estuvimos escondidos en su casa, y así fue.
 
"Pero es imposible resistir un mes y medio de ejercicios espirituales", dice él estupefacto y divertido. Lo contaré la próxima vez.
 
Nos abrazamos. Subimos la breve escalera que nos separa del portón. Pido al Papa que no me acompañe pero él lo rechaza con un gesto. "Hablaremos también del papel de las mujeres en la Iglesia. Le recuerdo que la Iglesia es femenina".
 
Y hablaremos si usted quiere también de Pascal. Me gustaría saber qué piensa usted de esta gran alma.
 
"Lleve a todos sus familiares mi bendición y pídales que recen por mi. Piense en mí, piense a menudo en mí".
 
Nos estrechamos la mano y él se queda quieto con los dos dedos en alto en signo de bendición. Yo lo saludo desde la ventanilla.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Prohibido prohibir

Pedro Pierre

Si no conocíamos al padre Miguel Ángel Cabodevilla, ahora lo conocemos gracias al intento de censura de su último libro: “La tragedia ocultada”, sobre la matanza contra pueblos ocultos de la Amazonía. Lección: “¡No hay mal que por bien no venga!”. Nos preguntamos por qué prohibir algo que no estaba a la venta y que recién se iba a presentar al público.
 
Son hechos que se ven en países imperialistas, en tiempos de dictaduras o, antes lastimosamente, en la Iglesia católica. En Ecuador, recién se ha publicado una ley actualizada de comunicación que es un progreso sobre lo que se tenía y hacía en particular en la prensa privatizada. Entonces, sorprende nacional e internacionalmente, tal actuación. ¿Qué pasó? ¿Será el título: La tragedia ocultada? ¿Se toca algo que no se quiere que se sepa? ¿Se quiere ocultar la realidad cuestionadora de los pueblos en aislamiento voluntario? ¿Hay intereses personales tras la explotación del petróleo del Yasuní?... Tal vez un poco de todo esto.
 
El padre Miguel Ángel Cabodevilla es parte de la congregación de los capuchinos, a cargo pastoral de la provincia de Orellana desde muchos años. Particular conocedor de la realidad de los pueblos originarios de la Amazonía, ha escrito varios libros y muchos artículos sobre esta temática. Por ejemplo, ¿hemos oído hablar de la civilización milenaria de los Omaguas sobre unos 1.000 kilómetros del río Amazonas y del sorprendente museo que ofrecen los padres capuchinos en la isla Pompeya del río Napo?
 
Amigo de monseñor Alejandro Labaka y de la hermana Inés Arango, el padre Miguel Ángel sabe lo que quiere decir alzar la voz contra la extinción de las nacionalidades y los pueblos amazónicos y dar la vida para que estos pueblos no terminen desapareciendo como si jamás hubieran existido… Ellos y otros son “la voz de los sin voz”, de los acallados, de los silenciados, de los injusticiados… para que logren ser escuchados y respetados.  
  
Gracias, Miguel Ángel, por tu voz, tus textos, tu tenacidad y tu valentía: “no se puede tapar el sol con un dedo”. Gracias por continuar el testimonio de Alejandro e Inés a favor de los pueblos en aislamiento voluntario. Muchos vamos a leer tu libro “La tragedia ocultada”, impreso o virtual. Pues, decía Jesús: “La verdad los hará libres”. Vamos a buscar continuar el camino abierto en esta Amazonía querida: libres para hablar, libres para escribir, libres para luchar, libres para ser solidarios cueste lo que cueste, siendo constructores indeclinables de un Ecuador multicultural y plurinacional.

martes, 1 de octubre de 2013

Al inicio de una semana crucial para la Iglesia. VEN ESPIRITU SANTO

 
Impulsar la renovación evangélica
José Antonio Pagola | Sacerdote y teólogo
 
Querido hermano Francisco:
 
Desde que fuiste elegido para ser la humilde “Roca” sobre la que Jesús quiere seguir construyendo hoy su Iglesia, he seguido con atención tus palabras.
 
Ahora, acabo de llegar de Roma, donde te he podido ver abrazando a los niños, bendiciendo a enfermos y desvalidos y saludando a la muchedumbre.
 
Dicen que eres cercano, sencillo, humilde, simpático… y no sé cuántas cosas más.
 
Pienso que hay en ti algo más, mucho más. Pude ver la Plaza de San Pedro y la Via della Conciliazione llena de gentes entusiasmadas. No creo que esa muchedumbre se sienta atraída solo por tu sencillez y simpatía.
 
En pocos meses te has convertido en una “buena noticia” para la Iglesia e, incluso, más allá de la Iglesia. ¿Por qué? Casi sin darnos cuenta, estás introduciendo en el mundo la Buena Noticia de Jesús.
 
Estás creando en la Iglesia un clima nuevo, más evangélico y más humano. Nos estás aportando el Espíritu de Cristo. Personas alejadas de la fe cristiana me dicen que les ayudas a confiar más en la vida y en la bondad del ser humano. Algunos que viven sin caminos hacia Dios me confiesan que se ha despertado en su interior una pequeña luz que les invita a revisar su actitud ante el Misterio último de la existencia.
 
