MONS. GONZALO LOPEZ M.

MONS. GONZALO LOPEZ M.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

El Papa pide que los hospitales "sean lugares para promover la cultura del encuentro y de la paz"



RD.- El papa Francisco pidió hoy que también los hospitales y centros de cura sean "signo visible y lugar para promover la cultura del encuentro y de la paz", en su mensaje en ocasión de la XXIV Jornada Mundial del Enfermo que celebra la Iglesia católica.

En su mensaje, publicado hoy por la oficia de prensa del Vaticano, recordó el deseó de que el Jubileo extraordinario de la Misericordia que comenzará el 8 de diciembre "pueda favorecer el encuentro con el hebraismo, con el islám y con las demás religiones y con las otras nobles tradiciones religiosas y nos haga más abiertos al diálogo para conocernos y comprendernos mejor".

Por ello instó a que "cada hospital o cada estructura de sanación sea signo visible y lugar para promover la cultura del encuentro y de la paz, donde la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento, así como también la ayuda profesional y fraterna, contribuyan a superar todo límite y toda división".

Jorge Bergoglio comenzó su mensaje afirmando que "la enfermedad, especialmente aquella grave, pone siempre en crisis la existencia humana y trae consigo interrogantes que excavan en lo íntimo".

Explicó que estas situaciones pueden provocar entre los fieles "rebelión" o "desesperación" y que "la fe en Dios es puesta a la prueba, pero al mismo tiempo revela toda su potencialidad positiva".

Para Francisco, la fe puede ayudar en estos casos, pero no porque "haga desaparecer la enfermedad, el dolor, o los interrogantes que derivan de ello; sino porque ofrece una clave con la cual podemos descubrir el sentido más profundo de lo que estamos viviendo".

Al hablar de la figura de María, Francisco recordó: "Cuántas veces una madre a la cabecera de su hijo enfermo, o un hijo que se ocupa de su padre anciano, o un nieto que está cerca del abuelo o de la abuela, pone su invocación en las manos de la Virgen!.

El pontífice argentino pidió además que los católicos se dediquen "al servicio de los necesitados, y concretamente de nuestros hermanos y de nuestras hermanas enfermas", a pesar de que "este servicio puede resultar fatigoso, pesado".

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Mensaje del Papa para la Jornada Mundial del Enfermo:

Confiar en Jesús misericordioso como María:

"Haced lo que Él os diga" (Jn 2,5)

Queridos hermanos y hermanas:

La XXIV Jornada Mundial del Enfermo me ofrece la oportunidad para estar especialmente cerca de vosotras, queridas personas enfermas, y de los que se ocupan de vosotras.

Debido a que este año, dicha jornada será celebrada de manera solemne en tierra Santa, propongo meditar la narración evangélica de las bodas de Caná (Jn 2,1-11), en las que Jesús hizo su primer milagro gracias a la intervención de su Madre. El tema elegido - Confiar en Jesús misericordioso como María: "Haced lo que Él os diga" (Jn 2,5) se inscribe muy bien en el marco del Jubileo extraordinario de la Misericordia. La Celebración eucarística central de la Jornada tendrá lugar el 11 de febrero de 2016, memoria litúrgica de la Beata Virgen María de Lourdes, precisamente en Nazaret, donde «la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros» (Jn 1,14). Jesús inicio allí su Misión salvífica, asumiendo para sí las palabras del profeta Isaías, como nos refiere el evangelista Lucas: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar a los pobres la Buena Nueva, a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos; para dar la libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor» (4,18-19).

La enfermedad, especialmente aquella grave, pone siempre en crisis la existencia humana y trae consigo interrogantes que excavan en lo íntimo. El primer momento a veces puede ser de rebelión: ¿Por qué me ha sucedido justo a mí? Se puede entrar en desesperación, pensar que todo está perdido y que ya nada tiene sentido...

En estas situaciones, por un lado la fe en Dios es puesta a la prueba, pero al mismo tiempo revela toda su potencialidad positiva. No porque la fe haga desaparecer la enfermedad, el dolor, o los interrogantes que derivan de ello; sino porque ofrece una clave con la cual podemos descubrir el sentido más profundo de lo que estamos viviendo; una clave que nos ayuda a ver de que modo la enfermedad puede ser el camino para llegar a una cercanía más estrecha con Jesús, que camina a nuestro lado, cargando la Cruz. Y esta clave nos la proporciona su Madre, María, experta de este camino.

En las bodas de Caná, María es la mujer atenta que se da cuenta de un problema muy importante para los esposos: se ha acabado el vino, símbolo del gozo de la fiesta. María descubre la dificultad, en cierto sentido la hace suya y, con discreción, actúa rápidamente. No se limita a mirar, y menos aún se detiene a hacer juicios, sino que se dirige a Jesús y le presenta el problema tal cual es: «No tienen vino» (Jn 2,3). Y cuando Jesús le hace presente que aún no ha llegado el momento para que Él se revele (cfr v. 4), dice a los sirvientes: «Haced lo que Él os diga» (v. 5). Entonces Jesús realiza el milagro, transformando una gran cantidad de agua en vino, en un vino que aparece de inmediato como el mejor de toda la fiesta. ¿Qué enseñanza podemos obtener del misterio de las bodas de Caná para la Jornada Mundial del Enfermo?

El banquete de bodas de Caná es un icono de la Iglesia: en el centro está Jesús misericordioso que realiza la señal; a su alrededor están los discípulos, las primicias de la nueva comunidad; y cerca a Jesús y a sus discípulos, está María, Madre previdente y orante. María participa en el gozo de la gente común y contribuye a aumentarla; intercede ante su Hijo por el bien de los esposos y de todos los invitados. Y Jesús no rechazó la petición de su Madre. ¡Cuánta esperanza en este acontecimiento para todos nosotros! Tenemos una Madre que tiene sus ojos atentos y buenos, como su Hijo; su corazón materno está lleno de misericordia, como Él; las manos que quieren ayudar, como las manos de Jesús que partían el pan para quien estaba con hambre, que tocaban a los enfermos y les curaba. Esto nos llena de confianza y hace que nos abramos a la gracia y a la misericordia de Cristo. La intercesión de María nos hace experimentar la consolación por la cual el apóstol Pablo bendice a Dios: «¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de toda consolación, que nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios! Pues así como abundan en nosotros los sufrimientos de Cristo, igualmente abunda también por Cristo nuestra consolación» (2 Co 1,3-5). María es la Madre "consolada" que consuela a sus hijos.

