MONS. GONZALO LOPEZ M.

MONS. GONZALO LOPEZ M.

lunes, 3 de octubre de 2016

LAS ACUSACIONES SOBRE LAS FARC EN ECUADOR


Una reparación mediática urgente




Orlando Pérez
Director de El Telégrafo


Parecería exagerado pero no: cuánta tinta se derramó y cuánto odio se extendió para acusar a varios ecuatorianos, entre ellos al Presidente de la República, como miembros, simpatizantes, auspiciantes o colaboradores de las FARC.

No fuimos pocos (y perdonen que me incluya). Incluso metieron a Hugo Chávez. Si se revisa lo publicado en Ecuador y Colombia tras el ataque-invasión a Angostura, no habría espacio en esta columna para demostrar el sinnúmero de insinuaciones, supuestas conclusiones y hasta solemnes declaraciones de “personalidades” de prestigio político, académico e intelectual que sugirieron vinculaciones con el grupo armado colombiano.

Hubo, literal, un linchamiento mediático muy bien orquestado. El objetivo: desprestigiar, aniquilar y asesinar la imagen de toda aquella persona que, con una mínima expresión de izquierda real y consecuente, defendiera el derecho a levantarse en armas y a la vez buscar la paz.

Y para eso hubo periodistas agenciosos, medios supuestamente objetivos, investigaciones aparentemente propias (en realidad algunos datos salían de ciertas agencias de espionaje), libros y uno que otro personaje que iba y venía de Colombia, pero luego aparecía en Miami. Son los mismos, además, que fundan portales web con asiento en Panamá y reciben fondos de determinadas agencias extranjeras. Llegaron al colmo de brindar en cocteles, en embajadas y hoteles, por haber “revelado” la supuesta conexión narco-guerrillera con el gobierno y seguidores ecuatorianos.

¿En cuántas de esas reuniones se estrecharon en abrazos efusivos con Álvaro Uribe algunos de esos políticos, periodistas, asambleístas y banqueros? ¿Quiénes vilipendiaron a una asambleísta cuando la dibujaron y adjetivaron como “Comandante Pelos”? ¿Ya nos hemos olvidado del sinnúmero de caricaturas y editoriales, entrevistas y comentarios estigmatizando a todo aquel que se atrevía a mencionar a las FARC o por lo menos a pedir un trato político a esa organización por las causas reales y estructurales que originaron su aparecimiento en la disputa política de Colombia?

Ahora que se firmó la paz en Colombia y hoy domingo que se decide en las urnas ese acuerdo podemos mirar con distancia y reconocer que todo significó una bien montada y bien financiada operación política y mediática de la cual habrá que revisar cada paso para que la historia señale a cada uno de los responsables directos e indirectos.

Por eso creo que la firma de paz y su legitimación en el plebiscito de hoy debe asegurar lo que los colombianos han pedido: verdad, justicia, reparación y no repetición. Es lo más justo y lo más honorable si se quiere en serio vivir en armonía o, por lo menos, buscar el bienestar común para los colombianos y para los países fronterizos afectados por el conflicto de esa nación hermana.

1.- Verdad para que se sepa por qué hicieron todo aquello contra ciudadanos inocentes y ajenos a ese conflicto. No hay cómo asesinar la verdad ocultando por qué actuaron de ese modo los medios y periodistas para propagar falsas y falaces investigaciones con supuestos especialistas y documentos.

2.- Justicia para que la conciencia histórica no se lastime y se conozca a cabalidad todo lo que llevó a la esquizofrénica acción de parapolíticos, paraperiodistas y paraacadémicos.

3.- No repetición porque no es posible aceptar de nuevo una operación de esa naturaleza que solo ha contribuido a la violencia, la intolerancia y al hostigamiento público bajo el supuesto valor moral de sus convicciones, cuando en realidad eran acciones bien articuladas a una estrategia concreta.

4.- Y, voy a insistir varias veces: la reparación mediática es urgente, necesaria, justa e inaplazable para que retiren de todas sus publicaciones, grabaciones, audios y videos la basura montada para el linchamiento recurrente y violento que hicieron en estos diez años.

