MONS. GONZALO LOPEZ M.

MONS. GONZALO LOPEZ M.

martes, 20 de junio de 2017

Sacerdote mexicano encabeza movimiento por agua limpia y vida digna para los campesinos

 
Redes Cristianas
 
El padre Zesati no se ha cansado de denunciar la contaminación del agua en la Cuenca de la Independencia, Guanajuato; ante la negación de las autoridades, ha comenzado a explotar otras alternativas para llevar vida digna a la comunidad
 
VIDA NUEVA, DIGITAL, DE MÉXICO
 
Fue hace cinco años cuando el sacerdote Juan Carlos Zesati Ibargüengoitia, perteneciente a la Diócesis de Celaya, llegó a atender pastoralmente a la comunidad de San Luis de la Paz, en Guanajuato; no tardó mucho tiempo en darse cuenta que en la localidad las personas enfermaban gravemente a causa del agua contaminada que extraían de los pozos para beber. La causa: flúor y arsénico en el vital líquido.
 
Tras una rápida investigación, se percató que el problema no era insignificante, sino que se extendía más allá de la comunidad de San Luis de la Paz a toda la Cuenca de la Independencia, que abarca otros municipios como San Miguel de Allende, Doctor Mora, Dolores Hidalgo, San Felipe, San Diego de la Unión y San José Iturbide.
 
Desde entonces, el sacerdote –originario del estado de Zacatecas–, comenzó a trabajar junto con la comunidad, denunciando por todas las vías posibles esta dramática realidad que hasta la fecha es negada por las autoridades, pese a que científicos de diferentes instituciones, entre ellas la Universidad Nacional Autónoma de México, han avalado la existencia de contaminantes en el agua.
 
En entrevista para Vida Nueva Digital México, el padre Zesati explicó que han denunciado este problema a nivel municipal, estatal y federal, pero no se ha logrado que las autoridades acepten la existencia del problema, pese a las pruebas científicas que se les han entregado.
 
Agua, el nuevo oro
 
“Vemos que hay muchos intereses en el tema del agua; que hay mucha corrupción, pues el agua es el nuevo ‘petróleo’, el nuevo oro”, consideró.
 
También lamentó que ante el problema, las autoridades no se preocupen por la salud de las personas, que se están enfermando de insuficiencia renal, cáncer, diabetes y a nivel neurológico, ya que el flúor y el arsénico –dijo– repercuten gravemente en la salud, “siendo los niños los más perjudicados”.
 
De acuerdo con el padre Zesati, incluso una doctora egresada de la Universidad de Harvard ha comprobado científicamente la contaminación del agua, pero los estudios tampoco han sido considerados por las autoridades para tomar medidas en beneficio de la población.
 
Señaló que otras organizaciones que han apoyado con la denuncia de esta situación son el Charco del Ingenio y la Colisión para la Defensa de la Cuenca de la Independencia, así como una red de organizaciones de base que tienen un trabajo de producción sustentable.
 
A oídos sordos, trabajo y organización
 
El padre Zesati, quien desde hace tres años también es el responsable de la Pastoral Campesina en la Diócesis de Celaya, explicó que ante el problema y la falta de respuesta del gobierno, ha decidido ayudar a la comunidad desde diferentes ámbitos: “por un lado, trabajar en la formación, conciencia y organización de la comunidad, así como en el acompañamiento y denuncia para afrontar el problema del agua que está relacionado con la tierra; lo segundo es trabajar en un sistema de vida con los pequeños campesinos y, por último, buscar alternativas desde la capacidad de las comunidades”.
 
Aseguró que los “golpes que recibe la gente del campo son muy fuertes, por lo que hay que generar alternativas de vida que los lleven a tener una vida digna”.
 
Fue así que, a mediados de 2016, organizó a más de 40 comunidades del municipio para realizar la construcción de cisternas para captación de agua pluvial: “debido a que el agua de los pozos está contaminada, una alternativa es captar el agua de la lluvia, a través de un trabajo solidario y de unión de las comunidades; las cisternas familiares se han ido construyendo poco a poco, con el apoyo de todos”.
 