En Caná se perfilan los rasgos característicos de Jesús y de su misión: Él es Aquel que socorre al que está en dificultad y en la necesidad. En efecto, en su ministerio mesiánico curará a muchos de sus enfermedades, malestares y malos espíritus, donará la vista a los ciegos, hará caminar a los cojos, restituirá la salud y la dignidad a los leprosos, resucitará a los muertos, a los pobres anunciará la buena nueva (cfr Lc 7,21-22). La petición de María, durante el banquete nupcial, sugerida por el Espíritu Santo a su corazón materno, hizo surgir no sólo el poder mesiánico de Jesús, sino también su misericordia.

En la solicitud de María se refleja la ternura de Dios. Y esa misma ternura se hace presente en la vida de muchas personas que se encuentran al lado de los enfermos y saben captar sus necesidades, aún las más imperceptibles, porque miran con ojos llenos de amor. ¡Cuántas veces una madre a la cabecera de su hijo enfermo, o un hijo que se ocupa de su padre anciano, o un nieto que está cerca del abuelo o de la abuela, pone su invocación en las manos de la Virgen! Para nuestros seres queridos que sufren debido a la enfermedad pedimos en primer lugar la salud; Jesús mismo manifestó la presencia del Reino de Dios precisamente a través de las curaciones: «Id y contad a Juan lo que oís y lo que veis: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen y los muertos resucitan» (Mt 11,4-5). Pero el amor animado por la fe hace que pidamos para ellos algo más grande que la salud física: pedimos una paz, una serenidad de la vida que parte del corazón y que es don de Dios, fruto del Espíritu Santo que el Padre no niega nunca a los que le piden con confianza.

En la escena de Caná, además de Jesús y de su Madre, están los que son llamados los "sirvientes", que reciben de Ella esta indicación: «Haced lo que Él os diga» (Jn 2,5). Naturalmente el milagro tiene lugar por obra de Cristo; sin embargo, Él quiere servirse de la ayuda humana para realizar el prodigio. Habría podido hacer aparecer directamente el vino en las tinajas. Pero quiere contar con la colaboración humana, y pide a los sirvientes que las llenen de agua. ¡Cómo es precioso y agradable a Dios ser servidores de los demás! Esto más que otras cosas nos hace semejantes a Jesús, el cual «no ha venido para ser servido sino a servir» (Mc 10,45). Estos personajes anónimos del Evangelio nos enseñan mucho. No sólo obedecen, sino que obedecen generosamente: llenaron las tinajas hasta el borde (cfr Jn 2,7). Se fían de la Madre, y de inmediato hacen bien lo que se les pide, sin lamentarse, sin hacer cálculos.

En esta Jornada Mundial del Enfermo podemos pedir a Jesús misericordioso, a través de la intercesión de María, Madre suya y nuestra, que conceda a todos nosotros esta disponibilidad al servicio de los necesitados, y concretamente de nuestros hermanos y de nuestras hermanas enfermas. A veces este servicio puede resultar fatigoso, pesado, pero estamos seguros que el Señor no dejará de transformar nuestro esfuerzo humano en algo divino. También nosotros podemos ser manos, brazos, corazones que ayudan a Dios a realizar sus prodigios, con frecuencia escondidos. También nosotros, sanos o enfermos, podemos ofrecer nuestras fatigas y sufrimientos como el agua que llenó las tinajas en las bodas de Caná y fue transformada en el vino más bueno. Con la ayuda discreta a quien sufre, tal como en la enfermedad, se toma en los propios hombros la cruz de cada día y se sigue al Maestro (cfr Lc 9,23); y aunque el encuentro con el sufrimiento será siempre un misterio, Jesús nos ayudará a revelar su sentido.

Si sabremos seguir la voz de Aquella que dice también a nosotros: «Haced lo que Él os diga», Jesús transformará siempre el agua de nuestra vida en vino apreciado. Así esta Jornada Mundial del Enfermo, celebrada solemnemente en Tierra Santa, ayudará a realizar el augurio que he manifestado en la Bula de convocación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia: «Este Año Jubilar vivido en la misericordia pueda favorecer el encuentro con el Hebraísmo, con el Islam y con las demás religiones y con las otras nobles tradiciones religiosas; nos haga más abiertos al diálogo para conocernos y comprendernos mejor; elimine toda forma de cerrazón y desprecio, y aleje cualquier forma de violencia y de discriminación» (Misericordiae Vultus, 23). Cada hospital o cada estructura de sanación sea signo visible y lugar para promover la cultura del encuentro y de la paz, donde la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento, así como también la ayuda profesional y fraterna, contribuyan a superar todo límite y toda división.

En esto son ejemplo para nosotros las dos monjas canonizadas en el mes de mayo último: santa María Alfonsina Danil Ghattas y santa María de Jesús Crucificado Baouardy, ambas hijas de la Tierra Santa. La primera fue testigo de mansedumbre y de unidad, ofreciendo un claro testimonio de cuan importante es que seamos unos responsables de los otros, de vivir uno al servicio del otro. La segunda, mujer humilde e iletrada, fue dócil al Espíritu Santo y se volvió instrumento de encuentro con el mundo musulmán.

A todos los que están al servicio de los enfermos y de los que sufren, deseo que sean animados por el espíritu de María, Madre de la Misericordia. «La dulzura de su mirada nos acompañe en este Año Santo, a fin de que todos podamos descubrir la alegría de la ternura de Dios» (ibid., 24) y llevarla impregnada en nuestros corazones y en nuestros gestos. Confiemos a la intercesión de la Virgen las ansias y las tribulaciones, junto con los gozos y las consolaciones, y dirijamos a ella nuestra oración, a fin de que vuelva a nosotros sus ojos misericordiosos, especialmente en los momentos de dolor, y nos haga dignos de contemplar hoy y por siempre el Rostro de la misericordia, a su Hijo Jesús.

Acompaño a esta súplica por todos vosotros mi Bendición Apostólica.

Desde el Vaticano, 15 de setiembre de 2015
Memoria de la Beata Virgen María Dolorosa

FRANCISCUS

martes, 15 de septiembre de 2015

El Ministerio de Colonias contra Venezuela



Luis Britto García
ALAI AMLATINA, 13/09/2015.-

1
Hace años recomiendo que Venezuela se salga de la jurisdicción de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH), del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias sobre las Inversiones (CIADI), y de las diversas Cortes y Juntas Arbitrales a las cuales la someten los Infames Tratados contra la Doble Tributación, en virtud de los cuales las transnacionales no pagan impuestos por los beneficios que obtienen en nuestro país. ¿La Razón? Someterse a estas Cortes de linchamiento es perder la soberanía. Ni Estados Unidos, ni Inglaterra ni ningún otro país hegemónico se someten a ellas. Bolívar nunca aceptó que nuestras cuestiones de orden público fueran decididas por tribunales extranjeros. Mandatarios y leguleyos entreguistas nos sometieron a ellos, y lo pagamos bien caro. Cuando al fin nos retiramos, lo hicimos tardíamente, y lo seguimos pagando, pues estos seudo tribunales sostienen que pueden conocer de todos los hechos ocurridos antes de nuestro retiro de su jurisdicción. 