Yo sé que en la Iglesia necesitamos reformas muy profundas para corregir desviaciones alimentadas durante muchos siglos, pero estos últimos años ha ido creciendo en mí una convicción. Para que esas reformas se puedan llevar a cabo, necesitamos previamente una conversión a un nivel más profundo y radical.
 
Necesitamos, sencillamente, volver a Jesús, enraizar nuestro cristianismo con más verdad y más fidelidad en su persona, su mensaje y su proyecto del Reino de Dios.
 
Por eso, quiero expresarte qué es lo que más me atrae de tu servicio como Obispo de Roma en estos inicios de tu tarea.
 
Yo te agradezco que abraces a los niños y los estreches contra tu pecho. Nos estás ayudando a recuperar aquel gesto profético de Jesús, tan olvidado en la Iglesia, pero tan importante para entender lo que esperaba de sus seguidores. Según el relato evangélico, Jesús llamó a los Doce, puso a un niño en medio de ellos, lo estrechó entre sus brazos y les dijo: “El que acoge a un niño como este en mi nombre, me está acogiendo a mí”.
 
Se nos había olvidado que en el centro de la Iglesia, atrayendo la atención de todos ,han de estar siempre los pequeños, los más frágiles y vulnerables. Es importante que estés entre nosotros como “Roca” sobre la que Jesús construye su Iglesia, pero es tan importante o más que estés en medio de nosotros abrazando a los pequeños y bendiciendo a los enfermos y desvalidos, para recordarnos cómo acoger a Jesús. Este gesto profético me parece decisivo en estos momentos en que el mundo corre el riesgo de deshumanizarse desentendiéndose de los últimos.
 
Yo te agradezco que nos llames de forma tan reiterada a salir de la Iglesia para entrar en la vida donde la gente sufre y goza, lucha y trabaja: ese mundo donde Dios quiere construir una convivencia más humana, justa y solidaria.
 
Creo que la herejía más grave y sutil que ha penetrado en el cristianismo es haber hecho de la Iglesia el centro de todo, desplazando del horizonte el proyecto del Reino de Dios.
 
Juan Pablo II nos recordó que la Iglesia no es el fin de sí misma, sino solamente “germen, signo e instrumento del Reino de Dios”, pero sus palabras se perdieron entre otros muchos discursos.
 
Ahora se despierta en mí una alegría grande cuando nos llamas a salir de la “autorreferencialidad” para caminar hacia las “periferias existenciales”, donde nos encontramos con los pobres, las víctimas, los enfermos, los desgraciados…
 
Disfruto subrayando tus palabras: “Hemos de construir puentes, no muros para defender la fe”; necesitamos “una Iglesia de puertas abiertas, no de controladores de la fe”; “la Iglesia no crece con el proselitismo, sino por la atracción, el testimonio y la predicación”. Me parece escuchar la voz de Jesús que, desde el Vaticano, nos urge: “Id y anunciar que el Reino de Dios está cerca”, “id y curad a los enfermos”, “lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis”.
 
Te agradezco también tus llamadas constantes a convertirnos al Evangelio. Qué bien conoces a la Iglesia. Me sorprende tu libertad para poner nombre a nuestros pecados. No lo haces con lenguaje de moralista, sino con fuerza evangélica: las envidias, el afán de hacer carrera y el deseo de dinero; “la desinformación, la difamación y la calumnia”; la arrogancia y la hipocresía clerical; la “mundanidad espiritual” y la “burguesía del espíritu”; los “cristianos de salón”, los “creyentes de museo”, los cristianos con “cara de funeral”.
 
 Te preocupa mucho “una sal sin sabor”, “una sal que no sabe a nada”, y nos llamas a ser discípulos que aprenden a vivir con el estilo de Jesús.
 
No nos llamas solo a una conversión individual. Nos urges a una renovación eclesial, estructural. No estamos acostumbrados a escuchar ese lenguaje. Sordos a la llamada renovadora del Vaticano II, se nos ha olvidado que Jesús invitaba a sus seguidores a “poner el vino nuevo en odres nuevos”.
 
Por eso, me llena de esperanza tu homilía de la fiesta de Pentecostés: “La novedad nos da siempre un poco de miedo, porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos y planificamos nuestra vida, según nuestros esquemas, seguridades y gustos… Tenemos miedo a que Dios nos lleve por caminos nuevos, nos saque de nuestros horizontes, con frecuencia limitados, cerrados, egoístas, para abrirnos a los suyos”.
 
Por eso nos pides que nos preguntemos sinceramente: “¿Estamos abiertos a las sorpresas de Dios o nos encerramos con miedo a la novedad del Espíritu Santo? ¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas, que han perdido la capacidad de respuesta?”. Tu mensaje y tu espíritu están anunciando un futuro nuevo para la Iglesia.
 
Quiero acabar estas líneas expresándote humildemente un deseo. Tal vez no podrás hacer grandes reformas, pero puedes impulsar la renovación evangélica en toda la Iglesia. Seguramente, puedes tomar las medidas oportunas para que los futuros obispos de las diócesis del mundo entero tengan un perfil y un estilo pastoral capaz de promover esa conversión a Jesús que tú tratas de alentar desde Roma.
 
Francisco, eres un regalo de Dios. ¡Gracias!
En el nº 2.863 de Vida Nueva.