Tres años antes, en 2013, también inició la construcción de un Centro Comunitario en la localidad de San Cayetano, en el mismo municipio de San Luis de la Paz, como un espacio de atención social, dispensario y servicios para que las personas de la comunidad pudieran investigar o hacer sus tareas.
 
“Este centro –dice– ha facilitado puentes de solidaridad, pues ha permitido crear vínculos con personas que vienen a compartir sus talentos por la vía del servicio social; por lo general son jóvenes con un gran espíritu de solidaridad, especializados en Veterinaria, Sicología, Derecho y Administración. Se quedan varios meses viviendo aquí, apoyando en la consolidación de las cooperativas”.
 
Por la dignidad del campesinado
 
“Dios es un Dios de la vida, quiere la vida de sus hijos, quiere vida digna”, aseguró el sacerdote, quien durante estos años ha sido apoyado por su obispo, monseñor Benjamín Castillo Plascencia, en su trabajo pastoral.
 
Explicó: “Lo que intentamos promover es la vida digna en el campo, buscando alternativas con los campesinos para que no emigren, sino que se queden en su comunidad. Debemos hacerlos conscientes del valor del gran servicio que prestan al país. En este sentido, estamos promoviendo el trabajo en cooperativas con una dimensión social, pero también de fe”.
 
Refirió que hace unos meses se intentó instalar una planta de cianuro en la comunidad, pero gracias a las protestas organizadas de la gente, fue posible detener su construcción. “Estas acciones revelan una tendencia hacia un tipo de desarrollo que está muy ligado a la extracción; creen que los bienes de la tierra nunca se van a acabar y que se puede disponer arbitrariamente de ellos sin pensar en las futuras generaciones. Es una amenaza basada en una visión individualista que deja fuera a nuestros campesinos”.
 
En defensa de la casa común
 
Para el padre Zesati el problema de la contaminación del agua también tiene un sentido espiritual: “El espíritu de Dios nos anima a todos, todo merece un respeto y una visión de fe. Considerar que todo se puede convertir en mercancía, y no ver la creación como algo sagrado, es precisamente lo que ha llevado a la devastación que estamos viendo, a los peligros y amenazas a la vida humana y a la casa común”.
 
Como sacerdote –dijo– es importante estar abiertos a la voluntad de Dios para ver en qué se puede colaborar con estas comunidades: “Dios nos va diciendo por dónde debe ir nuestro compromiso, y en este momento, una parte importante es fortalecer la cohesión de la comunidad a través de la fe, pues sólo de esta manera la gente va respondiendo a los retos que debe enfrentar”.
 
Evangelizar y humanizar
 
Finalmente, al hablar de los retos de los sacerdotes frente a la violencia y la inseguridad en el país, el padre Zesati consideró fundamental “hacer un examen de conciencia que nos lleve a entender por qué, en un país que se dice católico y en el que la mayoría se bautizan, hay una realidad tan grave de violencia. En asesinatos estamos a la cabeza, en los primeros lugares a nivel mundial, compitiendo con países que están en guerra abierta”.
 
“Para nosotros, como sacerdotes, es un desafió arriesgarnos a ser buena noticia en aquellos espacios que se están quedando fuera del Evangelio; hay personas comprometidas que están abriendo brecha; tenemos que salir de los templos para buscar a Cristo en el hermano; es un reto desde la formación del seminario”, agregó.
 
Y concluyó: “como sacerdotes debemos tener claro que evangelizar va muy de la mano con humanizar; evangelizar es convertirnos en buena noticia, y para ello, debemos buscar cómo humanizar este mundo. El abastecimiento de agua limpia, en particular, está ligado a una justicia social a la que también nos llama el Evangelio”.
 