2
Ejemplo de lo señalado es el último fallo de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) de la OEA, bien llamada Ministerio de Colonias de Estados Unidos, país que no se somete a esa Corte, pero pretende someternos a ella y mediante ella. Como todos recordarán, el 27 de mayo de 2007 caducó la concesión que el gobierno venezolano había otorgado a RCTV el año 1952, y renovado sólo por 20 años en 1987 ¿Qué significa la caducidad de una concesión? En Venezuela, como en la casi totalidad de los países, el uso del espacio radioeléctrico pertenece a la República. Ésta puede otorgarle a un particular una concesión para su uso, pero por tiempo limitado. Cumplido ese lapso, la concesión deja de existir, por el simple paso del tiempo para el cual se la otorgó, y es potestativo y discrecional de un Estado soberano otorgar o no una nueva concesión. Los propietarios de RCTV pretenden por el contrario que una concesión es perpetua, eterna y hereditaria, por los siglos de los siglos, Amén.

3
Ahora bien, los Derechos Humanos sólo pueden ser reconocidos a personas naturales, vale decir, a seres humanos, y no a corporaciones o compañías. Al respecto el numeral 2 del artículo 1 de la Convención Americana de los Derechos Humanos establece expresamente: “Para los efectos de esta Convención, persona es todo ser humano”. Pero para complacer a Estados Unidos, la Corte Interamericana ha resuelto que RCTV es un “ser humano”, titular de Derechos Humanos. Su “Derecho Humano” consiste en las sumas que esperaba ganar si se le otorgaba una nueva concesión. En virtud de esta perversión, “seres humanos” como la EXXON o Monsanto demandarán a los países por “Derechos Humanos” consistentes en los dividendos que esperaban obtener. Y la CIDH condenará a los países a pagárselos. Los organismos de Derechos Humanos quedan así degradados a simples agencias de cobranza de las transnacionales.

4
Quien obtiene una concesión debe siempre cumplir con las leyes del país que la otorga. No ha sido éste el caso de RCTV y sus empresas asociadas o cómplices. Entre otras conductas ilegales, mantuvo con Venevisión un oligopolio de la publicidad televisiva, otorgando descuento de 10% a los anunciantes que se comprometieran a no hacer publicidad en otros canales, y repartiéndose estrictamente por mitad las pautas de anuncios. Incumplió repetidamente con la legislación laboral y los pagos a sus trabajadores. Violó reiteradamente las normas vigentes al transmitir en horarios reservados para programación infantil y juvenil contenidos impropios para esos horarios. Colaboró en forma activa en el golpe del 11 de abril de 2012, divulgando una versión manipulada de los sucesos, sacando del aire la alocución del Presidente legítimo, difundiendo la falsa noticia de su renuncia, apoyando la dictadura de Carmona Estanga, repartiéndose con éste los cargos decisivos en materia de telecomunicaciones, ocultando con un apagón comunicacional los esfuerzos del pueblo por reponer a su mandatario legítimo. Además, RCTV promovió el sabotaje petrolero y el lock out patronal iniciado el mismo año, transmitiendo durante 62 días sólo mensajes de incitación a delinquir para el derrocamiento del gobierno legítimo. Durante todos estos sucesos, llamó reiteradamente a la desobediencia tributaria, e incumplió en forma sostenida sus obligaciones fiscales. En cualquier país, semejante prontuario hubiera llevado a la inmediata revocación de la concesión respectiva. Venezuela, permitió que dicha televisora continuara en uso de la concesión, hasta que ésta caducó el 27 de mayo de 2007.

5
La infeliz sentencia de la CIDH pretende, ni más ni menos, despojar a todos los países de la tierra de los bienes públicos que les pertenecen (entre ellos el espacio radioeléctrico) para convertirlos en propiedad absoluta y perpetua de las empresas que alguna vez hubieren obtenido alguna concesión para explotarlos. Éste es un fallo vergonzoso en la historia de los Derechos Humanos. De aplicarlo, los tribunales competentes en tal materia quedarán degradados a cortes para que las corporaciones decidan sus disputas financieras. Como colofón de esta infamia, recordemos que según la jurisprudencia de dichas Cortes, las empresas privadas no pueden ser demandadas por violación de los Derechos Humanos. Vale decir, serían inmunes e impunes por la violación de los “Derechos Humanos” de los cuales ahora pretenden gozar y disfrutar. Con toda razón, ante la sede de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos en Costa Rica un letrero advierte a las posibles víctimas: “CALLE SIN SALIDA”.

6
Afortunadamente, dos votos salvados de los magistrados de la propia Corte Interamericana desautorizan este fallo inadmisible. Y por sobre todo, sentencias de nuestro Tribunal Supremo de Justicia, el único competente para resolver cuestiones relativas a nuestro orden público, sostienen que no son aplicables en nuestro país fallos de cortes extranjeras que vulneren el orden interno. Venezuela no sólo debe activar su retiro definitivo de la jurisdicción de todos los tribunales, Cortes o Juntas Arbitrales extranjeros, sino que debe evitar para el futuro suscribir cualquier Tratado, contrato o norma que de nuevo la someta a ellos. Retirémonos de estos tribunales de fariseos antes de que nos crucifiquen.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Un inaplazable ajuste de cuentas con la Madre Tierra


Leonardo Boff

La encíclica del Papa Francisco sobre “El cuidado de la Casa Común” (Laudato Si’) está siendo vista como la encíclica “verde” de manera semejante a cuando decimos economía “verde”. He aquí un gran equívoco. Ella no quiere ser solamente “verde” sino que propone la ecología “integral”.

En realidad, el Papa dio un salto teórico de la mayor relevancia al ir más allá del ambientalismo verde y pensar la ecología en una perspectiva holística que incluye lo ambiental, lo social, lo político, lo educacional, lo cotidiano y lo espiritual. Él se sitúa en el corazón del nuevo paradigma según el cual cada ser posee valor intrínseco pero está siempre en relación con todo, formando una inmensa red como lo dice de manera ejemplar la Carta de la Tierra.

En otras palabras, se trata de superar el paradigma de la modernidad, que coloca al ser humano fuera de la naturaleza y encima de ella como “su maestro y señor” (Descartes), imaginando que ella no tiene ningún otro sentido sino estar puesta al servicio del ser humano que puede explotarla a su gusto. Ese paradigma subyace a la tecnociencia que nos ha traído tantos beneficios pero que simultáneamente gestó la actual crisis ecológica por el saqueo sistemático de sus bienes naturales.