América Latina debe hacer una reparación mediática: la firma de la paz revela hasta dónde todos esos actores políticos minaron y torpedearon la paz colombiana a través de titulares y supuestas investigaciones (verdaderos misiles contra la verdad). En Ecuador estaría bien abrir el debate con los documentos en la mano, las ediciones de aquellos años y los testimonios de todos los que se coaligaron para exacerbar el supuesto terrorismo que invadía las estructuras del poder político nacional.

La reparación mediática pasa también por entender que solo hoy es posible hablar de paz porque fue precisamente el ministro de Defensa de Álvaro Uribe quien les dio las espaldas al militarismo y al financiamiento terrorista para sostener la guerra como una fuente de enriquecimiento. Las migajas de todo ese financiamiento (mucho dinero que salió del mal llamado Plan Colombia) cayeron en ciertos periodistas y medios, políticos y ONG. Deben ser todos ellos los que cuenten (para que queden en paz con su conciencia) de qué modo se dejaron llevar a una locura llamada guerra mediática.

Nadie puede asegurar que la firma de paz y el desarrollo del proceso acordado entre el gobierno y las FARC constituyan ya las bases de la entrada en el paraíso celestial. Pero si desde ahora no se cierran las heridas y se conoce toda la verdad, esos que se beneficiaron de la guerra bien pueden abrir de nuevo supuestas investigaciones para decir, por ejemplo, el narcoterrorismo se ha trasladado a Ecuador o para inducir a pensar que el dinero va a campañas electorales o a organizaciones políticas. Si hay una reparación mediática, habrá muchos que deban dar la cara y pedir perdón.

domingo, 2 de octubre de 2016

Gustavo Gutiérrez: "No nos hemos comprometido con los pobres hasta que seamos amigos de ellos"


Cameron Doody

RD.- El padre de la teología de la liberación, Gustavo Gutiérrez, recibió este miércoles el premio "Pacem in Terris" en la ciudad de Davenport, estado de Iowa, en los EEUU.

Se convierte así en el 44 recipiente de este importante galardón otorgado por un comité de representantes católicos, judíos y musulmanes locales.

"No nos hemos comprometido con los pobres hasta que seamos amigos de ellos", dijo Gutiérrez al aceptar el premio, dirigiéndose a un público de 300 personas.

Sostuvo en su discurso que es solo a través de la amistad que las personas se hacen iguales. Esa igualdad de todos, añadió, es de vital importancia para que seamos capaces de reconocer la dignidad humana de los pobres.

Por su parte, el padre Chuck Adam, un representante de la coalición interreligiosa que concedió el premio a Gutiérrez, dijo del teólogo que "su trabajo es relevante hoy, cuando estamos buscando soluciones a la situación de los pobres [y] abordando asuntos sociales importantes como la creación de empleo, el salario justo, sanidad y educación y solventado la violencia urbana y las disparidades raciales".

"Sus escritos nunca fueron censuradas, aunque sí examinadas, pero ahora se considera que tienen mucho valor para una Iglesia que quiere el Papa Francisco sea misericordiosa, un "hospital de campaña"", añadió Adam.

Cada año se elige para el premio "Pacem in Terris" un candidato que se destaca por su trabajo por la justicia social y la paz. Ganadores previos en la historia del galardón, que se remonta a 1964 -año después de que se publicara la encíclica de Juan XXIII del mismo nombre- incluyen a Martin Luther King Jr., Dorothy Day o Teresa de Calcuta.

sábado, 1 de octubre de 2016

LA FE Y LAS OBRAS



Fray Marcos Rodríguez
Lc 17,5-12

Sigue el evangelio con propuestas, aparentemente inconexas, pero Lc sigue un hilo conductor muy sutil. Hasta hoy nos había dicho, de diversas maneras, que no pongamos la confianza en las riquezas, en el poder, en el lujo; pero hoy nos dice: no la pongas en tus “buenas obras” ni en la religión. Confía solamente en “Dios”. Los que se pasan la vida acumulando méritos no confían en Dios sino en sí mismos. La salvación por puntos es lo más contrario al evangelio. Ésta era la actitud de los fariseos que Jesús criticó.