 

lunes, 19 de junio de 2017

Leonardo Boff: La fuerza política de la esperanza ante la situación actual


Leonardo Boff

Vivimos tiempos de gran desamparo social. Se ha producido una especie de terremoto, esta vez no provocado por la naturaleza sino por la propia política.

Hubo un golpe de clase de los adinerados, amenazados en sus privilegios por los beneficiados por las políticas sociales de los gobiernos del PT, que los llevó a ocupar lugares de los que antes estaban excluidos. Para ello usaron el parlamento, como en 1964 los militares. La destitución de la presidenta Dilma, democráticamente elegida, sirvió a los propósitos de estas élites económicas (el 0,05% de la población según el IPEA), lo cual implicaba ocupar los aparatos del Estado y garantizar así su status histórico-social hecho a base de privilegios y de negocios turbios. Habiendo naturalizado la corrupción, no tuvieron escrúpulos en modificar la constitución e introducir reformas que eliminaron derechos de los trabajadores y modificaron profundamente los beneficios de la Seguridad Social.

La corrupción, detectada primeramente por los órganos de espionaje de Estados Unidos y traspasada a nuestro sistema jurídico, permitió instaurar un proceso judicial que recibió el nombre de Lava-Jato. Ahí se detectó la trama inimaginable de corrupción que atraviesa las grandes empresas, desde las estatales a las privadas, los fondos y otros órganos, dentro de la lógica del patrimonialismo. La corrupción identificada fue de tal orden que escandalizó al mundo. Llegó a quebrar estados de la federación, como por ejemplo el de Río de Janeiro.

Yo mismo y otros muchos estamos sin recibir nuestros sueldos de profesores universitarios, retirados o no, desde diciembre de 2016.

La consecuencia es el descalabro político, jurídico e institucional. Es falaz decir que las instituciones funcionan. Todas ellas están contaminadas por la corrupción. La justicia es vergonzosamente parcial especialmente el justiciero Sergio Moro y buena parte del Ministerio Público, apoyados por una prensa reaccionaria sin compromiso con la verdad. Esta justicia revela sin tapujos una furia incontrolable de persecución al expresidente Lula y a su partido, el PT, el mayor del país. Se quiere destruir su indiscutible liderazgo, desfigurar su biografía e impedir de cualquier modo que sea candidato. Se fuerza su condenación, fundada más en convicciones que en pruebas materiales, lo que impediría su candidatura, que goza de la preferencia de la mayoría.

La consecuencia es un sufrido vacío de esperanza. Pero es importante recuperar el carácter político-transformador de la esperanza. Ernst Bloch, el gran pensador de la esperanza, habla del principio-esperanza, que es más que la virtud común de la esperanza. Es ese impulso que habita en nosotros, que nos mueve siempre, que proyecta sueños y utopías, y sabe sacar de los fracasos motivos de resistencia y lucha.

De san Agustín, tal vez el mayor genio cristiano, gran formulador de frases, nos viene esta sentencia: la esperanza tiene dos hijas queridas: la indignación y la valentía; la indignación nos enseña a rechazar las cosas así como están y la valentía, a cambiarlas.

En este momento debemos evocar en primer lugar a la hija-indignación frente a lo que el gobierno Temer está perpetrando criminalmente contra el pueblo, contra los indígenas, contra la población del campo, contra las mujeres, contra los trabajadores y contra las personas mayores, quitándoles derechos y rebajando a millones de personas, que de la pobreza están pasando a la miseria. No se escapa ni la soberanía nacional, pues el gobierno Temer está permitiendo vender tierras nacionales a extranjeros.

Si el gobierno ofende al pueblo, este tiene derecho a evocar a la hija-indignación y no darle paz, sino exigir en las calles y plazas su salida, ya que está acusado de delitos de corrupción y es fruto de un golpe, y por eso carece de legitimidad.

La hija-valentía se muestra en el deseo de cambio, no obstante los enfrentamientos que pueden ser peligrosos. Ella nos mantiene animados, nos sostiene en la lucha y puede llevarnos a la victoria. Es importante seguir el consejo del Quijote: no hay que aceptar las derrotas sin antes dar todas las batallas.