Y lo hizo con tanta voracidad que ha sobrepasado los principales límites que no se podían traspasar (la Sobrecarga de la Tierra). Una vez traspasados, ponen en peligro las bases físico-químico-energéticas que sustentan la vida (los climas, la escasez de agua, los suelos, la erosión de la biodiversidad entre otros). Es hora de hacer un ajuste de cuentas con la Madre Tierra: o redefinimos una nueva relación más cooperativa para con ella y así garantizamos nuestra supervivencia o podemos conocer un colapso planetario.

El Papa inteligentemente se dio cuenta de esta posibilidad. De ahí que su encíclica se dirija a toda la humanidad y no solo a los cristianos. Tiene como propósito fundamental impulsar un nuevo estilo de vida y una verdadera “conversión ecológica”. Esta implica un nuevo modo de producción y de consumo, respetando los ritmos y los límites de la naturaleza, en consideración también de las futuras generaciones a las cuales pertenece igualmente la Tierra. Esto está implícito en el nuevo paradigma ecológico.

Como estamos tratando de un problema global que afecta indistintamente a todos, todos están llamados a dar su contribución: cada país, cada institución, cada saber, cada persona, y cada religión, como el cristianismo.

En razón de esta urgencia, el Papa juntamente con la Iglesia Ortodoxa instituyó el día 1º de septiembre de cada año como “Día Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación”. Afirma claramente que «debemos buscar en nuestro rico patrimonio espiritual las motivaciones que alimentan la pasión por el cuidado de la creación» (Carta del Papa Francisco de 6/08/2015). Obsérvese la expresión «pasión por el cuidado de la creación». No se trata de una reflexión o algún empeño meramente racional sino de algo más radical, “una pasión”. Se invoca aquí la razón sensible y emocional. Ella es y no simplemente la razón que nos hará tomar decisiones, nos impulsará a actuar con pasión y de modo innovador de acuerdo a la urgencia de la actual crisis ecológica mundial.

El Papa tiene conciencia de que el cristianismo (y la Iglesia) no está exento de culpa por haber llegado a esta situación dramática. Durante siglos se predicó un Dios sin el mundo, lo que propició el surgimiento de un mundo sin Dios. En ninguna catequesis entraba el mandato divino, claramente señalado en el segundo capítulo del Génesis, de “cultivar y cuidar el jardín del Edén” (2,15). Por el contrario, el conocido historiador norteamericano Lynn White Jr. ya en 1967 (Las raíces históricas de nuestra crisis ecológica, archivo digital de la Agenda Latinoamericana, servicioskoinonia.org/archivo, buscando por autores: «White») acusó al judeocristianismo con su doctrina del dominio del ser humano sobre la creación, como el factor principal de la crisis ecológica. Exageró, como lo ha mostrado la crítica, pero de todos os modos suscitó la cuestión del estrecho vínculo entre la interpretación común del señorío del ser humano sobre todas las cosas y la devastación de la Tierra, lo que reforzó el proyecto de dominación de los modernos sobre la naturaleza.

El Papa realiza en su encíclica (nºs 115-121) una vigorosa crítica al antropocentrismo de esa interpretación. Sin embargo, en la carta que instaura el día de oración, suplica a Dios con humildad «misericordia por los pecados cometidos contra el mundo en el que vivimos». Vuelve a referirse a San Francisco con su amor cósmico y respeto por la creación, el verdadero anticipador de lo que debemos vivir en los días actuales.

Cabe concluir con las palabras del gran historiador Arnold Toynbee: «Para mantener la biosfera habitable durante más de dos mil años, nosotros y nuestros descendientes tenemos que olvidar el ejemplo de Pedro Bernardone (padre de San Francisco), gran empresario de tejidos del siglo XIII, y su bienestar material y empezar a seguir el modelo de Francisco, su hijo, el mayor entre todos los hombres que han vivido en Occidente… Él es el único occidental que puede salvar la Tierra» (en ABC, Madrid 19/12/1972, p. 10).

domingo, 13 de septiembre de 2015

PARA SABER QUIÉN ES JESÚS, TENGO QUE SABER QUIÉN SOY YO

Fray Marcos
Mc 8, 27-35

Nos hemos saltado la segunda multiplicación de los panes y la curación del ciego de Betsaida. El relato presenta a Jesús en la región de Cesarea de Filipo, que está río Jordán arriba, en las estribaciones del monte Hermón, donde nace. Este episodio marca un antes y un después en el evangelio de Mc. Por una parte, Jesús comienza a proclamar un nuevo mensaje, el de la cruz. En esta enseñanza Jesús va a traspasar el límite de lo comprensible. Comienza también el “camino” hacia Jerusalén donde se consumará su obra.

Seguramente no es un relato histórico. No puedo imaginarme a Jesús preocupándose de lo que pensaban de él los demás. Toda su vida la empleó en descubrir su verdadera identidad; no es verosímil que esperase de los seguidores un conocimiento de su persona y menos aún un reconocimiento de lo que era. Sabía de sobra que no habían entendido nada.

La doble pregunta de Jesús parece suponer que esperaba una respuesta distinta. La realidad es que, a pesar de la rotunda respuesta de Pedro: “tú eres el Mesías”, la manera de entender ese mesianismo, estaba lejos de la verdadera comprensión de Jesús. Pedro, como se manifestará más adelante, sigue en la dinámica de un Mesías terreno y glorioso. Para él es incomprensible un Mesías vencido y humillado hasta la aparente aniquilación total. A penas tres versículos después, Pedro increpa a Jesús por hablarles de la cruz.

El Hijo de hombre tiene que padecer mucho. “Hijo de hombre” significa, perteneciente a la raza humana, pero en plenitud. Por cierto, “este hombre” es el único titulo que se atribuye Jesús a sí mismo. “Tiene que” no alude a una necesidad metafísica o a una voluntad de Dios externa, sino a la exigencia del verdadero ser del hombre. “Padecer mucho” hace referencia no solo a la intensidad del dolor en un momento determinado (su muerte), sino a la multitud de sufrimientos que se van a extender durante el tiempo que le queda de vida.

Jesús proclama, con toda claridad, cual es el sentido de su misión como ser humano. Diametralmente opuesta a la que esperaban los judíos y la que también esperaban los discípulos de un Mesías. Nada de poder y dominio sobre los enemigos, sino todo los contrario, dejarse matar, antes de hacer daño a nadie. Pedro se ve obligado a decirle a Jesús lo que tiene que hacer, porque su postura equivocada le hace pensar que ni Dios puede estar de acuerdo con lo que acaba de proponer Jesús como itinerario de salvación.

Como Pedro habla en nombre de los apóstoles, Jesús responde de cara a los discípulos, para que todos se den por enterados del tremendo error que supone no aceptar el mesianismo de la entrega al servicio de los demás y de la cruz. Ese mensaje es irrenunciable. Pedro le propone exactamente lo mismo que le propuso Satanás en el desierto: el mesianismo del triunfo y del poder, por eso le llama Satanás. Claro que esa manera de pensar es la más humana que podríamos imaginar, pero no es la manera de pensar de Dios.