Los dos temas que nos propone hoy el evangelio están íntimamente conectados. Debemos confiar solamente en Dios y no en la obras. Es muy poco probable que los apóstoles hicieran esa petición a Jesús, porque presupone la conciencia de divinidad en Jesús, que solo después de la experiencia pascual alcanzaron. Lo importánte es la respuesta de Jesús con el ejemplo de la higuera trasplantada. Esta imagen si puede remontarse al mismo Jesús, porque otros evangelistas, en otros contextos también la relatan con el mismo mensaje, aunque sustituyendo la higuera por la montaña.

La parábola del simple siervo cuya única obligación es hacer lo mandado sin mérito alguno, está en la línea de la crítica a los fariseos por confiar en el cumplimiento de la Ley como único camino de salvación. Se trata del eterno problema de la fe o las obras. Y es curioso que se haya planteado tan pronto en el cristianismo. ¡Cuántos problemas nos hubiéramos evitado si no hubiéramos olvidado el evangelio! Ni Dios tiene que aumentarnos la fe, ni somos unos siervos inútiles. Descubrir lo que realmente somos sería la clave para una verdadera confianza en Dios, en la vida, en la persona humana…

Jesús no responde directamente a los apóstoles. Quiere dar a entender que la petición –auméntanos la fe- no está bien planteada. No se trata de cantidad, sino de autenticidad. Jesús no les podía aumentar la fe, porque aún no la tenían ni en la más mínima expresión. La fe no se puede aumentar desde fuera, tiene que crecer desde dentro como el grano de mostaza. A pesar de ello, en la mayoría de las homilías que he leído antes de elaborar ésta, se termina pidiendo a Dios que nos aumente la fe. Efectivamente, podemos decir que la fe es un don de Dios, pero un don que ya ha dado a todo el mundo; viendo cada una de sus criaturas, podemos descubrir lo que Dios está haciendo en ellas en cada momento.

Recuerda que al hablar de la fe en “Dios” lo puse entre comillas. Durante mucho tiempo se interpretó la respuesta de Jesús como una promesa de poderes mágicos para hacer obras portentosas. La imagen de la morera trasplantada en el mar es absurda. Con esta hipérbole, lo que nos está diciendo el evangelio, es que toda la fuerza de Dios está ya en cada uno de nosotros. El que tiene confianza, podrá desplegar toda esa energía. Lo contrario de la fe, es la idolatría. El ídolo es un resultado automático del miedo. Necesitamos el ser superior que me saque las castañas del fuego y en quien poder confiar cuando no puedo confiar en mí mismo. Pero del mismo modo que Dios no anda por ahí haciendo el ridículo con milagritos, tampoco a nosotros debemos utilizar a Dios para cambiar la realidad que no nos gusta.

La fe no es un acto ni una serie de actos, sino una actitud personal fundamental y total que imprime una dirección definitiva a la existencia. Confiar en lo que realmente soy me da una libertad de movimiento para desplegar todas mis posibilidades humanas. Nuestra fe sigue siendo infantil e inmadura, por eso no tiene nada que ver con lo que nos propone el evangelio. La mayoría de los cristianos no quieren madurar en la fe por miedo a las exigencias que esto conllevaría. La fe es una vivencia de Dios, por eso no tiene nada que ver con la cantidad. El grano de mostaza, aunque diminuto, contiene vida exactamente igual que la mayor de las semillas. Esa vida, es lo que de verdad importa.

Tanto a nivel religioso como civil, cada vez se tiene menos confianza en la persona humana. Todo está reglamentado, mandado o prohibido que es más fácil que ayudar a madurar a la persona para que actúe por convicción desde dentro. Estamos convirtiendo el globo terráqueo en un inmenso campo de concentración. No se educa a los niños para que sean ellos mismos, sino para que respondan automáticamente a los estímulos que les llegan desde fuera. Todos los poderes están encantados, porque esa indefensión les garantiza un total control sobre la población. Lo difícil es educar para que cada individuo sea él mismo y sepa responder personalmente ante todas las propuestas de salvación que le llegan.