Un dato que debemos tener en cuenta siempre es que la realidad no es solo lo que está ahí, como un hecho al alcance de nuestra mano. Lo real es más que lo factual. Lo real esconde dentro de sí virtualidades y posibilidades ocultas que pueden ser sacadas afuera y volverse hechos nuevos.

Una de estas posibilidades es evocar el artículo primero de la constitución que reza: “todo poder emana del pueblo”. Los gobernantes y los políticos solo son delegados del pueblo. Cuando le traicionan, ya no representan los intereses generales sino los de las empresas que financian sus elecciones. El pueblo tiene derecho de sacarlos del poder mediante elecciones directas ya.

“Fuera Temer y directas ya” no es un slogan de grupos sino de grandes multitudes. La hija-valentía debe exigir, por derecho, esta opción, la única que garantizará autoridad y credibilidad a un gobierno capaz de sacarnos de la presente crisis.

Las dos hijas de la esperanza podrían hacer suya esta frase de A. Camus: «En medio del invierno descubrí que había, dentro de mí, un verano invencible».

domingo, 18 de junio de 2017

José M. Vidal: El Papa advierte que confesarse no es "decir los pecados como si fuera la lista de la compra del mercado"


José M. Vidal/RV

En la misa matutina de Santa Marta, con su lenguaje coloquial y cercano, el Papa Francisco invitó a reconocer que, como dice San Pablo, "llevamo sun tesoro en vasijas de barro". Sólo así, reconociendo la "propia vulnerabilidad", podremos ser conscientes de que Dios es el que nos salva. Ese diálogo entre el tesoro y el barro se basa en la "vergüenza" y en el reconocimiento sincero de nuestros pecados. Porque confesarse no es "decir los pecados como si fuera la lista de la compra".

Francisco reflexionó sobre la Segunda Carta de San Pablo a los Corintios - en la que el Apóstol se refiere al misterio de Cristo - afirmando que "tenemos un tesoro en vasijas de barro" y exhorta a todos a tomar "conciencia" de ser, precisamente "barro, débiles y pecadores". Sí porque sin el poder de Dios - recordó el Papa - no podemos "ir adelante". Este tesoro de Cristo - explicó el Pontífice - lo tenemos "en nuestra fragilidad: nosotros somos barro". Porque es "el poder de Dios, la fuerza de Dios lo que nos salva, nos cura y nos pone de pie". Y esto, en el fondo, es "la realidad de nuestra vulnerabilidad":

"Todos nosotros somos vulnerables, frágiles, débiles, y tenemos necesidad de ser curados. Y Él lo dice: estamos llenos de tribulaciones, estamos trastornados, somos perseguidos, afectados como manifestación de nuestra debilidad, de la debilidad de Pablo, manifestación del barro. Ésta es nuestra vulnerabilidad. Y una de las cosas más difíciles en la vida es reconocer la propia vulnerabilidad. A veces, tratamos de encubrir la vulnerabilidad, para que no se vea; o de camuflarla, para que no sea vea; o disimularla... El mismo Pablo, al inicio de este capítulo dice: ‘Cuando he caído en las disimulaciones vergonzosas. Las disimulaciones son vergonzosas. Siempre. Son hipócritas".

Además de la "hipocresía hacia los demás" - prosiguió diciendo el Papa Francisco - existe también la de "la confrontación con nosotros mismos", o sea, cuando creemos que "somos otra cosa", pensando "que no tenemos necesidad de curación" y "apoyo". En una palabra, cuando decimos: "no estoy hecho de barro", tengo "un tesoro mío".