Lo que acaba de decir de sí mismo, lo explica ahora a la gente. “Si uno quiere venirse conmigo, que se niegue a sí mismo…” No es fácil aquilatar el verdadero significado de esta frase; sobre todo si tenemos en cuenta que el texto no dice negar, sino renegar de sí mismo. Aquí el ‘sí mismo’ hace referencia a nuestro falso yo, lo que creemos ser. El desapego del falso yo es imprescindible para poder entrar por el camino que Jesús propone.

“El que quiera salvar su vida la perderá…” No está claro el sentido de ‘psykhe’: no puede significar vida biológica, porque diría ‘bios’; tampoco significa alma porque los judíos no tenían el concepto de alma, propio de los griegos. No se trata de elegir entre dos vidas, sino buscar la plenitud de la vida en su totalidad. El que no es capaz de superar el yo y no dejar de preocuparse de su individualidad, malogra toda su existencia; pero el que superando el egoísmo, descubre su verdadero ser y actúa en consecuencia, dándose a los demás, dará pleno sentido a toda la vida y alcanzará su verdadera plenitud humana.

La inmensa mayoría de los cristianos seguimos en la postura de Pedro. La esencia del mensaje de Jesús sigue sin ser aceptada porque nos empeñamos en comprenderlo desde nuestra raquítica racionalidad. Ni el ADN ni los sentidos ni la razón podrán comprender nunca que el fin del individuo sea el fracaso absoluto. Por eso hemos hecho verdaderas filigranas intelectuales para terminar tergiversando el evangelio. Si creemos que lo importante es lo sensible, lo material, lo que me da seguridades egoístas, lo defenderemos con uñas y dientes y no dejaremos que lo que vale de veras cobre su importancia.

¿Quién es Jesús? La respuesta no puede ser la conclusión de un razonamiento discursivo. No servirán de nada ni filosofías ni sicologías ni teologías. Los análisis externos de lo que hizo y dijo no nos lleva a ninguna parte, porque no son comprensibles. Solo una vivencia interior que te haga descubrir dentro de ti lo que vivió Jesús, podrá llevarte al conocimiento de su persona. Jesús desplegó todas las posibilidades de ser que el hombre tiene. La clave de todo el mensaje de Jesús es esta: dejarse machacar es más humano que hacer daño a alguien; morir a manos de otro es más humano que matarle.

Debemos seguir preguntándonos quién es Jesús. Pero lo que nos debe interesar es un Jesús que encarna el ideal del ser humano querido por Dios, que nos puede descubrir quién es Dios y quien es el hombre. La pregunta que debo contestar es: ¿Qué significa, para mí, Jesús? Pero tendremos que dejar muy claro, que no se puede responder a esa pregunta si no nos preguntamos a la vez ¿Quién soy yo? Porque no se trata del conocimiento externo de una persona: Cuándo y cómo vivió, quienes son sus padres, en qué cultura se desarrolló, cuál era su entorno social y religioso. Ni siquiera se trata de conocer y aceptar su doctrina. Se trata de algo más profundo y vital: responder a la pregunta, con mi propia vida.

Dios no puede querer ninguna clase de sufrimiento. Dios quiere siempre el bien total del hombre. El hombre, como fruto de una larga evolución, es un ser complicado. La razón, recién llegada, se sustenta sobre una estructura biológica, fruto de 3.800 años de evolución. La razón no puede funcionar sin apoyarse en lo biológico, pero puede ir más allá de sus planteamientos. Aquí está el verdadero conflicto. Hay dos mecanismos que la han hecho posible el desarrollo biológico: Todo aquello que favorece la vida biológica y la seguridad del ser vivo, le produce placer el individuo lo buscará con ahínco. Todo aquello que deteriora su estructura física, le producirá dolor y el individuo huirá de ello por todos los medios.

Pero el hombre no puede tener como principal objetivo la seguridad biológica, sino lo específicamente humano. La razón puede dejarse llevar de las exigencias biológicas y ponerse a su servicio; puede utilizar toda su capacidad para buscar el placer o para huir del dolor. Pero el hombre, desde su vivencia interior, puede descubrir que su meta no es el gozo inmediato, sino alcanzar la plenitud humana, que le llevará más allá de lo que le ofrecen los sentidos y apetitos. Si la mente no cede a las exigencias de la parte inferior, y pretende imponer su criterio de buscar el bien superior, la biología reaccionará produciendo dolor. Este dolor es el que Jesús propone como inevitable para alcanzar la plenitud.

La cruz, como símbolo de la entrega total, es la meta de la vida humana. La hora de la plenitud de Jesús fue la hora de la muerte en la cruz. Ahí consumó su carrera. Se identificó con Dios que es don total. Ya no necesita más glorificaciones ni exaltaciones; entre otras razones, porque no hay después, sino un eterno ser en Dios. Jesús vivió y predicó que lo específicamente humano, es consumirse en la entrega al bien del hombre concreto.



Hoy traigo una pena que todo lo inunda.
La imagen de un mundo inhumano que a todos golpea.
Una playa turca sí acepta la víctima limpia de una guerra sucia.

La nana del agua durmió para siempre al niño de Siria.
El ara de arena ofrece a los dioses la sangre inocente.
Y solo la espuma con gesto de madre, le abraza y le besa.

Un gendarme lo recoge en sus brazos como frágil joya.
Con gesto distante, respeta su sueño y lo deposita en la tierra firme.
Dejando a la vista la suma vergüenza de la raza humana.

También yo en la distancia que creo me ampara,
Soy culpable del drama infinito de tanta injusticia.
Mi terco egoísmo golpea siniestro a tanto inocente.

sábado, 12 de septiembre de 2015

El hombre que no engañaba a nadie


Ramiro Díez

Hay niños que, por suerte, nacen para orgullo de los humanos. Uno de ellos vio la luz en Francia, un invierno de 1875. Su familia era culta y su padre era pastor protestante. Aquel niño que creció en medio de libros y de música, con pan y abrigo, se llamó Albert Schweitzer. Con los años se hizo arquitecto, políglota, escritor, filósofo, llegó a ser el mejor organista clásico de toda Europa especialista en Bach, fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz y era primo de otro famoso personaje llamado Jean Paul Sartre.

A pesar de una rígida formación religiosa, cuando Schweitzer apenas era un niño, inventó su propia manera de rezar. En vez de “Danos hoy nuestro pan de cada día”, decía en voz baja: “No es justo que nos des todo el pan a quienes todo lo tenemos, Señor. Acuérdate también de los otros, de los que sufren, de los que tienen hambre. Dales a ellos, también, el pan. Y cuida al buey y a la hormiga y a todos los seres vivientes. Que nadie les haga daño y que puedan dormir en paz.”