Para la mayoría de los cristianos, creer es asentimiento a una serie de verdades teóricas, que no podemos comprender. Esa idea de fe, como conjunto de doctrinas, es completamen­te extraña tanto al Antiguo Testamento como al Nuevo. En la Biblia, fe es equivalente a confianza en una persona. Pero incluso esta confianza se entendería mal si no añadimos que tiene que ir acompañada de la fidelidad. La fe-confianza bíblica supone la fe, supone la esperanza y supone el amor. Esa fe nos salvaría de verdad. Esa fe no se consigue con propagandas ni imposiciones porque nace de lo más hondo de cada ser humano.

No se trata de esperar que Dios nos salve de las limitaciones, sino de encontrar a Dios y su salvación a pesar de ellas. Esa confianza no la debemos proyectar sobre una Persona que está fuera de nosotros y del mundo. Debemos confiar en un Dios que está y forma parte de la creación y por lo tanto de nosotros mismos. Creer en Dios es apostar por la creación, es confiar en el hombre. Es estar construyendo la realidad material, y no destruyéndola, es estar por la vida y no por la muerte. Es estar por el amor y no por el odio, por la unidad y no por la división. Tratemos de descubrir por qué tantos que no "creen" nos dan sopas con honda en la lucha por defender la naturaleza, la vida y al hombre.

Superada la idea de la fe como creencia, y aceptado que es confianza en…, nos queda mucho camino por andar para una recta comprensión del término. La fe que nos pide el evangelio no es la confianza en un señor poderoso por encima y fuera del mundo, que nos puede sacar las castañas del fuego. Se trata más bien, de la confianza en el Dios inseparable de cada criatura, que las atraviesa y las sostiene en el ser. El ser humano puede experimentar esa presencia como personal. En el resto de la creación se manifiesta como una energía que potencia y especifica cada ser en sus posibilidades. Creer en Dios es confiar en las posibilidades de cada criatura para alcanzar su plenitud propia. Creer en Dios es confiar en el hombre y en sus posibilidades de alcanzar su plenitud humana.

La mini parábola del simple siervo nos tiene que llevar a una profunda reflexión. No quiere decir que tenemos que sentirnos siervos y menos aún, inútiles sino todo lo contrario. Nos advierte que la relación con Dios como si fuésemos esclavos suyos, nos deteriora y deshumaniza. Es una crítica a la relación del pueblo judío con Dios que estaba basada en el estricto cumplimiento de la Ley, y en la creencia de que ese cumplimiento les salvaba. La parábola es un alegato contra la actitud farisaica que planteaba la relación con Dios como del esclavo frente a su señor. Si ellos cumplían, Dios estaba obligado a cumplir.

Hoy disponemos de una imagen que nos puede aclarar las ideas y que el evangelio no pudo utilizar. Sería ridículo ponerse a discutir si es más importante el generador o la lámpara, antes de conectarla para disponer de la luz. El generador de corriente eléctrica sería inútil sin la terminal que la transforma. La lámpara o el motor sería inútil si no disponemos de energía. Lo que da sentido a las dos realidades es la conexión. La imprescindible conexión entre Dios y las obras es la fe-confianza. Cada uno de nosotros debemos ser red y lámpara que transforme la energía divina en las obras que la hacen visible.


Meditación-contemplación

Si la confianza no es absoluta y total no es confianza.
El mayor enemigo de la fe-confianza son las creencias,
Porque exigen la confianza en ellas mismas,
y así asesinan la posibilidad de anclar tu ser en Dios.
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Tener fe no es esperar que las cosas cambien.
Tener fe es encontrar a Dios en las peores circunstancias.
Tener fe es ser capaz de bajar lo suficiente al fondo de mí mismo,
para anular el efecto negativo de cualquier limitación.
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Descubrir lo que es Dios es confiar absolutamente.
Es descubrir mi propio ser y también el ser de los demás.
Es valorar la Vida más allá de sus límites.
Es desplegar lo más genuino de mí, conectado con Dios.
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