"Éste es el camino, el camino hacia la vanidad, la soberbia, la autorreferencialidad de aquellos que no sintiéndose barro, buscan la salvación, la plenitud de sí mismos. Pero el poder de Dios es el que nos salva, y Pablo reconoce nuestra vulnerabilidad: ‘Padecemos tribulaciones, pero no estamos aplastados'. No aplastados, porque el poder de Dios nos salva. ‘Estamos trastornados' - reconoce - ‘pero no desesperados'. Hay algo de Dios que nos da esperanza. Somos perseguidos, pero no abandonados; golpeados, pero no asesinados. Siempre está esta relación entre el barro y el poder, el barro y el tesoro. Nosotros tenemos un tesoro en vasijas de barro. Pero la tentación es siempre la misma: encubrir, disimular, no creer que somos barro. Esa hipocresía con nosotros mismos".

El Apóstol Pablo - subrayó el Papa - con este modo "de pensar, de razonar, de predicar la Palabra de Dios" nos conduce, por tanto, a un diálogo "entre el tesoro y el barro". Un diálogo que continuamente debemos hacer, "para ser honestos". Francisco propuso el ejemplo de la confesión, cuando "decimos los pecados como si fuera una lista de la compra del mercado", pensando "blanquear un poco el barro" para ser más fuertes. En cambio, debemos aceptar la debilidad y la vulnerabilidad, incluso si resulta "difícil" hacerlo: es aquí donde entra en juego "la vergüenza":

"Es la vergüenza la que ensancha el corazón para que entre el poder de Dios, la fuerza de Dios. La vergüenza de ser barro y no ser una vasija de plata o de oro. De ser barro. Y si nosotros llegamos a este punto, seremos felices. Seremos muy felices. El diálogo entre el poder de Dios y el barro: pensemos en el lavatorio de los pies, cuando Jesús se acerca a Pedro y Pedro dice: ‘No, a mí no, Señor, ¡pero por favor! ¿Qué haces?'. Pedro no había entendido que tenía necesidad del poder del Señor para ser salvado".

De manera que está en la "generosidad" reconocer "que somos vulnerables, frágiles, débiles y pecadores". Sólo si aceptamos que somos barro - terminó diciendo el Santo Padre - el "extraordinario poder de Dios vendrá a nosotros y nos dará la plenitud, la salvación, la felicidad, la alegría de ser salvados", recibiendo así el "tesoro" del Señor.


sábado, 17 de junio de 2017

Fray Marcos Rodríguez: ÁGAPE, SACRAMENTO DE UNIDAD, SIGNO DE AMOR

 
Fray Marcos
Jn 6, 51-59
 
La eucaristía es una realidad muy profunda y compleja, que forma parte de la más antigua tradición. Tal vez sea la realidad cristiana más compleja y difícil de comprender y de explicar. Podíamos considerarla comoacción de gracias (eucaristía), Sacrificio, Presencia, Recuerdo (anamnesis), alimento, fiesta, unidad. Tiene tantos aspectos que es imposible abarcarlos todos en una homilía. Podemos quedarnos en la superficialidad del rito y perder así su verdadera riqueza. Lo que vamos a hacer es intentar superar muchas visiones raquíticas o erróneas sobre este sacramento.
 
1º.- La eucaristía no es magia. Claro que ningún cristiano aceptaría que al celebrar una eucaristía estamos haciendo magia. Pero si leemos la definición de magia de cualquier diccionario, descubriremos que le viene como anillo al dedo a lo que la inmensa mayoría de los cristianos pensamos de la eucaristía: Una persona revestida con ropajes especiales e investida de poderes divinos, realizando unos gestos y pronunciando unas palabras “mágicas”, obliga a Dios a producir un cambio sustancial en una realidad material. Cuando se piensa que en la consagración se produce un milagro, estamos hablando de magia.
 