Cuando tenía 30 años y era rico y famoso en Europa, Albert Schweitzer encontró a dos amigos italianos que venían de África. Ellos le contaron acerca de las inhumanas condiciones en que vivían las poblaciones negras, de sus enfermedades y dolores, de la explotación que sufrían, y esa misma tarde le dijo a su Helena Bresslau, su esposa, que estudiaría medicina. Siete años más tarde, al día siguiente de su grado, viajó con ella a Gabón, al África ecuatorial. Allí, a la vera de un camino polvoriento, con una sábana, un botiquín y cuatro palos, improvisó su primer consultorio con un letrero que decía: “Consulta médica gratuita.”

Los nativos no le creían. Era la primera vez que veían llegar a un blanco sin látigo, sin Biblia o sin fusil en la mano. Era la primera vez que alguien llegaba para ayudarlos de verdad. Y a pesar de su condición de teólogo, proclamó otros principios: “No puedo aceptar ninguna religión que no incluya entre sus mandamientos el respeto por los animales.” En alguna ocasión le pidieron consejo para salvar a un antílope recién nacido, cuya madre había sido matada por un cazador. Entonces recomendó: “Leche sin azúcar, aire, un poco de sol, y mucho amor. Por el cazador no podemos hacer nada.” Así, entre los más pobres de la tierra, el doctor Schweitzer vivió hasta los 90 años y un día se apagó como una llamita al viento. Allí, en el África, cuentan que en las noches los tambores y las voces piden a los dioses que nazcan hombres blancos como él, siquiera una vez, cada mil años. Pero parece que son sordos.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Crimen contra la naturaleza

 
Pedro Pierre

La calificación de ‘crimen’ es reciente, por eso impacta; pero es bien real. ‘Crimen’ es un acto que provoca la muerte. Si consideramos la naturaleza como un ser viviente -todo el cosmos es un ser viviente-, los atropellos mayores son de hecho ‘crímenes’. Ahora nos damos cuenta de que, teniendo todos los seres vivos un mismo destino, que la supervivencia de la humanidad está en peligro si no damos marcha atrás a la devastación generalizada de nuestro planeta.

Hace unos 50 años que se nos está llamando la atención sobre el impacto altamente destructor que sufría la naturaleza por parte de muchas actividades humanas. Ya en 1970 el papa Pablo 6° nos advertía sobre una posible ‘catástrofe ecológica’ si continuábamos con la explotación indiscriminada de los recursos naturales.

Cuarenta años después, el papa Francisco lanza un grito de alarma general para parar la carrera al abismo; ya no se resiste ni la explotación desmesurada ni la suciedad que se desecha por todas partes. Nos invita a todos a una ‘conversión ecológica’ para revertir las actitudes y costumbres destructoras que hacen de nuestro planeta un gran basurero. Ecuador es un país ‘sucio’ por la cantidad de basura que cada día echamos a la calle, en las carreteras y por todas partes. Así lo califican ciertos libros turísticos: “Un paraíso que, lastimosamente, se llena de basura”.

La carta del papa Francisco sobre “el cuidado de la casa común” nos alerta sobre ese crimen de lesa naturaleza y nos invita a aunar esfuerzos y nuevos hábitos para vivir más sanamente y en comunión con esta madre nuestra. Por todas partes, muchos grupos han nacido y surgen naciendo para aportar su contribución al respeto, la defensa y la promoción del medio ambiente. Alrededor de Guayaquil y Durán van desapareciendo los pocos cerros que hacían la belleza de esa región: el cemento y el asfalto van sustituyendo los árboles, la fauna y la flora.

Es el caso del Cerro Colorado, mal declarado -por partes- zona protegida, ya que decenas de camiones van día tras día cavando, campantes, sus entrañas, dejando un hueco inmenso a la vista de todas y todos los que pasan por la avenida Narcisa de Jesús antes de llegar a Pascuales… y no hablamos de los cerros cercanos que caen en la misma desgracia, como por ejemplo la cordillera de Chongón, en la vía a la Costa.

A finales de septiembre, varios grupos ecológicos van a llevar colectiva y públicamente una carta al Consulado francés para presionar la próxima 23ª cumbre mundial sobre el clima del planeta a celebrarse en París a final de este año. ¿Quiénes vamos a llevar una carta a la muy ilustre Municipalidad de Guayaquil y al Ministerio del Ambiente para detener los atropellos a los cerros, bellezas y pulmones de la ciudad? Que la oración mundial del 1 de septiembre, Día de la Protección del Medio Ambiente, solicitada por el papa Francisco, no quede solo en súplicas espirituales, sino que nos lleve a acciones que nos beneficien a todas y todos, como a las generaciones venideras.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Para entender la visita a Cuba del Papa Francisco



“Lo que voy a publicar aquí va a irritar o escandalizar a aquellos a quienes no les guste Cuba o Fidel Castro. Eso no me preocupa. Si no ves el brillo de la estrella en la noche oscura, la culpa no es de la estrella sino tuya”. Leonardo Boff (1).

Salvador Capote

ALAI.- El 8 de julio de 2015, en el camino entre el aeropuerto de El Alto y la ciudad de La Paz, en Bolivia, el Papa Francisco se detuvo para orar cerca de Achachicala, sitio donde fue torturado y asesinado el sacerdote Luis Espinal en la noche del 21 de marzo de 1980, solo tres días antes del asesinato de Monseñor Oscar Arnulfo Romero en El Salvador y justo un año después de que la asamblea de obispos de Puebla (1979) declarase una opción preferencial por los pobres. Luis Espinal (“Lucho” para los bolivianos), periodista y crítico de cine, además de sacerdote, fue asesinado por denunciar la situación miserable del pueblo boliviano y la represión militar. “Me detuve aquí –dijo el Papa a la muchedumbre reunida en el lugar- para saludarlos y sobre todo para recordar, recordar a un hermano, un hermano nuestro, víctima de intereses que no querían que se luchara por la libertad de Bolivia”.

Mucho se ha especulado con el regalo de Evo Morales al Papa de un crucifico tallado en el cual la cruz está formada por una hoz y un martillo. Los detractores de Morales creyeron ver la oportunidad para acusar al mandatario boliviano de burlarse del Papa regalándole un “crucifico comunista”. Sin embargo, la historia detrás del obsequio es que se trata de la copia de una talla realizada por el sacerdote Luis Espinal para expresar el anhelo común de cristianos y marxistas de una sociedad más humana y más justa. Además, después de recibir la Orden Nacional Cóndor de los Andes, el Papa fue condecorado con la Orden al Mérito que lleva el nombre del mártir jesuita. En esta última se encuentra también la imagen de Cristo sobre la hoz y el martillo.

Lucho era un jesuita, al igual que el Papa Francisco y su alineamiento con los oprimidos y con la justicia desde la fe cristiana estaba en armonía con el compromiso de la Compañía de Jesús definido en la Congregación General 32, a partir de la cual más de 50 jesuitas darían su vida, luchando al lado del pueblo, en diversos países, para defender una forma de fe concebida desde la comunión con los pobres, una fe ligada a la justicia.

La Congregación General 32 (1975) tuvo lugar en el espíritu del Concilio Vaticano II y de los Sínodos de Obispos que la precedieron con los temas: “La justicia en el mundo” (1971) y “La evangelización del mundo contemporáneo” (1975). Esta congregación redefinió la misión de los jesuitas, la cual se enfocaría en lo adelante en la consagración al servicio de la fe y a la promoción de la justicia. A ella asistió como Provincial de Argentina Jorge Mario Bergoglio, que más tarde sería Obispo y Cardenal de Buenos Aires y, por último, elegido Papa con el nombre de Francisco. El Papa Francisco es pues, un sacerdote jesuita comprometido con el Decreto 4: “Nuestra misión hoy” de la CG 32 de la Compañía de Jesús, el cual contiene impresionantes pronunciamientos. En ella los jesuitas afirman clarividentemente que “no trabajarían por la promoción de la justicia sin pagar un precio”, y es ciertamente alto el precio que han tenido que pagar, regando con la sangre de numerosos mártires el suelo de América Latina y de otras regiones del mundo.

En el Decreto 4 se habla “[…] de la posibilidad evangélica, que es don de Dios, de una comunión entre los hombres basada sobre la participación y no sobre el acaparamiento, sobre la disponibilidad y la apertura y no sobre la busca de privilegios de castas, de clases o de razas, sobre el servicio y no sobre la dominación o la explotación” (4,16). Se afirma que “[…] no hay verdadero anuncio de Cristo, ni verdadera proclamación de su Evangelio, sin un compromiso resuelto por la promoción de la justicia” (4,27). Y sobre las estructuras de dominación explica: “Las estructuras sociales –de día en día se adquiere de ello más viva conciencia- contribuyen a modelar al mundo y al mismo hombre, hasta en sus ideas y sentimientos, en lo más íntimo de sus deseos y aspiraciones. La transformación de las estructuras en busca de la liberación tanto espiritual como material del hombre queda, así, para nosotros estrechamente ligada con la obra de evangelización […]” (4,40). El Decreto 4 no sólo define líneas de pensamiento y de acción que se sitúan inequívocamente al lado de los pobres y de los oprimidos sino que proclama la necesidad de transformar las estructuras de la sociedad.

En la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (CELAM), que tuvo lugar en el Santuario de Aparecida, en Brasil, el entonces Cardenal Jorge Bergoglio fue elegido para presidir el comité encargado de redactar el documento final. Su elección, por supuesto, no fue accidental sino en reconocimiento de su relevante protagonismo en eventos similares anteriores que conformaron una tradición teológica y pastoral en América Latina: “La opción preferencial por los pobres y los marginados”, que la Conferencia de Aparecida reafirmó y actualizó y en la cual se confirmó la decisión de dar la vida entera y llegar hasta el martirio en el ejercicio de este apostolado. Seguramente tampoco fue accidental que el encargado de revelar al público las palabras del futuro Papa Francisco durante su participación en la congregación general previa al cónclave fuese el cardenal cubano Jaime Ortega y Alamino. En ellas Bergoglio argumentó que la misión de la Iglesia debía ser “salir de si misma e ir a la periferia, que no es sólo geográfica, sino también existencial: donde hay pecado, dolor, injusticia, ignorancia e indiferencia religiosa, donde hay miseria humana”.

Fidel Castro, antiguo alumno jesuita, reconoció la influencia de los maestros del colegio de Belén, rigurosos en organización, disciplina y valores -sacerdotes que sabían inculcar un gran sentido de la dignidad personal- en ciertos elementos de su formación (2). En 1985 el teólogo brasileño Leonardo Boff visitó Cuba por invitación de Fidel. Afirma Boff que en el contexto de las conversaciones que sostuvo con el líder de la revolución, éste confesó: “Cada vez me convenzo más de que ninguna revolución latinoamericana será verdadera, popular y triunfante si no incorpora el elemento religioso” (3). Su hermano, el actual presidente de Cuba, Raúl Castro, después de reunirse con el Papa Francisco en su visita a Italia en mayo de 2015, expresó: “El es un jesuita y yo, de alguna manera también lo soy, siempre estuve en escuelas de jesuitas […]”.

Ahora se produce un reencuentro en Cuba con los jesuitas, pero esta vez con un papa latinoamericano que conoce, porque las ha vivido, las desigualdades extremas de la sociedad en el continente y que sueña con una iglesia pobre y de los pobres mientras denuncia proféticamente la injusticia de un sistema económico que pone el dinero por encima de la persona humana. No escapa a Fidel la base común que existe entre militantes religiosos y revolucionarios: “[…] Estoy seguro de que sobre los mismos pilares en que se pueda asentar hoy el sacrificio de un revolucionario, se asentó ayer el sacrificio de un mártir por su fe religiosa. En definitiva, la madera del mártir religioso, a mi juicio, estuvo hecha del hombre desinteresado y altruista, de la misma que está hecho el héroe revolucionario. Sin esas condiciones no existen, ni pueden existir, ni el héroe religioso ni el héroe político”(4). Esta base común es la que permite que el Papa Francisco pueda dialogar con el gobierno y el pueblo cubanos utilizando un mismo idioma ético compartido.

¿Mantiene vigencia la Teología de la Liberación? –La actualidad de una teología, como muy bien explica Gustavo Gutiérrez (5), “depende en gran parte de su capacidad para interpretar la forma como es vivida la fe en unas circunstancias y en una época determinadas”, es decir, de su contextualidad. La teología que comenzó a surgir en los tiempos del sacerdote Camilo Torres Restrepo, protomártir colombiano de la Teología de la Liberación, el de la famosa frase: “Si Cristo estuviera vivo sería un guerrillero”, pertenece a una época en que la lucha armada era seguramente la única opción viable para los pueblos oprimidos. Las circunstancias han variado mucho desde entonces, y Bergoglio, aclaremos, discrepó en ocasiones de algunos aspectos de esta teología, pero es incuestionable que la pobreza, la injusticia y la desigualdad, factores que se sitúan en el origen de la Teología de la Liberación, continúan, hoy más que nunca, como temas centrales de la reflexión teológica.

En el intervalo entre las Conferencias de Medellín (1968) y Puebla (1979), América Latina se convirtió no sólo en el centro demográfico del catolicismo sino también en su centro teológico y, dentro de este ámbito latinoamericano, Cuba ocupa una posición de extraordinario interés para los teólogos porque –digámoslo con palabras del dominico brasileño Frei Betto- “desde el punto de vista evangélico la sociedad socialista, que crea las condiciones de vida para el pueblo, está realizando ella misma, inconscientemente, aquello que nosotros, hombres de fe, llamamos los proyectos de Dios en la historia” (6). No por casualidad Cuba, un país de extensión territorial y población relativamente pequeñas, tendrá próximamente el privilegio de haber recibido la visita de tres papas en un corto período de tiempo.