2º.- No debemos confundir la eucaristía con la comunión. La comunión es solo la última parte del rito y tiene que estar siempre referida a la celebración de una eucaristía. Tanto la eucaristía sin comunión, como la comunión sin referencia a la eucaristía dejan al sacramento incompleto. Ir a misa y dejar de comulgar, es sencillamente un absurdo. Ir a misa con el único fin de comulgar, sin ninguna referencia a lo que significa el sacramento, es un autoengaño. Esta distinción entre eucaristía y comunión explica la diferencia de lenguaje entre los sinópticos y Jn en el discurso del pan de vida. Jn hace referencia al alimento, pero alimentarse lo identifica con, “el que cree en mí, el que viene a mí”.
 
3º.- En las palabras de la consagración, “cuerpo” no significa cuerpo; “sangre” no significa sangre. No se trata del sacramento de la carne y de la sangre físicas de Cristo.En la antropología judía, el hombre es una unidad indivisible, pero podemos descubrir en él cuatro aspectos: Hombre-carne, hombre-cuerpo, hombre-alma, hombre-espíritu. Hombre-cuerpo era el ser humano en cuanto sujeto de relaciones. Al decir: esto es mi cuerpo, está diciendo: esto soy yo,esto es mi persona. Para los judíos la sangre era la vida. No era solo símbolo de la vida. Era la vida misma. Cuando Jesús dice: “esto es mi sangre, que se derrama”, está diciendo que toda su vida está entregada a los demás.
 
4º.- La eucaristía no la celebra el sacerdote, sino la comunidad. El cura puede decir misa. Solo la comunidad puede hacer presente el don de sí mismo que Jesús significó en la última cena y que es lo que significa el sacramento. Es el sacramento del amor. No puede haber signo de amor en ausencia del otro. Por eso dice Mt: “donde dos o más estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. El clericalismo que otorga a los sacerdotes un poder divino para hacer un milagro, no tiene ningún apoyo en la Escritura.
 
5º.- La comunión no es un premio para los buenos “que están en gracia”, sino un remedio para los desgraciados que necesitamos descubrir el amor gratuito de Dios. Solo si me siento pecador estoy necesitado de celebrar el sacramento. Cuando más necesitamos el signo del amor de Dios es cuando nos sentimos separados de Él. Hemos llegado al absurdo de dejar de comulgar cuando más lo necesitábamos.
 
6º.- La realidad significada en el pan y el vino no es Jesús en sí mismo, sino Jesús como don. El don de sí mismo que ha manifestado durante toda su vida y que le ha llevado a su plenitud, identificándole con el Padre. Ese es el significado que yo tengo que descubrir. La eucaristía no es un producto más de consumo que me proporciona seguridades. Podemos oír misa sin que nos obligue a nada, pero no podemos celebrar la eucaristía impunemente. No se puede salir de misa como si no hubiera pasado nada. Si la celebración no cambia mi vida en nada, es que la he reducido a simple rito folclórico.
 
7º.- Haced esto, no se refiere a que perpetuemos un acto de culto. Jesús no dio importancia al culto. Jesús quiso decir que recordáramos el significado de lo que acaba de hacer. Esto soy yo que me parto y me reparto, que me dejo comer. Haced también vosotros esto. Entregad la propia vidaa los demás como he hecho yo.
 
8ª.- Los signos de la eucaristía no son el pan y el vino, sino el pan partido y el vino derramado. Durante siglos, se llamó a la eucaristía “la fracción del pan”. No se trata del pan como cosa, sino del gesto de partir y comer. Al partirse y dejarse comer, Jesús está haciendo presente a Dios, porque Dios es don infinito, entrega total a todos y siempre. Esto tenéis que ser vosotros. Si queréis ser cristianos tenéis que partiros, repartiros, dejaros comer, triturar, asimilar, desapare­cer en beneficio de los demás. Una comunión sin este compromi­so es una farsa, un garabato, como todo signo que no signifique nada.
 
Todavía es más tajante el signo del vino. Cuando Jesús dice: esto es mi sangre, está diciendo esta es mi vida que se está derramando, consumiendo, en beneficio de todos. Eso que los judíos tenían por la cosa más horrorosa, apropiarse de la vida (la sangre) de otro, eso es lo que pretende Jesús. Tenéis que hacer vuestra, mi propia vida. Nuestra vida solo será cristiana si se derrama, si se consume, en beneficio de los demás.
 
Celebrar la Eucaristía es comprometerse a ser para los demás. Todas las estructu­ras que están basadas en el interés personal o de grupo, no son cristianas. Una celebración de la Eucaristía compatible con nuestros egoísmos, con nuestro desprecio por los demás, con nuestros odios y rivalidades, con nuestros complejos de superioridad, sean personales o grupales, no tiene nada que ver con lo que Jesús quiso expresar en la última cena.
 
La eucaristía es un sacramento. Y los sacramentos ni son milagros ni son magia. Se produce un sacramento cuando el signo (algo que entra por los sentidos) nos conecta con una realidad trascendente que no podemos ver ni oír ni tocar. Esa realidad significada, es lo que nos debe interesar. La hacemos presente por medio del signo. No se puede hacer presente de otra manera. Las realidades trascendentes, ni se crean ni se destruyen; ni se traen ni se llevan; ni se ponen ni se quitan. Están siempre ahí. Son inmutables y eternas.
 
El ser humano no tiene que liberar o salvar su "ego", a partir de ejercicios de piedad sino liberarse del "ego", que es precisamente lo contrario. Solo cuando hayamos descubierto nuestro verdadero ser, descubriremos la falsedad de nuestro yo individual y egoísta que se cree independiente. Estamos hablando del sacramento del amor, del sacramento de la unidad. Si la celebración de la eucaristía no nos lleva a esa unidad, significa que es falsa.
 
 
 
Meditación
 
No se trata solo de comer, sino de asimilar lo comido.
Si como sin asimilar, se producirá indigestión.
Si comulgo y no me identifico con lo que fue Jesús, me engaño.
Si no llego a lo significado, no hay sacramento que valga.
Realizado el signo, que entra por los sentidos,
queda por hacer lo importante: descubrir y vivir lo significado.
La verdadera comunión no está en el signo
sino en vivir la unidad con Dios y con los demás, como hizo él.

viernes, 16 de junio de 2017

José Antonio Pagola: Estancados por el miedo


José Antonio Pagola

El Papa Francisco está repitiendo que los miedos, las dudas, la falta de audacia... pueden impedir de raíz impulsar la renovación que necesita hoy la Iglesia. En su Exhortación La alegría del Evangelio llega a decir que, si quedamos paralizados por el miedo, una vez más podemos quedarnos simplemente en "espectadores de un estancamiento infecundo de la Iglesia".

Sus palabras hacen pensar. ¿Qué podemos percibir entre nosotros? ¿Nos estamos movilizando para reavivar la fe de nuestras comunidades cristianas o seguimos instalados en ese "estancamiento infecundo" del que habla Francisco? ¿Dónde podemos encontrar fuerzas para reaccionar?

Una de las grandes aportaciones del Concilio Vaticano II fue impulsar el paso desde la "misa", entendida como una obligación individual para cumplir un precepto sagrado, a la "eucaristía" vivida como celebración gozosa de toda la comunidad para alimentar su fe, crecer en fraternidad y reavivar su esperanza en Jesucristo resucitado.

Sin duda, a lo largo de estos años hemos dado pasos muy importantes. Quedan muy lejos aquellas misas celebradas en latín en las que el sacerdote "decía" la misa y el pueblo cristiano venía a "oír" la misa o a "asistir" a la celebración. Pero, ¿no estamos celebrando la eucaristía de manera rutinaria y aburrida?

Hay un hecho innegable. La gente se está alejando de manera imparable de la práctica dominical, porque no encuentra en nuestras celebraciones el clima, la palabra clara, el rito expresivo, la acogida estimulante que necesita para alimentar su fe débil y vacilante.