El Papa Francisco visitará un país en el cual durante más de medio siglo se han exaltado los valores ético-morales; donde el precepto cristiano de amor al prójimo se traduce en igualdad, fraternidad, solidaridad e internacionalismo; donde la devoción a la Virgen de la Caridad del Cobre (Ochún en los cultos sincréticos) forma parte raigal de nuestra cultura; donde existe una amplia coincidencia entre el pensamiento cristiano y el pensamiento revolucionario. ¡Qué otra cosa ha sido el programa revolucionario cubano sino una “opción preferencial por los pobres”! Pero téngase en cuenta que el “pobre” cubano no es igual al pobre de otras latitudes donde la pobreza no solamente es carencia de bienes materiales sino privación de servicios de salud, educación y asistencia social, donde la pobreza significa ignorancia, alienación, discriminación, opresión, desempleo, exclusión, violencia, enfermedad e injusta muerte prematura. El niño “pobre” cubano puede que no tenga juguetes electrónicos y quizás no posea más de un par de zapatos, pero tiene médico, maestro, alimentación y techo asegurado y, lo más importante, se cría en un entorno de protección y amor.

El término “socialismo”, como sabemos, abarca un amplio espectro semántico. El socialismo cubano es consecuente con una tradición revolucionaria que se puede seguir, sin solución de continuidad, desde los orígenes de nuestra nacionalidad, con la semilla sembrada por las enseñanzas del Padre Félix Varela a comienzos del siglo XIX y con gigantes del mundo ético-moral como Martí y Fidel. Si el bien común es la principal preocupación al definir la propiedad de los medios de producción, no debe haber dudas de que el socialismo cubano es el que mantiene más arraigo y solidez en los principios. Perfeccionar el socialismo cubano, hacerlo cada vez más participativo, más justo, más humano y, ¿por qué no?, más cristiano, debe ser la aspiración de todos y, en este sentido, estoy seguro de que la visita a Cuba del Papa Francisco, que se anuncia como pastoral, será también profética.

Bibliografía

- Leonardo Boff: “Los 80 años de Fidel: confidencias”, CUBADEBATE, 24 de Agosto de 2006.
- Frei Betto: “Fidel y la Religión – Conversaciones con Frei Betto”, p. 155, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 1985.
- Leonardo Boff: Artículo citado.
- Frei Betto: Idem, p. 157.
- Gustavo Gutiérrez: La Densidad del Presente, p. 89, Ed. Sígueme, Salamanca, 2003.
- Frei Betto: Idem, p. 261.
http://www.alainet.org/es/articulo/172259

miércoles, 9 de septiembre de 2015

El Opus Dei, la mafia sagrada

 
Jaime Galarza Zavala

Fue un sacerdote español, Josemaría Escrivá de Balaguer, quien fundó en los años 30 del siglo pasado esa secta político-religiosa denominada Opus Dei, que puede traducirse al nombre arrogante y vanidoso de la ‘Obra de Dios’.

Ubicado en el ámbito y los alrededores de la Iglesia católica, el Opus Dei tiene estructura propia, virtualmente secreta. Concebido como mecanismo de influencia y captación del poder político dondequiera que existe y opera, su red se tiende para pescar adeptos dentro de las élites sociales y económicas de los diferentes países. Nadie conoce líderes u organismos que la secta haya desarrollado entre los pobres y desheredados, ese mundo de dolor y lágrimas en el cual se desenvolvió la prédica y la acción del Rabí de Galilea, cuyo nombre se utiliza con fines de propaganda y de disfraz. Una prueba contundente del verdadero carácter de esta ‘mafia sagrada’, como la bautizaron autores católicos, es el apoyo que el fundador brindó al Generalísimo Francisco Franco Bahamonde, que tiranizó y ensangrentó España durante cuatro décadas, primero con el apoyo de Hitler y Mussolini, luego con el sostén económico y militar de Estados Unidos.

En nuestro país se conoce apenas acerca de la composición del Opus Dei. Entre los pocos nombres que se han publicitado figuran los de Antonio Arregui y Guillermo Lasso, triste honor que ellos jamás han desmentido. ¿Qué hacen, qué proyectan, dónde se reúnen en nuestro medio los miembros de la ‘mafia sagrada’? Nadie lo sabe. Por nuestra parte, conocimos años atrás que a una mansión campestre cercana a Quito, camino de Cunucyacu, los fines de semana ingresaban sigilosamente carros de lujo pertenecientes a miembros de la secta.

Grandes portones, arboledas y guardianes de lujo impedían la vista a los curiosos. En todo caso, el rol político del arzobispo Arregui es perfectamente conocido. Siempre se halla junto a la oligarquía porteña, al punto de haber sido el presidente del comité que recogía fondos para la erección del famoso monumento a León Febres-Cordero; de allí que no resulta raro que hoy acolite las andanzas preelectorales del banquero Guillermo Lasso, lo cual, por otra parte, tiene pleno derecho a hacerlo dentro de la democracia que vivimos.

La ocasión sirve para destacar algo trascendental, más allá del debate en que están envueltos el Gobierno y la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, a propósito de las declaraciones del Arzobispo propiciando la política de calentar las calles (puesta en juego por la derecha), y de las desafortunadas expresiones de Alexis Mera, abogado de la Presidencia, al calificar de ‘recadero de la derecha’ al prelado del Opus Dei, de modo poco original, pues fue el presidente Jaime Roldós, quien llamó a Febres-Cordero ‘insolente recadero de la oligarquía’.

Algo trascendental, decimos, y con ello queremos aludir a la necesidad de recuperar en forma clara y decidida el carácter laico del Estado ecuatoriano, que tanto sacrificio le costó a nuestro pueblo y por el cual se agotaron e inmolaron varias generaciones, encabezadas por Eloy Alfaro. Esto debe hacerse sin vacilaciones, pues el espíritu de García Moreno siempre acecha, ocultándose detrás del Corazón de Jesús para dar el zarpazo y volvernos al tiempo de las cavernas; a ese Ecuador que el Santo del Patíbulo, según Juan Montalvo, dividió en tres porciones: una destinada al encierro, otra al destierro y la tercera al entierro. Eso es lo que busca la restauración conservadora, de brazo de la restauración neoliberal, ambas representadas por el golpismo que bate sus tambores en las calles, dispuesto a cortar cabezas con la bendición de san Josemaría Escrivá de Balaguer, que pontífices anteriores a Francisco elevaron a los altares.