Sin duda, todos, presbíteros y laicos, nos hemos de preguntar qué estamos haciendo para que la eucaristía sea, como quiere el Concilio, "centro y cumbre de toda la vida cristiana". ¿Cómo permanece tan callada e inmóvil la jerarquía? ¿Por qué los creyentes no manifestamos nuestra preocupación y nuestro dolor con más fuerza?

El problema es grave. ¿Hemos de seguir "estancados" en un modo de celebración eucarística tan poco atractivo para los hombres y mujeres de hoy? ¿Es esta liturgia que venimos repitiendo desde hace siglos la que mejor puede ayudarnos a actualizar aquella cena memorable de Jesús donde se concentra de modo admirable el núcleo de nuestra fe?

Cuerpo y Sangre de Cristo - A
(Juan 6,51-58)
18 de junio 2017


jueves, 15 de junio de 2017

Padre Pedro Pierre: "Trump, ícono de la barbarie"



Padre Pedro Pierre
La expresión es de un sacerdote jesuita, Jorge Costadoat, que resume el pensar de mucha gente. Efectivamente, en un poco más de tres meses ¡cuántas barbaridades hemos visto realizadas por el presidente Trump! Escribe el sacerdote jesuita: “En todos los pueblos late la posibilidad de la involución. Alemania tuvo su Hitler. Rusia padeció al monstruo de Stalin. China a Mao… Muchos norteamericanos están avergonzados de él… Su negativa a asumir los compromisos medioambientales pactados en París por casi todos los países del mundo, nos indigna… Su vulgaridad con las mujeres, su misoginia, nos repele… También su xenofobia nos causa alergia… Nuestra cultura repudia el Holocausto. Trump es belicoso. El blanco norteamericano que exterminó a los pueblos originarios pareciera reencarnarse en Trump… Los seres humanos estamos en peligro…”.

Por todas partes se levantan voces de condena: la de los obispos norteamericanos: “Es un absurdo dictado por la necesidad de ganar dinero”; la del Vaticano: “Es una tragedia”; la de Leonardo Boff: “Si no hacemos nada a favor del medio ambiente, vamos a la extinción segura de la vida en el planeta”…

La gran conclusión es que una democracia sensata ya no existe, porque permite semejantes aberraciones. Lo vemos en Honduras, Paraguay, Argentina, Brasil, México… En Estados Unidos el sistema electoral favoreció la elección de Trump. La votación no es obligatoria y más de la mitad de los inscritos acostumbra no votar. Esta situación hace que el candidato electo solo recibe menos de 25% de los votos si se toma en cuenta los votos nulos y blancos, o sea, ¡el presidente es elegido por 1 norteamericano sobre 4! Además, la ley electoral no controla los gastos de campaña, que son enormes -¡unos $ 200 millones!-, lo que elimina los candidatos de pequeños partidos, en particular los de la oposición. Trump fue apoyado, por una parte, por la Bolsa de Wall Street, la mayor de Estados Unidos -por eso es que, después de la elecciones, aumentó su ganancias- y, por otra, por la industria armamentista norteamericana.

Ahora reflexionemos. Es fácil condenar a Trump y se debe luchar para que se vaya a su casa. Pero eso no nos disculpa de condenar también nuestras cotidianas destrucciones del medio ambiente. Cuánta basura botamos en los bordes de nuestras calles y carreteras que parecen verdaderos basureros. Cuánto plástico utilizamos inútilmente todos los días. Cuántas plantas, árboles y aves destruimos por nuestra irresponsabilidad en descuidar nuestro entorno. Cuánto polvo de lavar botamos y termina eliminando los peces de los ríos y los cangrejos de los manglares. Son millones los que hacen estas barbaridades a lo largo de los días y los años…

Muy abominable es Trump por el poderío que tiene a su disposición y que utiliza para destruir y matar. Pero también aberrantes somos nosotros, que colaboramos silenciosa e inconscientemente con estas destrucciones y matanzas. Comencemos a cambiar nuestras malas prácticas individuales y colectivas, así colaboraremos para detener la locura devastadora de Trump.